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desilusión cunde en bulevar josefino Seis meses después de inaugurado

Ni tan barrio ni tan chino

Actualizado el 01 de junio de 2013 a las 12:00 am

Falta de visitantes golpea negocios en el barrio chino, pese a expectativas

Propietarios chinos han preferido alquilar o vender sus locales a otros emprendedores

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Cuentan los vecinos que había un restaurante chino donde servían un cantonés tan grande que casi nadie podía levantarse de la mesa sin dejar un resto.

Al dueño del restaurante le decían Lafa (se llama Rafael en castellano) y era referencial para los vecinos del entonces paseo de los Estudiantes, a los largo de la calle 9 en el centro de San José.

El restaurante de Lafa quedaba en la esquina con avenida 10, en la zona bautizada barrio chino hace seis meses. Ahora en ese punto están por inaugurar una tienda. Lo propietarios son palestinos esperanzados en que pronto haya paradas de buses cercanas que traigan más transeúntes en este bulevar.

Tampoco está ya el bazar Nimbao, donde acaban de abrir una tienda de artículos para el hogar que también pertenece a comerciantes árabes. “Eran mis vecinos de al lado, pero prefirieron alquilar el local”, dijo Verónica Montero.

Otros comercios chinos llegaron entusiasmados por las expectativas salidas de la Municipalidad de San José, cuando anunciaron el barrio chino como gancho turístico en la capital. Pero ahora, seis meses después, los resultados son muy distintos. El barrio chino es menos barrio y menos chino que cuando el alcalde Johnny Araya presentó el proyecto, hace casi dos años.

“La comunidad china se está yendo a otros lugares porque no sirve lo comercial. Al irse los chinos, se están yendo los elementos chinos de este supuesto barrio chino. En realidad, esto debería seguir siendo llamado ‘paseo de los Estudiantes’”, dijo Michael Cen, coordinador de Proyectos Culturales del Centro Cultural Costarricense-Chino y miembro de una familia que está construyendo un edificio en esta zona, pero para venderlo.

Otros no se han ido, pero lo piensan. Es el caso de la familia de Lili Fu, que abrió puertas de su tienda hace dos meses. “Está malo. Si todo sigue así, a fin de año cerramos”, dijo tras interrumpir los videos que veía en su celular, detrás del mostrador de la tienda sin clientes.

Cuatro locales hacia el norte está el restaurante y karaoke Rosita, cuyo dueño, Mario Ng, dice resistirse a la idea de cerrar, aunque dificultades no faltan. Sabe que cada vez hay menos chinos (cerca del 15% de la total de los comercios a ambos lados del bulevar, según un conteo de este medio).

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“Pueden hacer bulevar y poner lámparas, pero no pasan personas ni carros. No vendemos como antes”, dijo Ng el martes al mediodía, sin un solo cliente en sus mesas.

Ng comparte pared con una vecina no china que se llama Isabel Araya, dueña de dos locales que podrían quedar vacantes pronto. En uno hay un negocio de comidas colombianas (moroso) y en otro hay un café de estilo francés de un sobrino que ya le anunció el cierre.

“Es como si hubiera pasado un tornado por esta zona”, resume Araya, quien con otros vecinos y comerciantes intenta organizarse para convencer al Ministerio de Obras Públicas y Transportes de volver a colocar paradas de buses.

Aumentar la cifra de transeúntes es la intención, porque turistas apenas llegan. “Ven el arco (avenida segunda), se toman la foto y se van. No hay nada más que ver. Faltan atractivos y seguridad; por la noche esto es muy oscuro”, dijo Michael Cen, que también es miembro del comité para reactivar el barrio. Su familia tiene dos edificios. Uno de ellos no para de mutar entre inquilinos que prueban y se van. El otro está aún en construcción; invirtieron $800.000 pensando en alquilar locales, pero ahora pretenden acabarlo para venderlo.

El edificio está cerca de una pequeña área comercial donde también hay un monumento a Carlos Gardel, una estatua sentada de John Lennon y un busto del prócer uruguayo José Gervasio Artigas.

Y al frente de todo, la iglesia de la Soledad, en medio de la oficina de Ticabús y la farmacia Sucre, en un edifico histórico que comparte con el negocio de una catalana que vende bolsos e imágenes religiosas, casi todo de fabricación china.

“Si yo pudiera, devolvería el tiempo dos años. Ahora, la poca gente que pasa, lo hace lejos del negocio, por mitad de la calle, ya no por la acera”, dijo la dueña de ese negocio, Hortensia Socada.

Ahí cerca estaba el turista Scott Petersen este martes y al ser cuestionado, dijo que la idea de un barrio chino es buena. Estaba en la parte menos pasiva del barrio chino; pero, al final preguntó dónde estaba la parte más china de esta zona. Salvo las lámparas callejeras que poco alumbran y esporádicos rótulos en chino, las señales chinas son pocas. Se suman el arco en la avenida segunda y dos leones colocados este martes, además de la estatua del filósofo Confucio, 500 metros hacia el sur. Hay en el bulevar algunas bancas, pero son pocas y podrían ser de cualquier país.

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El Centro Cultural Educativo Costarricense-Chino, ya no recibe alumnos. Poca gente llega a este punto, dijo Michael Cen. Ahora las aulas son, en realidad, oficinas para coordinar clases que van a dar “a domicilio” a colegios o escuelas.

El centro cultural está en la misma cuadra que un Palí, el minisúper de un mexicano y una tienda de árabes. Al frente hay una carnicería que nunca ha abierto y la venta de repuestos Wicho cerrada y con un rótulo de “nos trasladamos”.

Nada de esto se ve fácil desde el arco chino; el de la avenida segunda, porque el del sur no lo han puesto. El presidente Xi Jinping estará unos minutos ahí este lunes.

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