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Zona josefina poblada de bares, casinos, pensiones, salas de masaje, hoteles y restaurantes

Negocios nocturnos se confunden en la elegancia del barrio Amón

Actualizado el 10 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Vecinos quieren cambiar negocios ‘clandestinos’ por lugares ‘sanos’

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Negocios nocturnos se confunden en la elegancia del barrio Amón

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Si el expresidente Otilio Ulate (1949-1953) saliera hoy de su vivienda en barrio Amón, se encontraría con Paola, un travesti de 22 años quien cada noche recorre el vecindario en busca de algún cliente nacional o extranjero.

El exmandatario, fallecido en 1973, vería, además, su casa convertida en un hotel que cobra ¢6.000 por hora, con ducha caliente y TV.

La que fuera una de las primeras zonas en acoger a la clase cafetalera y oligarca de Costa Rica, ahora tiene en vilo a quienes habitan en este punto en el norte de la capital.

Entre su arquitectura de estilos victoriano, ecléctico, mudéjar y neocolonial, se mezclan bares, restaurantes, salas de masajes, hoteles, casinos y clubes nocturnos.

Molestos. Por ejemplo, el lente de La Nación captó, tras la puesta del Sol, a dos jóvenes que salían con sus rostros cubiertos de un garaje donde cuelga el rótulo: “open”.

Lo que ocurre detrás de esa y otras puertas preocupa a quienes viven en esta zona, al punto de que se organizaron en la Asociación de Vecinos de Barrio Amón, pues creen que hay negocios que se prestan para la “prostitución”.

Los miembros de esta organización vecinal prefirieron mantener su nombre en el anonimato por temor a represalias pues aseguran que en algunos puntos del lugar se practica “el turismo sexual”.

No generalizan. No todos los locales se prestan a eso.

Lo que sí dijo uno de los miembros es que “el extranjero se hospeda en ciertos hoteles, deja sus maletas y se va a lo que llegó”.

Uno de los travestis, quien no se identificó, contó que en Amón hay un “montón” de hoteles que operan bajo tal mecanismo. “Algunos negocios cobran un adicional por dejarlo entrar a uno”, dijo.

A diferencia de lo exteriorizado por la Asociación, el travesti reconoció que trabaja más con clientes costarricenses que extranjeros. Además, relató que se trasladó del centro de San José a Amón, ya que al primer sitio iban drogadictos.

La Nación procuró hablar con alguien del local del “open”, pero nadie dio la cara. Ni el guarda. Donde ven cámaras –no solo allí– quienes se asoman, cierran la puerta.

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Mariano Rodríguez, jefe de Patentes de la Municipalidad de San José, manifestó que “en ningún momento se han tramitado patentes para prostíbulos”.

“Se cambia el uso de locales previamente autorizados para un fin comercial específico (hoteles, pensiones, bares) para actividades de prostitución; no obstante, esto no se considera delito”, sostuvo.

Según él, la Alcaldía no cuenta con un registro de los permisos que operan en Amón; sin embargo, en el distrito del Carmen, donde se ubica el barrio, hay 1.454 patentes.

Rodríguez explicó que la Municipalidad aplica cierres cautelares si detecta droga, permanencia de menores y vencimiento del certificado de salud, entre otros.

El historiador arquitectónico Andrés Fernández considera que el “debilitamiento” cultural en este famoso barrio se produce porque las familias se retiraron de la zona; sin embargo, dijo que el comercio ayudó a conservar “el encanto romántico” del lugar.

Un comerciante que vive y sueña con ese encanto es Juan Moncabo, quien asumió el “riesgo” de poner un restaurante en octubre, a pesar de que personas allegadas le aconsejaron hacerlo en Escazú.

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