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Oportunistas y coyotes hacen negocio con drama de migrantes

Actualizado el 18 de septiembre de 2016 a las 12:00 am

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Oportunistas y coyotes hacen negocio con drama de migrantes

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Migrantes haitianos se 'disfrazaron' de africanos tras perder empleo en Brasil (Jonathan Jiménez)

La Cruz, Guanacaste. Oportunistas y coyotes hacen su agosto con los migrantes haitianos y de otras nacionalidades que se amontonan a la orilla de la carretera a la espera de poder ingresar a Nicaragua.

Al ser abordados por la prensa, los haitianos relatan sin timidez los abusos de los que dicen ser objeto, y que van desde el cobro de $5 por usar un baño hasta $500 por cruzar hacia el otro lado de la frontera.

Las anécdotas se amontonan a unos dos kilómetros de la guardarraya que separa a Costa Rica de territorio nica.

Al otro lado de la aguja, unos 40 oficiales del Ejército de Nicaragua vigilan, fusil en mano, que ningún migrante ilegal cruce. Del lado tico, cientos de indocumentados esperan una oportunidad para seguir su camino hacia Estados Unidos.

Mientras el sueño se concreta, los gastos aumentan de la mano con las necesidades.

Con un niño en brazos, un corpulento hombre llamado Emanuelle Saint Claire asegura que son víctimas del abuso de muchos lugareños que les cobran altas sumas a cambio de cualquier servicio.

“Los taxistas son de los que hacen más dinero con nosotros. Ellos dicen que nos ayudan para sacar dinero de las cuentas (bancarias), pero nos cobran hasta $20 cada vez que lo hacen”, dice.

Pero los transportistas no son los únicos que hacen negocio.

A ambos lados de la carretera Interamericana, en las cercanías de Peñas Blancas, los haitianos duermen, conviven y esperan la ansiada señal de paso hacia Nicaragua en campamentos improvisados. (Mayela López)

Alberto Gutiérrez, administrador de una cafetería de La Cruz, comentó que hay locales que les cobran hasta ¢3.000 por un paquete de 12 unidades de galletas soda.

También están los que prometen sacarlos del país.

“Hace un par de semanas, la Policía se llevó a la mujer de esta casa. Había cobrado $500 a un grupo de 20 migrantes, con la promesa de conseguir la forma de llevarlos a Nicaragua, y cuando no pudo, se negó a entregar el dinero”, asegura otro migrante que dice llamarse Saúl.

“La llevamos a la Policía, pero había mucha gente que le iba a quemar la casa”, recalcó.

Pese a los abusos que sufren, muchos migrantes prefieren quedarse en La Cruz, guarecidos entre carpas hechas con bolsas plásticas o tiendas de campaña, que ir a los albergues habilitados por el Gobierno costarricense.

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Sienten que si Nicaragua abre la frontera, podrán cruzar más rápido desde aquí.

Algunos pobladores están incómodos por la situación.

Por ejemplo, Marcela Rivera, de 72 años y vecina de Peñas Blancas, se cansó de alquilarle el baño a los migrantes.

Ella cobraba $3 a cada usuario. Pero lo que al principio parecía una entrada interesante de dinero, se convirtió en un suplicio, pues la demanda era tanta que perdió la tranquilidad.

Ahora, Rivera vive peleada con los migrantes que duermen fuera de su casa, y que resienten que ya no les alquile el baño.

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