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Inversionistas sostienen que los líos políticos no afectan sus negocios

Empresarios ticos en Nicaragua ven pasar de lejos el conflicto

Actualizado el 03 de septiembre de 2013 a las 12:00 am

Embajada estima que 300 nacionales tienen empresas o puestos de gerencia

Artesano de Granada tampoco ve una caída de turistas costarricenses

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Managua. “No ha habido, gracias a Dios, ni presidente allá ni presidente aquí que quiera trasladar lo político a lo comercial”, dice Manuel León, empresario costarricense de logística radicado en Nicaragua desde hace 34 años.

En su criterio y en el de otros inversionistas ticos instalados en este país, los conflictos entre los Gobiernos de Costa Rica y Nicaragua no afectan los negocios.

La Embajada en Managua estima que alrededor de 300 nacionales viven en este país, la mayoría dedicados a sus propias empresas o a gerenciar compañías nicaragüenses o extranjeras.

Empresarios ticos en Nicaragua (Marcela Bertozzi)

En el 2012, Costa Rica se ubicó en el octavo lugar en el ranquin de inversión extranjera directa en Nicaragua, con $110 millones, según la Agencia de Promoción de Inversiones de Nicaragua.

Javier Sancho, embajador en Managua, coincidió en que los conflictos no han afectado los negocios aquí.

“Los dos países se necesitan, se complementan. Las diferencias que podamos tener en el campo político no han afectado la dinámica económica”, dijo Sancho, al tiempo que recordó que los costarricenses participan en áreas de la economía nicaragüense como la alimentaria y la de infraestructura.

Sin xenofobia. Manuel León llegó a Managua el 30 de julio de 1979, 11 días después de que los sandinistas derrocaron a Anastasio Somoza. Llegó contratado por una empresa estadounidense para trasladar el menaje de los gerentes de bancos de Estados Unidos que salían del país. “Y encontramos una oportunidad de negocios en Nicaragua en el rubro de logística”, dice el gerente de Amtra junto a su hijo, Eloy León.

“En Nicaragua no existe xenofobia por los costarricenses y lo digo con 34 años de vivir en este país haciendo negocios todos los días. Yo llego a cualquier entidad de Gobierno, a cualquier oficina, y es ‘don Eloy pase adelante; en qué le podemos ayudar’”, añadió León.

Alonso Villalobos, dueño del bar Mío Mi Gato, afirmó: “A veces, yo he visto que aquí se está haciendo mucha bulla y en Costa Rica no se habla nada,  y a veces es al revés. Cuando el escándalo se hace allá, aquí no se hace nada. Digamos ahora con esto que dijo Daniel (Ortega) de Guanacaste, aquí la gente ni lo comentó. Allá sí se oye. hay un cierto choque entre los ticos y los nicaragüenses, pero en el caso mío no puedo decir que haya sido rechazado”.
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Alonso Villalobos, dueño del bar Mío Mi Gato, afirmó: “A veces, yo he visto que aquí se está haciendo mucha bulla y en Costa Rica no se habla nada, y a veces es al revés. Cuando el escándalo se hace allá, aquí no se hace nada. Digamos ahora con esto que dijo Daniel (Ortega) de Guanacaste, aquí la gente ni lo comentó. Allá sí se oye. hay un cierto choque entre los ticos y los nicaragüenses, pero en el caso mío no puedo decir que haya sido rechazado”.

Estuvieron solos. El publicista Luis Pérez se radicó en 1991 en Managua motivado por varias empresas que regresaban o entraban a Nicaragua tras el triunfo de Violeta Barrios. Asumió la publicidad de compañías como Dos Pinos e Iberia. “Aquí se respira mucha tranquilidad para los negocios”, dice.

Pérez tampoco percibe rechazo o efectos negativos por los conflictos políticos, pero sí advierte que este ha sido uno de los momentos más críticos y resiente que el Gobierno costarricense dejara a los inversionistas ticos sin embajador casi dos años, desde que explotó el conflicto por isla Calero (2010).

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“A nivel político, creo que no ha habido entendimiento en estos tres años. Ha sido, en 25 años, el momento más difícil que he visto”, dice el dueño de la agencia ARPM.

‘Todos contentos’. Otra historia es la de Alonso Villalobos. Él llegó en 1997, sin conocer nada ni a nadie, a abrir una discoteca. Alcanzó a tener 120 empleados nicaragüenses. Hoy, tiene el bar Mío Mi Gato en un centro comercial de lujo.

“Los empresarios que hay, a todos les está yendo muy bien; todos están muy contentos. Es un país donde hay mucho que hacer. A veces, yo he visto que aquí se está haciendo mucha bulla y en Costa Rica no se habla nada, y a veces es al revés”, comenta Villalobos.

Luis Pérez, propietario de la agencia de publicidad ARPM, dijo sobre su vivencia en Nicaragua: “Aquí se respira mucha tranquilidad para los negocios. Muchos de los que vivimos aquí siempre decimos lo mismo: el nicaragüense nos acoge bien. Aquí la palabra todavía vale mucho (...) En nicaragua suenan las campanas y allá retumban todas, nosotros somos más de hacer bolas y hacer de algo pequeño algo muy grande. Xenofobia hacia nosotros no la he sentido”.
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Luis Pérez, propietario de la agencia de publicidad ARPM, dijo sobre su vivencia en Nicaragua: “Aquí se respira mucha tranquilidad para los negocios. Muchos de los que vivimos aquí siempre decimos lo mismo: el nicaragüense nos acoge bien. Aquí la palabra todavía vale mucho (...) En nicaragua suenan las campanas y allá retumban todas, nosotros somos más de hacer bolas y hacer de algo pequeño algo muy grande. Xenofobia hacia nosotros no la he sentido”.

Jorge Jiménez, quien se radicó aquí para trabajar con una empresa de supermercados, sostiene que los conflictos son “más manejo de prensa” que otra cosa. “Si los Gobiernos tuvieran la voluntad que tiene la gente de relacionarse, no tendrían ningún problema”.

Todos coinciden en que el nicaragüense es de puertas abiertas. “Es como retroceder en el tiempo en Costa Rica 50 años. Todavía un vecino le toca la puerta para pedirle una taza de azúcar”, dice León.

Juan Carlos Álvarez, artesano nicaragüense que vende productos en Granada, afirmó que los turistas ticos no han dejado de venir por el conflicto. “Nosotros no tenemos por qué pagar los platos rotos; ojalá que bajen su tono”, añade.

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Esteban Oviedo

eoviedo@nacion.com

Editor de Política

Editor de Política. Es bachiller en Periodismo por la Universidad Federada. Recibió el premio de La Nación como “Redactor del año” en el 2005 y en el 2007 recibió el premio Jorge Vargas Gené.

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