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Un recorrido por Barbacoas y santiago de puriscal

Luis Paulino Mora: breve retrato de un puriscaleño magistrado

Actualizado el 24 de febrero de 2013 a las 12:00 am

A una semana de su muerte, el recuerdo del joven de pueblo se aviva en su cantón

Familiares, amigos y vecinos hablan del juez y exministro con raíces campesinas

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Luis Paulino Mora: breve retrato de un puriscaleño magistrado

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Cuando doña Juanita Mora se casó con el palmareño Víctor Manuel Mora, el papá de la novia procuró que nada les faltara. Les puso varios negocios y de casi nada carecieron. Lo único que los desvelaba era que no podían tener familia.

Casi setenta años después, sentado en una silla del corredor de su casa de madera, Juan Mora, hermano de doña Juanita, recordó que, “en una operación, los médicos le encontraron en el vientre un feto, de los que se hacen piedra”.

“Le quitaron ese feto de piedra y, luego de salir de esa enfermedad, quedó embarazada de su único hijo”, recordó Juan Mora. Nadie en la familia alcanzó a sospechar que ese hijo, al que llamaron Luis Paulino, acabaría siendo presidente de la Corte Suprema de Justicia.

Un día, Víctor Manuel Mora dejó la casa, y doña Juanita crió a su hijo, Luis Paulino, con el apoyo de su acomodada familia, agregó el tío del extinto magistrado.

El viento corta con sus navajas el paisaje puriscaleño, mientras Juan Mora agrega que aquel sobrino vivió sus primeros años en una casa al costado oeste de la plaza de Santiago de Puriscal, en el centro del cantón. Allí asistió a la recién estrenada iglesia, una estructura de 50 metros de largo, 28 de ancho y 25 de altura, que hoy se resiste a caer, pese a las fracturas que la reventaron en la década de los 90.

Todo vecino de a pie en Puriscal al que se le preguntó, afirma que la iglesia fue construida con el aporte del abuelo de Luis Paulino Mora.

En esa iglesia, su maestra de primer grado, Nora León, lo hizo desfilar como “portacolas” en su boda en 1950. Hoy, con 84 años a cuestas, León lo recuerda como un “chiquillo bien plantado”, que caminaba con elegancia, como si ya desde entonces practicara para un andar acorde con su magistratura.

La maestra también recuerda cómo, siendo ya presidente de la Corte, Luis Paulino Mora le ayudó a agilizar la entrega del cuerpo de un pariente que había fallecido de forma repentina. “Siempre fue muy atento”, dijo, mirando una añeja foto en un retablo de madera, donde el futuro juez aparece rígido, con tirantes y cabello engominado.

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Pero la infancia del desaparecido juez no se limitó al centro de Santiago. Pronto a “Luis Paulino se lo llevó la mamá adonde otra hermana, que tenía un almacén en Barbacoas”, de Puriscal, recuerda el tío, Juan Mora, de 89 años.

En esa casa en Barbacoas, aún en pie, el niño, que también fue ministro de Justicia de Óscar Arias, entre 1986 y 1989, asoleó su infancia en los potreros de la familia, y trabajaba en el ordeño y la compra de abarrotes para el negocio que administraba su mamá.

Era un local grande, esquinero, diagonal a la iglesia. Allí , junto con sus tíos Rafael Morales y Zoyla Mora, ayudaba a atender la farmacia, la tienda de abarrotes, la bodega para granos y los billares.

Con el tiempo, llegó la única televisión del pueblo, que permitía una pequeña vida nocturna en el lugar, dice Margarita Gutiérrez, quien cuida la casa donde vivió de niño Luis Paulino Mora. A sus 68 años, lo recuerda como un muchacho “noviero” y “bien parecido”.

Del pueblo. A una semana de su muerte, el recuerdo de Luis Paulino Mora recorre las calles de Santiago y de Barbacoas, en cada esquina, en las chicharroneras, las cantinas, los corredores de madera, donde las casas se aburren de sol.

Más allá de la polémica y los honores propios de su cargo, los vecinos de los Mora de Puriscal hablan del muchacho alto que jugaba bola en la plaza que hoy es un parque. También se recuerda su voz poderosa y su gusto por las carnes, los chicharrones, acompañados de alguna bebida espirituosa, y la música ranchera.

No hay espacio aquí para los conflictos de la Sala IV, su papel como ministro de Arias, su cercanía al poder y sus decisiones sobre temas álgidos como la mina Las Crucitas o la fertilización in vitro. Aquí, por estos cuadrantes que van, cuesta abajo, hacia el oeste, anda el recuerdo de un hijo de campesinos y comerciantes.

Entre esas voces está la de Lidio Leiva, que se hincha de orgullo al recordar que fue compañero de catecismo de Luis Paulino Mora.

Acomodado en una mecedora, en la más azul de las casas de la calle que va a Mercedes Norte, Leiva relata, con el tono de un jugador de gallos, que los sábados después de clases se iban a una finca a nadar.

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“Nos llevaban a un guayabal, y le decíamos ‘el Guayabal de Callica Charpantier’. Ahí llevábamos picadillos de chicasquil, empanadas y dulce de ayote. Íbamos todo el grupo de catecismo”, recuerda.

Lidio Leiva no tuvo la suerte ni la cuna de Luis Paulino Mora, pero dice que fueron amigos “toda la vida”. Por eso, fue al funeral más concurrido que ha visto en su vida, a despedirse de él el lunes pasado.

Y Leiva puede hablar con propiedad de funerales, pues entre 1977 y 1987 fue panteonero de la Municipalidad de Puriscal.

“Mejengueábamos en las tardes en el parque, descalzos, pero Luis Paulino jugaba con tenis, porque tenía platilla”, agrega.

Al cumplirse una semana de su muerte, el luto embarga a sus familiares más cercanos, en su casa en Alajuela, y también en Puriscal.

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Esteban Mata

emata@nacion.com

Periodista de Política

Periodista de Política. Bachiller en Periodismo por la Universidad Latina. Cronista parlamentario y reportero de investigación premiado por el TSE, la Defensoría de los Habitantes y colaborador de medios internacionales.

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