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No hay consenso para nueva Carta Magna

...y susurros de Constituyente

Actualizado el 14 de mayo de 1995 a las 12:01 am

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Es casi tan viejo como la misma Constitución Política. Más de 30 calendarios ha consumido el debate nacional sobre la conveniencia de convocar a una Asamblea Constituyente que elabore una nueva Carta Magna.

Ahora el tema ha vuelto nuevamente a la palestra, esta vez impulsado por la afirmación del presidente José María Figueres de que el país se ha tornado ingobernable y por sus recientes citas privadas y públicas con su antecesor, Rafael Angel Calderón.

Hay quienes aseguran que el de la Constituyente fue uno de los temas de discusión no revelado en los recientes encuentros entre los hijos de los dos grandes caudillos costarricenses del último medio siglo, aunque allegados a ambos han rechazado tajantemente esa versión. Al margen de ello, lo cierto es que los partidos políticos no logran conciliar posiciones en torno a este tópico y menos aún los expertos de la rama constitucional.

Pero si de cambios polémicos se trata, también ha saltado a la arena política el tema de la reelección presidencial. Una comisión legislativa especial discute actualmente un proyecto de ley que propone revalidar esa reelección, ante el cual dos de los seis exmandatarios costarricenses ya expresaron su rotunda oposición.

Camino empedrado

Más de cuatro decenios bajo la tutela de la misma Constitución Política han alimentado la discusión sobre la necesidad de adaptar nuestra Ley Fundamental a los tiempos actuales.

"Pretender únicamente reformar la Constitución sin la transformación total que implica la convocatoria a una Asamblea Constituyente es como intentar convertir a una señora de 75 años en una joven de 15 a punta de cirugía plástica", explicó el exdiputado socialcristiano Oscar Aguilar Bulgarelli, quien ha escrito ampliamente sobre el tema en libros y periódicos.

No todos piensan de esa manera. Fernando Volio, abogado constitucionalista y exlegislador liberacionista, aseguró que una nueva Constitución "no hace falta del todo; no todo se arregla en virtud de reformas constitucionales. Las instituciones pueden gobernarse si se hacen algunos ajustes y si hay voluntad para hacerlo".

En lo que sí convergen diversos historiadores y constitucionalistas es en que la Carta Magna vigente, que data de 1949, posee un fuerte carácter reglamentista que limita en gran medida el accionar del Poder Ejecutivo y atrofia parcialmente el normal desempeño del Congreso.

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Precisamente hace dos semanas, Figueres expuso en su discurso de informe de labores al Parlamento que el sistema legal imperante en el país y la estructura de sus instituciones presenta características que lo colocaban en una situación de ingobernabilidad.

Aunque jerarcas oficialistas han descartado que el tema de la Constituyente haya sido uno de los discutidos por Calderón y Figueres, en ese bando hay muestras claras que revelan un buena cuota de apoyo a esa opción.

Hace un año, cuando la incipiente administración Figueres hacía sus primeras armas, el vicepresidente Rodrigo Oreamuno afirmó que el Gobierno propiciaría en el mediano plazo un debate sobre esta cuestión, y hace dos días el jefe de los diputados verdiblancos, Luis Gerardo Villanueva, estimó prudente entrar a considerarlo.

Es en la oposición socialcristiana donde el panorama no resulta muy alentador al plan. Bernal Aragón, contraparte de Villanueva en el PUSC, insistió en que el problema de ingobernabilidad surgió como resultado de las actuaciones del Poder Ejecutivo y solo se mostró favorable a reformas parciales a la Constitución Política.

Más detalles

La convocatoria a una Asamblea Nacional Constituyente debe pasar primero por la aprobación de un proyecto de ley con ese objetivo respaldado por dos tercios (38) en la Asamblea Legislativa, por lo que el consenso entre el PLN y el PUSC se tornaría indispensable para dar ese paso.

Aguilar Bulgarelli detalló que la elaboración de una nueva constitución debería contemplar, entre otros puntos, la concreción de una democracia más participativa, el replanteamiento de la estructura del Estado, la renovación del sistema electoral y la ampliación de las posibilidades educativas.

Pero, a juzgar por la escasa unión de criterios que esta vez existe al respecto, tal parece que la idea de convocar a una Asamblea Constituyente correrá esta vez la misma suerte que en similares intentos en 1968, 1973, 1976, 1978, 1981, 1985, 1986 y 1989: su aplazamiento indefinido.

Quizás por temor, tal vez por falta de acuerdo, los diputados más bien parecen asimilar -mientras tanto- en la práctica la tesis de reformas parciales a la Constitución; ello se palpa claramente en la amplia reforma al sistema electoral que se gesta en estos días, con la venia de impulsores y detractores de la Constituyente.

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Sendas opuestas

Diversos dirigentes políticos y estudiosos constitucionalistas no logran ponerse de acuerdo sobre la posibilidad de convocar a una asamblea constituyente y sobre una reforma constitucional para introducir la reelección presidencial.

Luis Gerardo Villanueva, jefe de fracción del PLN"En el mediano plazo sería prudente convocar a una asamblea constituyente. Se hace necesaria una reforma total que replantee la concepción del Estado. Creo que lo de la reelección presidencial por ahora no tiene ambiente."

Bernal Aragón, jefe de fracción del PUSC"No creo que sea conveniente una constituyente en este momento luego que el país ha pasado por el estrés de un año de ingobernabilidad. Esto crearía un clima de incertidumbre. Pienso que la reelección presidencial limitaría la posibilidad de mayor participación democrática."

Gerardo Trejos, jefe de fracción de Fuerza Democrática"Personalmente pienso que a como están Liberación y Unidad en este momento, con una convocatoria a asamblea constituyente terminarían suprimiendo las garantías sociales y el país no puede correrse ese riesgo. Sobre la reelección presidencial debo decir que las segundas partes han sido muy malas en política, en libros y en el cine; solo algunas veces en el matrimonio."

Oscar Aguilar Bulgarelli, abogado y exdiputado"La actual Constitución es muy reglamentista, y las reformas parciales siempre toman muchos años. Lo más saludable sería convocar a una constituyente para imprimirle mayor agilidad a nuestras instituciones. Aprobar la reelección presidencial sería la aberración más grande."

Fernando Volio, abogado y exdiputado"Una constituyente no es oportuna. El país está confuso y no hay claridad sobre cuáles serían los valores que se defenderían en la nueva constitución. Estoy de acuerdo en reabrir el debate sobre el tema de la reelección presidencial."

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