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Añeja competencia por pasajeros en las calles

Taxistas con piratas: una pelea diaria y silenciosa

Actualizado el 19 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Taxistas con piratas: una pelea diaria y silenciosa

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Una pelea diaria y silenciosa

“Yo estaba a punto de montarme al taxi cuando el otro señor llegó a reclamarle que le estaba quitando clientes. Se pusieron a gritarse entre ellos y uno le metió el brazo por la ventana para darle manotazos. El otro se bajó para írsele encima y yo preferí irme”.

Así cuenta Sergio, un cliente frecuente de taxistas, lo que le pasó el pasado lunes en la fila mixta de plaza Rohrmoser, donde quiso pedir el servicio a un chofer formal, aunque el turno de salida le tocaba a un pirata. No sabían que la carrera era de poco más de ¢1.000.

Esta escena es solo la expresión excepcional de una lucha diaria de los taxistas rojos contra el resto de colores, o viceversa. Con menos estridencia, cada jornada compiten con armas propias por la clientela. Los formales dicen ser más seguros y los informales, más baratos y dispuestos a cualquier viaje corto.

La lucha directa la dan más los dirigentes en foros públicos, en medios de prensa o en cada jornada de protesta. Las últimas manifestaciones ocurrieron en abril y después de eso la situación ha mejorado para los 13.500 taxis con placa que hay en el país, según uno de sus dirigentes, Gilberth Ureña.

Se refiere, sobre todo, al trabajo de ocho brigadas de la Policía de Tránsito encargadas de perseguir a los taxistas piratas, esos conductores que transportan gente sin tener placa formal ni permiso que los acredite como “servicio especial estable”, categoría que abarca a unos 4.000 vehículos.

Estos últimos tienen prohibido “ruletear”, como llaman a circular por las calles en busca de pasajeros. Esta regla, sin embargo, suelen incumplirla, como reconoció el dirigente German Lobo.

“Se nos tiran encima y se nos meten desesperados para que los llevemos”, dijo Lobo con el argumento de que pocos taxis formales quieren hacer viajes cortos o circular por los barrios, con el pretexto de la inseguridad.

El director de la Policía de Tránsito, Germán Marín, aseguró que son excepcionales los casos en que se torna violenta la lucha por los clientes. “En las carreteras conviven con tranquilidad en general, pero hay que tener claro que mucho depende de los clientes. Son estos los que, al final, tienen más poder que nadie, porque se sabe que sin demanda no hay oferta”, dijo.

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El conflicto de taxistas formales y otras modalidades lleva más de 15 años, en medio de un vaivén legal, decenas de protestas y la lucha latente en las calles.

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