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‘Chumico’, el diputado cartaginés que sueña con ser el pacificador de Siria

Actualizado el 23 de junio de 2013 a las 09:56 am

El diputado José Roberto Rodríguez fue capellán de la Penitenciaría Central, donde intentó ser el catequista de ‘Los hijos del diablo’.

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‘Chumico’, el diputado cartaginés que sueña con ser el pacificador de Siria

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José Roberto Rodríguez ha vivido en la misma casa 70 años. | JORGE NAVARRO.

Escribe sus discursos a mano, habla bajo, bajo, y casi nunca saluda dando directamente la mano. Más bien, casi como una costumbre de sus días de sotana y casulla, saluda como dando la paz.

Raya en los 70 años y ha vivido en la misma casa toda su vida. Es de esas casas viejas, pesadas de recuerdos y numerosas habitaciones, aliñada con un solar lleno de árboles frutales con aroma a Vieja Metrópoli, en el puro centro del barrio San Nicolás, en Taras.

El diputado escribió a mano la propuesta de paz para Siria.  | JORGE NAVARRO.
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El diputado escribió a mano la propuesta de paz para Siria. | JORGE NAVARRO.

Es la segunda vez que es diputado, también con la Unidad Social Cristiana, y es de esos políticos que añoran los tiempos de dos partidos fuertes. Cree que los grandes temas no se discuten en la Asamblea Legislativa y que ese foro se pierde en pequeñeces.

José Roberto Rodríguez es un político del viejo estilo, habituado a llegar temprano, gracias a su formación religiosa de estilo alemán, y quien vuelve y sigue volviendo cada vez que puede a los territorios indígenas localizados más allá del Cerro de la Muerte, con su Jeep Toyota, modelo 78.

Pero Chumico –como le dicen a Rodríguez desde que entrara al Seminario Menor– en Tres Ríos, allá por 1956, no quiere pasar, esta vez, como un congresista más.

A mano y con paciencia clerical, un día se le ocurrió a Chumico escribir una propuesta de paz para solucionar el conflicto en Siria. Treinta años antes ya había hecho algo similar, recuerda de a poco, con una propuesta que quiso llevar aquí cerquita, ante la explosión de conflictos en Centroamérica.

El plan de paz para Siria, por lo pronto, ya caló en la presidenta de la República, Laura Chinchilla, quien pidió al canciller, Enrique Castillo, meterle el hombro a la propuesta del cartaginés.

Pero también, ante una vorágine de hechos fuera del control de los poderes del Gobierno, la Asamblea podría ver en esta propuesta una salida ante una agenda polémica.

Ya en la Comisión de Relaciones Internacionales, en días recientes, tomaron el proyecto y aprobaron su envío a todos los parlamentos del orbe, como plan costarricense.

Uno o dos pasos más, y el viaje del diputado Rodríguez a la Organización de Naciones Unidas (ONU) puede convencer a Chinchilla para acoger oficialmente la propuesta.

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En Nueva York, el diputado estuvo dos horas y media con el embajador sirio en Naciones Unidas, Bashar Ja’afari, y ha hecho peregrinación por 12 embajadas en Costa Rica. En todas esas legaciones, le piden lo mismo: certificar si tiene el apoyo del Poder Ejecutivo.

El plan de Rodríguez para Siria, hay que decirlo, lleva influencia de la formación en Geografía e Historia de su hermana, Digna Flor, con quien Rodríguez pasa sus días.

Su éxito aún no llega, y mientras tanto, el diputado que –según él mismo reconoce algunos le saben el apodo y no el nombre- sigue pasando los días lento, recorriendo las estancias de su casona y recordando los tiempos cuando se peleó con el clero porque no lo dejaban hacer labor social, ni luchar por los que no tenían tierra, y por eso colgó los hábitos.

“Yo podría volver a ser sacerdote, si quisiera. Me formaron para eso (...) Soy un hombre normal, yo sí pensé en hacer una pareja, como ser humano que soy”, dice Rodríguez.

“Sin tierra no se puede hacer nada”, reclama, con miedo de dar un paso hacia el uso más izquierdista del término socialismo.

Rodríguez mira con nostalgia las fotos, todas ellas en sepia, que cuelgan de sus paredes: caminatas en territorio indígena, sus padres, su infancia.

De joven, el legislador fue, en los últimos tiempos de su corto sacerdocio, capellán en el peor reducto donde iban a dar los delincuentes: la Penitenciaría Central.

Ahí conoció y trató de catequizar a la pequeña banda de mala fama conocida como “Los hijos del diablo”, cuyo mito cuenta que cocinaron, una vez, el corazón de un hombre.

En la Asamblea, los congresistas están habituados a escuchar discursos y comentarios sobre todos los temas imaginables.

Por eso, no les extraña que uno de sus compañeros haga una propuesta de paz, aun para una nación tan lejana como la siria, y con un régimen tan diferente al costarricense.

El jefe de la fracción a la que pertenece Rodríguez, Rodolfo Sotomayor, cree que la propuesta tiene origen en la sólida formación ideológica de Rodríguez, a quien describe como hombre de buenas intenciones y luchador por sus ideales.

“Me parece que eso lo lleva a dar este tipo de propuestas a nivel internacional, dada su experiencia en su segunda diputación”, dice Sotomayor.

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Luis Fishman no solo abandonó esa fracción sino que tampoco perteneció a la vertiente partidaria de Rodríguez, el calderonismo.

Tal vez por eso, Fishman tiene aún la duda de que la propuesta de un costarricense sea más efectiva que las propuestas de las grandes potencias del mundo.

“Si no lo han podido Obama, Putin, Hollande y Merkel, sería maravilloso que José Roberto pudiera”, dijo el socialcristiano.

El liberacionista Fabio Molina reconoce que impera el escepticismo entre muchos, en torno a la propuesta. Sin embargo, cree que al menos por su “atrevimiento”, ya Rodríguez se ganó un reconocimiento.

Para Jeannette Ruiz, diputada de Acción Ciudadana que presidió la Comisión de Relaciones Internacionales y Comercio Exterior, el país no puede dejar de apoyar la propuesta, aunque no podría decir que “esta será acogida internacionalmente”.

Rodríguez, uno entre 57, genera desde dudas hasta respeto en Cuesta de Moras, en una Asamblea donde es usual el discurso vacío.

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Aarón Sequeira

aaron.sequeira@nacion.com

Periodista de Política

Periodista encargado de la cobertura legislativa en la sección de Política. Bachiller en Filología Clásica de la Universidad de Costa Rica. Investiga y escribe sobre negociaciones políticas, pactos partidarios y proyectos de ley de impacto nacional.

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