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Policía revela que siembran droga para vender a narcomafia nacional

Indígenas se meten de lleno en el negocio de la marihuana

Actualizado el 17 de junio de 2013 a las 12:00 am

Aborígenes usan territorios para cultivo y cobran ¢200.000 por saco

Dirigente indígena dice que fenómeno se da por abandono estatal a pobladores

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Indígenas se meten de lleno en el negocio de la marihuana

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Alto Telire, Talamanca. En la frontera entre la reserva indígena Telire y el valle de La Estrella, en Limón, la marihuana se ha vuelto el principal producto que sacan los indígenas cabécares de la montaña, sumiendo a la zona en una narcoeconomía que, de momento, ha sido imposible de contener por la Policía.

La idea del indígena sencillo y sumiso cambia poco a poco en las montañas de la Alta Talamanca para dar paso a una nueva faceta: el comerciante de marihuana que tras cargar su mercancía durante días por entre cerros y quebradas, vende los sacos con droga en ¢200.000, cada uno.

Por el contrario, la violencia entre indígenas a causa del tráfico ya se empieza a palpar y así lo recalcó el cabécar Gilberto Morales, quien denunció a la Fuerza Pública que recibió amenazas de muerte por denunciar sembradíos

Morales agregó que ahora los indígenas de Telire siembran más la resistente variedad de Cannabis sativa que su propia comida.

Esta droga, según oficiales de la Policía de Control de Drogas, es la que llega a la ciudad de Limón y a los barrios de la Gran Área Metropolitana en dosis de 0,5 gramos. Termina en manos de menores, en las afueras de escuelas y colegios, a través de redes internas de tráfico.

Solo en lo que va del año, las brigadas especiales, conformadas por oficiales de la Policía de Control de Drogas (PCD) de la Fuerza Pública, han erradicado poco más de medio millón de plantas y podrían haber llegado al millón de plantas el fin de semana recién concluido.

Para el experto en temas indígenas y colaborador de la Mesa Indígena, Geiner Blanco, el tráfico que protagonizan los cabécares en Telire y en otras zonas del país se debe al abandono del Estado.

“La gente lo que ve es un problema de narcotráfico, pero tiene raíces más hondas, de desatención del Estado, que tiene que ver con condiciones de vida insatisfechas y hace del cultivo de marihuana un medio para sobrevivir ”, afirmó.

La quema verde. En la reserva de Telire, la siembra es abundante. Así lo comprobó La Nación durante una gira por esas montañas junto a un equipo de la Fuerza Pública que intenta erradicar la mayor cantidad de cultivos posibles.

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Tres veces por año, un grupo de 20 oficiales se traslada a esa alejada región para atacar el tráfico, literalmente, de raíz.

Allí, en un viaje que a pie tardaría seis días, los policías especializados en erradicación son llevados en helicópteros de Vigilancia Aérea, dependiendo siempre de las condiciones climáticas, que las más de las veces no son favorables.

El viaje sale del aeropuerto de Pandora, en el valle de La Estrella, y se tarda poco más de media hora de vuelo sobre la cordillera de Talamanca, cruzando montañas cundidas de selva.

El traslado acaba en Piedra Mesa, una de las localidades más alejadas de “los blancos”.

Allí, los oficiales se despliegan en patrullas sobre cerros en los que previamente se ha localizado marihuana por medio de sobrevuelos.

Luego, la erradicación llega de la mano del machete y el fuego, siempre con la colaboración de los indígenas que todavía se atreven a apoyarlos.

El esfuerzo de los oficiales que caminan por horas entre hondonadas y precipicios resulta, sin embargo, insuficiente.

Al respecto, el ministro de Seguridad, Mario Zamora, acepta que hay mucho por hacer y aprovechó para defender la compra de dos nuevos helicópteros para la Fuerza Pública, a finales del año anterior.

No obstante, los propios agentes encubiertos aceptan que todavía no dan abasto y agregan que el uso de las aeronaves es indispensable para su trabajo, por lo que cualquier distracción generada por los helicópteros los perjudica.

En tanto, los indígenas caminan por senderos insospechados, son escurridizos, se mueven por entre las montañas con su mercancía, de choza en choza, a la defensiva, dejando tras de sí los sembradíos que son arrasados por la Policía.

Los cultivos, sin embargo, vuelven a crecer de la mano de los cabécares metidos en el negocio, que los siembran una y otra vez porque el comprador los espera en sus carros en las afueras de su reserva, listo para pagar.

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Esteban Mata

emata@nacion.com

Periodista de Política

Periodista de Política. Bachiller en Periodismo por la Universidad Latina. Cronista parlamentario y reportero de investigación premiado por el TSE, la Defensoría de los Habitantes y colaborador de medios internacionales.

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