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Cuando el pueblo se inserta en las papeletas

Actualizado el 07 de febrero de 2016 a las 12:00 am

Aunque nunca se imaginaron a sí mismos metidos en política, muchos ciudadanos hoy lucharán por dejar de ser gobernados y asumir como alcaldes las riendas de sus cantones

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Cuando el pueblo se inserta en las papeletas

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Lo dijo hace más de un siglo el ensayista escocés Robert Louis Stevenson: “La política es quizá la única profesión para la que no se considera necesaria ninguna preparación”.

Entonces, civiles que nunca se imaginaron metidos en la política de repente despiertan en un día como hoy con la esperanza de que sus aspiraciones electorales se conviertan en una realidad a través de las urnas.

Pasaron de ser ciudadanos comunes –algunos conocidos por facetas que nada tienen que ver con la política– a ser las caras sonrientes que ocupan un lugar en las papeletas y en las vallas que abarrotan cada rincón de los 81 cantones del país.

Algunos, de hecho, tienen oficios que poco tendrían que ver con la interminable tarea de arreglar los huecos de las calles, recoger la basura o de cobrar impuestos.

Sin embargo, todos ellos los comparten un mismo ideal: ser las personas idóneas para sacar adelante a sus comunidades.

Revista Dominical salió en busca de los candidatos a alcaldes con currículos que se salen del molde del político tradicional.

Computadora ambulante

Recita datos y fechas cual si fuera una enciclopedia parlante, se jacta de ser capaz de dibujar el mapa de Costa Rica (dividido en provincias, cantones y distritos) a pura de memoria; sin embargo, nunca ha entrado a Internet y no sabe ni siquiera usar un smartphone.

José Manuel Mora Fernández, mejor conocido en Santa Ana como la Computadora Humana, es un tipo bastante peculiar que aspira a la alcaldía de ese cantón.

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El apodo se lo pusieron en el 2007 los locutores Fernando Caifás López y César Chavarría luego de su participación en el programa radial La voz de Santa Ana , al que la audiencia podía llamar a hacerle preguntas sobre cualquier tema y Mora respondía con total dominio y fluidez.

La Computadora Humana no sabe de dónde aprendió tal cantidad de datos; solo recuerda que de niño no soportaba escuchar a dos personas hablando y no poder participar en la conversación, de modo que se propuso aprender sobre cuanto tema le fuera posible. A los 10 años, por ejemplo, ya había terminado de leer La Biblia .

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Consciente de las inquietudes que corrían por la mente del pequeño, su padre, un jardinero, sacrificó parte del presupuesto familiar para comprarle una suscripción a La Nación . Cada día, antes de irse a clases, leía el periódico de cabo a rabo.

Al crecer, entró a la Universidad de Costa Rica a estudiar Agronomía, pero sus intereses eran tan variados, que se metió a cursos de todo y nunca logró terminar su carrera.

“José Manuel, ¿yo nunca voy a tener el placer de verlo a usted con saco y corbata recibiendo un título?”, le cuestionaba su padre con pesar.

De todos modos, se excusa, en 1970 alguien le preguntó a José Figueres Ferrer que cuál era su título, a lo que él respondió: “Yo sé que tengo fuerza, energía, voluntad, coraje, liderazgo. No sé qué es un título, ¿para qué sirve?”.

Mora dice haber sido gerente de siete compañías exportadoras de flores y de haber creado una fortuna, la cual terminó por invertir en un mal negocio que lo dejó “en la calle”.

Transcurrieron los años y cuando quiso regresar al negocio de las flores, se encontró con un mundo en el que todo dependía de las computadoras. Irónicamente, la Computadora Humana nunca logró aprender a encender o a apagar una.

Por eso, desde hace dos décadas se dedica a realizar cualquier trabajo o reparación que alguien le solicite: desde hacer maquetas para exposiciones escolares hasta construcción de casas. “Si alguien me pide que le pinte un carro, yo me animo aunque no sepa. Ahí me voy imaginando cómo se tiene que hacer”, dice.

José Manuel, de 53 años, sueña con ser presidente de la República porque de pequeño, una señora le dijo que el Estado costarricense se inició con un Mora Fernández y que terminaría con un Mora Fernández. Sin embargo, cree, su primer paso es ser alcalde de Santa Ana.

Previo a las elecciones municipales anteriores, en el 2010, fue a la Asamblea Legislativa y dijo: “Quiero ser candidato a alcalde de Santa Ana. ¿Quién me ayuda?”. Para su sorpresa, Justo Orozco le ofreció la candidatura de su partido, Renovación Costarricense.

La gente le decía que no conseguiría ni 30 votos, pero en aquella ocasión el Tribunal Supremo de Elecciones contabilizó 392 votos a su favor (Liberación Nacional ganó con 4.287 votos).

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Ahora, Mora es candidato a alcalde y regidor de su propio partido, Alianza Cristiana Santaneña. Aunque toda su propaganda se resume en 20 pancartas que pegó en las calles del cantón, confía en que esta vez sí alcanzará la mayoría de los votos.

Tijeras para el gasto municipal

Corría de un lado a otro terminando de arreglar la casa. María Luz Sancho se había pasado la mañana en el centro de Palmares haciendo las compras del hogar y el tiempo se le había hecho corto. “Es que usted sabe que para conseguir los precios más bajos, hay que buscar bien”, se excusa, antes de comenzar la entrevista.

La candidata del Frente Amplio es quisquillosa con el manejo de los dineros. Aprendió los dotes de administradora de su madre, quien se encargaba de llevar las cuentas y pagarle a los cogedores de café que trabajaban para su padre.

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Ahora es ella quien administra el uso del presupuesto hogareño, y es también una de las regidoras que en los últimos cinco años –entró hasta el 2011 porque estaba en el tercer lugar de la papeleta por Unión Palmareña– leyeron con lupa los presupuestos de la municipalidad de Palmares.

“Cuando veo el despilfarro, pienso: ‘¿Pero para qué emplear tanto dinero en tanta cosa, si se puede hacer de esta forma o de la otra?’. Cuando se ejecuta un proyecto de millones, yo siento que no debería ser así. Como ama de casa, por el teje y maneje y mi experiencia, yo digo: ‘Es que se puede hacer de esta forma’”, dice.

María Luz es una mujer sencilla. Viene de una familia de nueve hermanos y a los 18 años tuvo que aprender el oficio de estilista para costearse sus estudios en un colegio nocturno.

“Peluquear” la hizo conocida en la comunidad de la Cocaleca de Palmares, pero también su fascinación por involucrarse en cuanto grupo de desarrollo comunal existiera. De hecho, recuerda haber empezado a participar en esas asociaciones desde los 12 años, porque su padre le decía que era una obligación devolverle algo a la vida.

A los 45 años, cuando por fin sintió que ya sus hijos se habían criado, dejó las tijeras y los tintes para cumplir su sueño de estudiar Psicología.

Siempre estuvo consciente de que cursar la carrera sería más un asunto de realización personal que laboral, pues a su edad (ahora tiene 51 años) ninguna institución le daría trabajo.

Hace unos cuantos meses, cuando estaba por matricular la licenciatura, el Frente Amplio le propuso asumir la candidatura a la alcaldía. La respuesta, en aquel entonces, fue un rotundo “no”.

“No es fácil ser ama de casa, ser estudiante y ser regidora. Y es que estoy en la asociación de desarrollo integral de la comunidad, integrante de la junta de salud, representante a las fuerzas vivas del cantón por parte de la municipalidad, estoy en la comisión de accesibilidad, estoy en la junta de educación...”, comenta.

Tras buscar otros aspirantes, la oferta volvió a tocar a su puerta. Esta vez, se dio cuenta de que la oportunidad la estaba buscando a ella y no al revés, y terminó por aceptarla.

No se arrepiente de la decisión, pues la candidatura le ha regalado experiencias como participar en debates y aparecer en la televisión.

Sin embargo, ella confía en que la “imagen de peleona” que se ha forjado a través de los años le ayude a recaudar votos.

Según dice, el logro que le ha otorgado mayor satisfacción como regidora fue el de haberse traído abajo el sistema de parquímetros del cantón. En esa ocasión, Sancho se puso del lado de la Cámara de Comercio, que reclamaba una afectación a los locales comerciales por la medida implantada por la municipalidad palmareña.

“Parquímetros me ayudó a darme a conocer”, recuerda con sumo orgullo.

Pese a que ya acumula algo de experiencia en la gestión municipal, María Luz relaciona más su labor de ama de casa con la responsabilidad que asumiría si este 7 de febrero se viera favorecida por el voto palmareño.

“Manejar un hogar es una miniempresa, y es una de las más difíciles de llevar, creo yo”, sostiene Sancho. “La dimensión (del puesto) a mí no me asusta. Para eso se trabaja en forma mancomunada”.

De las tarimas a las papeletas

Rogelio Tipí Royes le puso sabor a muchas de las campañas presidenciales en el pasado: Luis Alberto Monge, Rafael Ángel Calderón , Miguel Ángel Rodríguez, Óscar Arias, Otto Guevara y un par de conciertos para la de Abel Pacheco.

La política era una buena oportunidad para artistas como él, cuyas presentaciones eran una apuesta segura para llenar las plazas públicas.

Sin embargo, en aquellos tiempos en los que empuñaba el micrófono para hacer campaña para otros, nunca imaginó que en un día como este, sería su cara la que viniera impresa en las papeletas.

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En medio de fuegos electorales y entre dimes y diretes, muchas veces le preguntaron que por qué no se lanzaba como diputado e incluso embajador para Jamaica o el Caribe, pero nunca tomó en serio las propuestas.

“Una vez, un amigo mío de infancia y exalcalde de Limón, Eduardo Barboza, me dijo que por qué no me tiraba yo para diputado. Sí fui a recoger el formulario, no voy a decir con qué partido, pero nunca lo llené. Todavía lo tengo en la casa”.

Lo cierto es que dejó que pasaran los días y nunca se animó a presentarse como aspirante.

Fue el exacandidato presidencial y presidente del Movimiento Libertario, Otto Guevara, quien finalmente logró hacer que Tipí cambiara de parecer.

Comenzó a referirse a él como “señor alcalde” y lo convenció de tomar la candidatura como una oportunidad para ayudar a Tibás, el cantón que lo recibió hace poco más de 40 años.

Llegó de Limón en tren en busca de oportunidades para estudiar, pero las vueltas de la vida hicieron que su nombre quedara inconfundiblemente unido al de Marfil.

Recuerda haber llegado “con una mano adelante y una atrás”, tan solo con un pantalón, un par de camisas y un zapato en el equipaje.

Los primeros años transcurrieron en la casa de la familia del guitarrista de Mafil, Isidor Asch, en Linda Vista de Tibás.

“Un día tuvimos que ir a Turrialba a traer comida, porque no teníamos qué comer. Como yo pasé todo eso, es que estoy interesado en ayudar a las madres solteras y a la gente que más necesita”, rememora.

Por eso, a sus 61 años se animó a adentrarse en la política y, a diferencia de todas las campañas en las que alguna vez participó, su talento musical quedó en segundo plano. Los parlantes ya no resonaron con ritmo caribeño.

“No quise aprovecharme de eso; preferí más bien hacerlo como Tipí”.

Mariachi de oficio, no de partido

Cuando tenía ocho años, un profesor de música de la escuela Antonio José de Sucre le despertó la preocupación. Aquel maestro, cuyo nombre ya olvidó, lanzó una pregunta al aire: “¿Qué pasaría si mañana suben los impuestos?”.

Aquellos niños, que ni siquiera sabían qué significaban los impuestos, se quedaron en completo silencio.

“Si suben los impuestos, muy probablemente, sus papás no van a tener plata para comprar la comida, y si n tienen plata para comprar la comida, no van a poder darles de comer a ustedes”, prosiguió el profesor.

Eder Anchieta se quedó pasmado, pero al mismo tiempo, algo dentro de él se despertó y ahora lo tiene a flor de piel.

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Aunque en las pasadas elecciones presidenciales se ofreció como fiscal de mesa para el partido Frente Amplio, era de los que arrugaban la cara cuando alguien los invitaba a una reunión con fines proselitistas.

También frunció el gesto aquella noche de lunes, cuando un amigo suyo le pidió que lo acompañara a un mitin del partido Nueva Generación, sin saber que tres meses después los miembros de esa agrupación le propondrían lanzarse como candidato a alcalde de Goicoechea.

“Sería un sueño, pero de dónde tela si no hay arañas? Para eso se necesita plata”, recuerda haber respondido.

La decisión no fue sencilla. Aunque es abogado especialista en contencioso administrativo, sobre Anchieta pesaba más la herencia de charro.

“¿Qué iba a decir la gente cuando supiera que el aspirante a la alcaldía de Goicoechea era un simple mariachi?”, se cuestionaba.

En su barrio, de hecho, es conocido por el oficio que corre por las venas de su familia. En Purral es más fácil ubicar a Eder al preguntar por la casa de los mariachis que por su propio nombre.

Su padre, un salvadoreño, heredó el talento a sus cuatro hijos, quienes hoy conforman el Mariachi Monterrey. Desde hace nueve años, Eder toca la bijuela y rara vez canta, pues aún se considera muy retraído.

No obstante, a sus 29 años la candidatura lo obligó a dejar de lado la timidez para participar en debates y tomarse fotos para las vallas.

De miércoles a domingo, entre las 7 p. m. y las 2 a. m., Eder y su familia recorren las calles en busca de algún enamorado que quiera sorprender con una serenata.

Así aprendió a ganarse la vida y, aunque ahora su oficio se convirtió en una pasión, reconoce que los horarios serían incompatibles con la responsabilidad que tendría que asumir en caso de resultar electo.

“Me gustaría llegar, siendo alcalde, a tocar un par de serenatas”, dice con un dejo de nostalgia.

Un pirata a la conquista de Tarrazú

Se gana la vida recorriendo los parajes de San Marcos de Tarrazú en su Hyundai Elantra noventero. Carlos Luis Kai Brenes lo admite sin tapujos: es taxista pirata desde hace 25 años.

Justamente, su oficio ha sido su mejor estrategia proselitista. A cuanto cliente se monta en su carro, le cuenta sobre sus aspiraciones de ser electo como alcalde del Movimiento Libertario.

Sin embargo, ese también su talón de aquiles en la política. Se dedica a una actividad ilegal y se ha sentido atacado por ello. “Una parte de la población discrimina al taxista informal. No es bien visto”, explica.

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Desde hace seis años, Kai se convirtió en el líder del gremio de piratas de la zona, conformado por unos 70 choferes. En el cantón, asegura, hay apenas 18 taxis rojos y ni un solo porteador.

“El transporte informal en San Marcos de Tarrazú es una necesidad”, asevera. Por eso, cree en la urgencia de liberar el transporte para que se regule solo, un ideal que su partido acuerpa también.

Brenes se metió en política luego de que en la campaña electoral pasada el Movimiento Libertario lo reclutara como coordinador de transportes de la región.

Aunque llegó hasta primer año de colegio y no es asegurado, dice estar muy consciente de los problemas que aquejan a la zona de Los Santos, sobre todo en cuanto a la falta de empleos que provoca que muchos migren al Valle Central en busca de sustento.

Fue por eso que aceptó la responsabilidad, pese a que el proselitismo nunca fue lo suyo. “No me gusta la política. Es corrupta, es cruel y es ingrata. No estoy de acuerdo con la política que tenemos. Me defino más como un trabajador preocupado por el pueblo, que como un político”, admite.

En caso de ser electo como alcalde, confía en hallar la forma de solucionar la situación laboral de sus colegas bajo alguna otra figura, como una cooperativa de rent a car con chofer.

“No es que uno quiera ser alcalde para salvar la zona. Yo no soy mago para sacar trabajos de un sombrero. Yo no engaño a la gente. No le estoy prometiendo nada a San Marcos de Tarrazú en este momento. Si llego a ser alcalde, trataré por todos los medios de solucionar los problemas de la zona en seguridad, salud, empleo, juventud y adulto mayor”, comenta.

Para esta contienda, su hijo Carlos Javier Brenes –también pirata– está postulado como síndico. Kai, por su parte, también está en la papeleta de regidores.

En caso de llegar a la alcaldía, asegura que dejaría el transporte informal, pero no así en caso de resultar electo solo como regidor.

Aunque lo mueve la ilusión de por fin tener un trabajo estable a sus 50 años, es realista y sabe que hoy se enfrentará en las urnas a abogados y experimentados funcionarios municipales.

“El único piso ‘e tierra soy yo, que no cuento ni con casa propia. Estoy luchando contra gente grande, pero no me siento intimidado. Me siento capaz de desempeñarme como alcalde”, sostiene.

La reina que se quitó los tacones

Yelgi Lavinia Verley era una de las tantas ciudadanas desilusionadas de la política. Creció al lado de una activista en Siquirres, pero algunas malas experiencias de su madre hicieron que nunca se imaginara a sí misma aspirando a un puesto de elección popular.

“Yo tenía el concepto de que el político siempre es un corrupto”, admite.

Sin embargo, hoy tiene seis años al frente de la municipalidad de Siquirres y su rostro aparece de nuevo en la papeleta municipal, solo que ya no en la fórmula de Partido Accesibilidad Sin Exclusión (PASE), sino en la de su propio grupo: el Auténtico Siquirreño.

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Desde que se convirtió en alcaldesa, Verley usa jeans y botas a diario, pues necesita estar preparada para recorrer los caminos vecinales de las húmedas tierras que alojan las plantaciones bananeras.

Sin embargo, en el álbum de fotos que conserva en su casa vive una Yelgi diferente: una que solía usar tacones, vestidos largos y una corona sobre la cabeza.

A los concursos de belleza, al igual que a la política, llegó por influencia de su madre. Desde niña le gustaba cantar, recitar, modelar, bailar con la enagua de campesina en los actos cívicos de la escuela. Así que cuando cumplió los 19 años, fue ella quien la animó a inscribirse en el reinado de los Carnavales de Limón.

En 1987, Yelgi se convirtió en noticia en su localidad. “Fue como romper un paradigma porque nunca había participado una muchachilla de un pueblillo de la provincia. Siempre eran muchachas de Limón centro”, asegura.

Recuerda que por eso era siempre la última a la que presentaban y parecía no tener muchas posibilidades de ganar. No obstante, el nerviosismo de la concursante favorita provocó que esta tartamudeara en sus respuestas ante el público, pero Yelgi –quien siempre había sido extrovertida– contestó con fluidez.

Luego de una deliberación que se tomó más de lo acostumbrado, el jurado coronó a Yelgi como la reina de los carnavales.

A su regreso a Siquirres, una caravana la llevó a recorrer todas las calles del pueblo, saludando a los vecinos que salían de las casas para felicitarla.

Verley pronto se marchó a estudiar a San José y en 1992, con la ilusión de hacer amigas en la capital y volver a romper paradigmas, decidió postularse para ser la reina de los festejos populares de Zapote. “Yo nunca había visto a una negra en Ticalinda y dije: ‘¿Por qué no?’”, explica.

En esa ocasión, fue elegida como Miss Simpatía y como primera dama. La ilusión de recorrer las pasarelas en los concursos de belleza nunca más volvió a florecer, quizá porque iba muy avanzada en la carrera de Relaciones Internacionales y sus intereses ya eran distintos.

De hecho, haber tenido que migrar para estudiar y la falta de oportunidades laborales hicieron que en el 2010 tomara la decisión de lanzarse como candidata a alcaldesa; sentía que era el momento de hacer algo por su cantón.

Hoy, con 47 años, sigue convencida que la corrupción se ha apoderado de la forma en que se mueve el país, pero cree también que es posible detenerla. También se ha percatado de que la apatía política no es la solución y es por eso que este domingo luchará por reelegirse en el puesto. Luego, es posible que siga su sueño de ser diputada y de algún día aspirar a la presidencia de la República.

“Me di cuenta de que sin la política hay muchas cosas que no se pueden lograr si uno quiere trabajar por una comunidad. Desde Miss Siquirres nunca vas a hacer nada”.

Política con pasión oriental

Los retratos en las paredes de su casa en Alajuelita cuentan una historia narrada al estilo del kung-fu.

En su juventud, el ahora aspirante a alcalde, Alfonso Yu, era protagonista de películas en Taiwán, la tierra que lo vio nacer.

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A sus 15 años, comenzó a aprender el arte del karate, pero a sus 20 años fue reclutado por el ejército. En las filas militares se especializó en taekwondo, pues las patadas eran más útiles que los puños para los combates.

Ahí alcanzó el cinturón negro cuarto dan que le procuró la victoria en dos campeonatos de taekwondo, en 1979 y en 1980.

Sin tener experiencia en la actuación, fue llamado a participar en los filmes de kung-fu que se habían hecho tan populares en esa época. Buscaban a un actor que pudiera combinar los puñetazos y las patadas, al mejor estilo de Bruce Lee

A los 24 años, Yu estelarizó The Legend of Chu Liu Hsiang , y luego vinieron otras cinco películas, cuyos títulos no recuerda.

En 1982, el actor se desprendió de sus raíces para venir a buscar a su hermano, quien había migrado hacia un país más tranquilo.

Un año después, Yu se hizo famoso luego de una demostración de artes marciales en canal 7 y sus vecinos en Palmar Norte lo convencieron de abrir una academia. Ahí entrenó a varios de los miembros de la guardia civil, quienes sentían inquietud por las técnicas de combate orientales.

Poco a poco, el kung-fu fue quedando atrás y Yu se dedicó al comercio. Durante varios años financió las actividades del Partido Liberación Nacional, con el que viajó en el 2007 a la ciudad china de Pizhou, para la firma de un convenio de cooperación con Alajuelita.

Yu esperaba que la inversión internacional diera nuevos aires al cantón tico, pero asegura que el acuerdo no tuvo los resultados esperados. Sin embargo, de cuando en cuando recibe una llamada de China y fue así como le surgió la idea de lanzarse como alcalde.

El taiwanés, de 59 años, se separó de la agrupación verdiblanca y ahora aparece en la papeleta de Renovación Costarricense. “Lo que me interesa es luchar por el cantón, no importa si no es con Liberación”, afirma, con un español no muy pulido.

Yu –quien funge como representante de Costa Rica en la Cámara de Comercio Taiwanesa en Lationamérica y quien al mismo tiempo mantiene buenas relaciones con las asociaciones chinas– confía en concretar la creación de una zona franca en Alajuelita en caso de resultar electo como alcalde.

Día a día, Yu se guía con una de las máximas que le inculcaron sus ancestros: “Si usted hoy abrió una puerta o un camino, que no sea solo para usted”.

Quizá el lunes, cuando Yu y los demás candidatos despierten, el esfuerzo de hacer campaña habrá valido la pena o si no, al menos la experiencia de verse a sí mismos en una papeleta recompensará sus buenas intenciones.

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Gloriana Corrales

gloriana.corrales@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista en la Revista Dominical de La Nación. Es graduada de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la UCR. 

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