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ajetreado día tuvo ayer el mandatario

Solís sufrió primeras carreras y disgustos de ser el presidente

Actualizado el 09 de mayo de 2014 a las 12:00 am

Una apretada agenda obligó al mandatario a correr desde muy temprano

Afrontó la persecución de los medios, que causaron desorden varias veces

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Solís sufrió primeras carreras y disgustos de ser el presidente

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Alberto Calvo llevó a su nieto, Dylan Castro, a que conociera a su excompañero de escuela, horas antes de que Luis Guillermo Solís asumiera la presidencia del país. | MARCELA BERTOZZI.

En su primer día como presidente, Luis Guillermo Solís conoció las carreras y los disgustos propios de su cargo, por lo apretado de su agenda y las disputas de los medios de comunicación por obtener su última y mejor declaración.

La vida ahora sí le cambió a Solís, quien apenas amaneció, ya tenía exigencias de la prensa para salir a dar sus primeras manifestaciones para un titular, una imagen o una historia que contar.

La vorágine acompañó a Solís desde que se acercó al portón del residencial donde vive, en barrio Escalante, Montes de Oca.

Con una camisa de cuadros azules y un pantalón de mezclilla, respondió sobre su primer decreto, sobre el código de ética que hizo firmar a los miembros de su gabinete y hasta sobre su desayuno.

“Huevos rancheros”, respondió a esto último. Y se volvió para vestirse y afrontar el primer día de su vida como jefe de Estado.

Solís tuvo que lidiar, además, con quienes le pedían, a cada paso, selfies (autofotos) y los que le querían recordarle que fue elegido por su promesa de cambiar la administración del país.

Una promesa. Recorrer la pasarela presidencial, dar su primer discurso como mandatario y tomarse la foto oficial con otros colegas, son actividades que se pueden olvidar en unas semanas.

Luis Guillermo Solís antes de ser presidente (Kenneth Barrantes)

Pero la promesa que Luis Guillermo Solís hizo al costado norte del parque Central, luego de recibir la banda presidencial y cuando iba en ruta al almuerzo con las delegaciones internacionales, seguramente la recordará.

Ahí Solís fue cercado por varias decenas de ciudadanos, que casi le exigieron hacer un buen gobierno.

Ante la premura que lo obligó a correr y frenar una y otra vez, el presidente les dijo: “Prometo que volveré a celebrar con ustedes aquí, en este parque”.

El desencuentro con la prensa llegó en la Antigua Aduana, donde Solís llegó para almorzar con las delegaciones extranjeras. Ahí, las cámaras de los medios le impidieron ver el espectáculo de bailes típicos, que niños de varias escuelas le tenían preparado.

“Háganse para atrás, déjenme ver a los niños”, dijo, pero las cámaras no cedieron. Buscaron su declaración más reciente y la imagen más cercana del nuevo presidente.

Más temprano, cuando aún no recibía el mando, sucedió igual al reunirse con el grupo de ciclismo denominado Chepecletas, quienes lo recibieron frente a la estatua de León Cortés, en La Sabana. Otra vez hubo desorden y molote.

Pero eso es solo una muestra de la vida de un presidente en Costa Rica.

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Aarón Sequeira

aaron.sequeira@nacion.com

Periodista de Política

Periodista encargado de la cobertura legislativa en la sección de Política. Bachiller en Filología Clásica de la Universidad de Costa Rica. Investiga y escribe sobre negociaciones políticas, pactos partidarios y proyectos de ley de impacto nacional.

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