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Salud ordenó mejorar instalaciones

Coyoleras invierten millones para estar en regla

Actualizado el 31 de enero de 2014 a las 12:00 am

En Nambí de Nicoya, de cuatro puestos uno cerró y otro se hizo bar

Ministerio de Salud volverá a inspeccionar sitios para ver si cumplen normativa

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Coyoleras invierten millones para estar en regla

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Nicoya, Guanacaste. Quien intente comprar vino de coyol en estos días, ya no encontrará los tradicionales ranchitos de piso de tierra y techo de palma colgados a lo largo de la carretera que atraviesa el pueblo de Nambí, en Nicoya.

La llamada capital del vino de coyol se transformó cuando el Ministerio de Salud ordenó a los dueños de esos puestos poner techo de zinc y piso de cemento chorreado si querían seguir vendiendo esta bebida.

Cuatro puestos tradicionales fueron clausurados el año pasado por la oficina local de Salud, por no cumplir con las condiciones mínimas para garantizar el consumo seguro del coyol.

Solo pocos coyoleros lograron hacer la inversión para mantenerse vigentes en este mercado.

Esto explica la razón de que solo dos de los cuatro puestos clausurados sigan funcionando. Uno de ellos es la coyolera Tony.

Esta es la entrada a una de las coyoleras  más populares de Nambí. La tradición obliga a quienes pasan por la carretera que lleva a Nicoya  a detenerse  a tomar  un vaso de vino de coyol y comer  gallina achiotada.    | CINTTHYA BRAN
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Esta es la entrada a una de las coyoleras más populares de Nambí. La tradición obliga a quienes pasan por la carretera que lleva a Nicoya a detenerse a tomar un vaso de vino de coyol y comer gallina achiotada. | CINTTHYA BRAN

“Tuve que hacer un préstamo de ¢11 millones para levantar la coyolera y cumplir con todos los requisitos del Ministerio de Salud. Me retrasé un poco pues la construcción lleva su tiempo”, explicó Antonio Muñoz, el propietario.

Este comerciante hizo dos casas: en una se sirve el vino de coyol y en otra gallina achiotada.

Inversión necesaria. Aracely Rodríguez es dueña de la taberna El Coyol, conocida como la Coyolera de Chepito.

Ella lleva 35 años vendiendo esta bebida y, de momento, es la más veterana en este negocio, con el cual les ha dado el sustento y educación a sus hijos.

“Tuvimos que hacer una inversión de casi ¢2 millones para que el Ministerio de Salud no nos cierre. Se le puso cielorraso a la cocina, cerámica al piso; se hizo una rampa en el baño, se puso jabón líquido para lavar manos, y se colocó una lámpara de emergencia”, contó.

Zinnia Codero, rectora del Área de Salud de Nicoya, dijo que aunque las inspecciones de estos locales están pendientes, ha recibido información de que las coyoleras están muy bonitas, con mejor apariencia y calidad de atención.

“Dan más ganas de tomarse un vinito de coyol y comerse una gallina achiotada ya sin polvo”, dijo.

“No estamos en contra de la venta del coyol, que es una bebida tradicional, pero en ningún momento lo insalubre va con lo tradicional y, sea la actividad que sea, deben cumplir con lo mínimo que indica el reglamento y que se les pide a todos los establecimientos”, agregó la funcionaria de Salud.

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