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El exministro de Seguridad y de la Presidencia, Fernando Berrocal,  dice no ser un hombre del aparato partidario del Partido Liberación Nacional (PLN), pero se confiesa

Liberación Nacional enfrenta la peor crisis de credibilidad

Actualizado el 08 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Liberación Nacional enfrenta la peor crisis de credibilidad

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                 | JORGE CASTILLO
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Irrumpió en la escena política con dos anuncios mordaces. Dice amar la política y el país y ser el mejor de los aspirantes a la candidatura de un partido que, según sus palabras, está en crisis.

Él es Fernando Berrocal Soto, abogado de 67 años, cuyo currículo en la función pública comenzó a llenar desde tiempos mozos. En conversación con este diario, rememoró su paso como ministro de la Presidencia a sus 35 años y confesó que ahora busca cerrar su ciclo en la función pública.

Berrocal movió el escenario liberacionista a partir de su campaña rompedora lanzada en setiembre. Ahora analiza a sus rivales y muestra sus ideas e inclinaciones.

Don Fernando, de pronto usted aparece en la escena política con anuncios rompedores, ¿por qué toma esa decisión?

Yo estoy convencido de que el país atraviesa por una coyuntura muy particular. La gran paradoja es que la economía no está mal, pero el problema central está en la política, lo que está cuestionado es el liderazgo político y está cuestionado porque la gente está harta de la política, de los partidos políticos, está harta de las promesas de campaña que no se cumplen. Hay una sensación de que el Gobierno no tiene rumbo, es una percepción que refleja una realidad política.

Pero perdón, usted se mete en política electoral cuando su partido es el que está en el poder.

Yo estoy de acuerdo y Liberación Nacional es el partido que enfrenta la peor crisis de credibilidad de todos los partidos, está entre el 20% y el 23%, ese es el punto más bajo de credibilidad del pueblo tico en el PLN. Pero el Estado costarricense está en crisis, crisis de tramitología, de entrabamiento, de confusión, incluso, en los conceptos básicos de la división de poderes en el sistema democrático.

¿Por qué meterse en la pelea electoral? ¿Qué necesidad tiene?

Yo, y lo confieso, tengo pasión por la política, siempre la he tenido, desde que fui presidente de la Federación de Estudiantes. Me gusta la política, me gusta el servicio público, no me siento un hombre del aparato del partido, nunca lo he sido...

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¿Es liberacionista?

Soy y creo en la socialdemocracia de don Pepe, de Daniel Oduber, de Luis Alberto, de Carlos Manuel Castillo, de Alfonso Carro, de Rodrigo Facio, pero no porque crea que todo tiempo pasado fue mejor; yo estoy clarísimo de que a fines de los 80 los paradigmas cambiaron.

¿Todavía tiene qué aportar?

Sí, yo tengo mucho que aportar. Tengo ideas... vamos a presentar ahora en octubre un esquema completo de reforma del Estado.

¿Será parte de su movimiento?

Sí, pero lo pienso presentar en la Asamblea Legislativa por iniciativa popular.

¿Otra quimera más?

No. Es un proyecto práctico, concreto. Lo que sería una quimera es hablar de una reforma constitucional, porque ahí nos enredamos. Lo que necesitamos es ajustar un conjunto de leyes con mayoría simple.

¿Usted no está solo, tiene fuertes rivales en el PLN?

Sí, yo estoy confrontando la candidatura de Rodrigo Arias, y lo he dicho con toda franqueza, no por razones personales, sino por razones políticas e ideológicas.

¿Eso dice su propaganda?

Así es, considero que su realidad política refleja toda esa Costa Rica que a mi juicio hay que cambiar. Además, Rodrigo radicalizaría el país y no creo que el país requiera más radicalizaciones.

¿Cree que don Rodrigo se apartó del Liberación original?

Sí. Ellos representan la línea más conservadora, más neoliberal dentro de Liberación. Hay una línea que mantiene la ilusión de la socialdemocracia, del compromiso con las políticas sociales, de las alianzas estratégicas con los sectores privados productivos.

Aparte de usted, ¿quiénes se acercan más a esa línea?

Yo creo que Johnny (Araya) está en ese mismo escenario. Me sorprende su alianza con (Antonio) Álvarez Desanti, porque veía más a Álvarez Desanti colocado en ese escenario de Rodrigo Arias.

¿Fortalece a Araya esa alianza?

No. Creo que le resta, porque desdibuja su propio proyecto político.

¿Y usted cómo ve a José María Figueres?

Vea, a mí no me importa reconocer que tengo un gran aprecio personal por José María Figueres. Yo fui su embajador en Naciones Unidas, me apoyó en la aspiración al Consejo de Seguridad, viajé con él mucho, fuimos juntos a ver a (Nelson) Mandela. Yo quiero leer y estudiar su propuesta país.

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¿Cree que entrará en la pelea?

Yo estoy convencido. Creo que José María sí va. Creo que primero va a hacer su propuesta país y espero que sea una propuesta progresista, reformista, socialdemócrata. Sería una gran desilusión si significa más de lo mismo.

Pero Figueres habla de un gobierno más allá del PLN.

Comparto esa tesis con él, creo que Liberación ya no es suficiente.

Entonces, no pareciera que se vea luchando contra Figueres.

Le voy a contestar con mucha franqueza y no hago ninguna infidencia. El presidente (Luis Alberto) Monge manejó por muchas semanas la tesis de que Johnny, José María y yo hiciéramos campaña en forma independiente, de aquí a enero, y que en enero hiciéramos un balance objetivo de quién tenía más posibilidades de ganar.

¿Y apoyar al que esté mejor?

Así es. Y Luis Alberto a mí me dijo que José María y Johnny estaban de acuerdo. Y yo también.

¿Y la propuesta sigue vigente?

No sé. Espero que sí.

¿Sería un frente contra Arias?

No es contra nadie. Es por recuperar la socialdemocracia.

Perdón, pero electoralmente sería contra Rodrigo Arias.

Sí, pero un frente que no excluye los aspectos positivos que pueda aportar el arismo dentro de un partido que tiene dos líneas.

¿Se repartirían puestos?

No sería una repartición de puestos, sería un compromiso para sacar al país adelante.

Don Fernando, ¿era necesario poner a una mujer tapándose el trasero para volver al escenario político?

Era un campesino y un ama de casa y el mensaje siempre fue el abuso político, el abuso de poder.

Visualmente era abuso sexual.

No. No, no, no.

Se tapaban el trasero...

No, no, la parte aquí, en la columna, un poquito arriba. Era una forma de llegar con un lenguaje visual a que la gente entendiera que el pueblo no se debe seguir dejando.

¿De qué le sirvió ese mensaje?

Me metió en la pelea política, porque el pueblo me escuchó, porque la gente entendió el mensaje, todo el mundo discutió y ahora estoy en el escenario.

¿Va a sorprender más?

Yo espero que sí. Ya le dije a Bulgarelli (su publicista) que yo quería volver a meter otro bombazo en noviembre.

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