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‘El doctor Hernández’: el candidato que no pudo ser

Actualizado el 04 de octubre de 2013 a las 12:00 am

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‘El doctor Hernández’: el candidato que no pudo ser

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Rodolfo Hernández anoche, horas después de renunciar a su campaña electoral.  | MAYELA LÓPEZ.
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Rodolfo Hernández anoche, horas después de renunciar a su campaña electoral. | MAYELA LÓPEZ.

Ocho meses antes de renunciar como candidato del Partido Unidad Social Cristiana (PUSC), Rodolfo Hernández Gómez era solo el director del hospital infantil. Vestía una gabacha blanca a la que se quiso aferrar para competir en los barriales de la política electoral.

El calderonismo vio en febrero la posibilidad de reivindicar la figura del político que cura a un país enfermo e incluso a un partido débil y con heridas.

Recibió cuestionamientos internos sobre su activismo como militante del PUSC. Le reprocharon no pertenecer al seno del Partido, no haber derramado nunca ni una gota de esa sangre rojiazul que decía tener.

Pero el calderonismo lo concibió como precandidato y en mayo ganó la convención con el 77% de los votos 150.000 socialcristianos que participaron, según ellos.

Era la ilusión de un partido que fue grande hasta hace 10 años y que intenta renacer. El expresidente Rafael Ángel Calderón lo consideró un candidato “muy fuerte contra Liberación” .

Las encuestas revelaron que los primeros meses de esta ilusión no fueron tan malos. Hernández no parecía amenazar al oficialista Johnny Araya, pero lograba ubicarse a media tabla, por encima de otros con más kilometraje político y aún la campaña sin empezar. Nadie imaginaba lo que faltaba.

La criatura. Hasta setiembre, el 28% de los electores tenía noticia de esta criatura política. Lo reconocían sobre todo por haber sido director del Hospital Nacional de Niños, adonde regresará pronto.

La candidatura tenía forma. Sin hablar demasiado en medios y sin presentarse en un solo debate, el apodo de “el doctor” parecía ser eficaz para ejercer como el personaje bueno, la gabacha blanca de una campaña electoral en la que reina el desinterés y el resentimiento.

La cantidad de comparaciones entre política y medicina era infinita y a ello recurrieron hasta lograr colocarlo en la vitrina electoral.

Se trataba del hombre que planteó con todo candor recibir salario como candidato, el que en un reportaje respondía “no he leído ese proyecto” y que se declara “ adicto a la familia”.

Cuando hablaba, este pediatra se refería a los pobres, a los ancianos y, obvio, a los niños. Lo social era eje de su discurso y tenía de logo un corazón que ya palpitaba.

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Todo parecía tan bonito, pero algo no andaba bien. El comando de campaña se dividió por diferencias sobre estrategias que, en realidad, arrastraban ya desde semanas atrás. La lucha interna también palpitaba y el financiamiento no estaba claro.

Así llegó este martes 2 de octubre, día del inicio oficial de la campaña, a cuatro meses de las elecciones. En el acto formal, en el Tribunal de Elecciones, sin embargo, faltaba alguien. Faltaba él.

Se ausentó con el argumento increíble de que a esa hora estaba practicando cómo hablar a los periodistas. O sea, el candidato se estaba formando aún, a 15 días de la fecha límite para inscribirse.

Alguien se preguntaba si la candidatura construida de Hernández alcanzaría a nacer y los rumores eran ciertos.

Este miércoles hizo circular su carta de renuncia a la candidatura que nunca llegó a inscribir. Descubrió que en la política hay traiciones, que en el PUSC hay “Caínes” y que él se siente “Abel”.

El proyecto se abortó antes de cumplir los 9 meses. Murió con una carta repleta de metáforas y de denuncias; no parece haber sido escrita en tres minutos.

Hoy, a cuatro meses de las elecciones, el PUSC está sin candidato, igual que como estaba hace cuatro años cuando Rafael Ángel Calderón desistió empujado por una condena de cinco años por peculado (caso CCSS-Fischel).

En ese momento surgió como aspirante Luis Fishman con el lema de “menos malo”, pero solo alcanzó a ser diputado. Ahora, por cierto, apoya a Johnny Araya.

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