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Él y su partido, Accesibilidad Sin Exclusión (PASE) rompieron una alianza opositora, que tras un año en el poder, se mostraba resquebrajada, según confiesa hoy

‘Cajita blanca... yo parto de la buena fe de los 57 diputados’

Actualizado el 30 de septiembre de 2012 a las 12:00 am

Víctor E. Granados Presidente del Congreso

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‘Cajita blanca... yo parto de la buena fe de los 57 diputados’

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Mañana serán cinco los meses que lleva en un puesto al cual llegó envuelto en la polémica.

Antes de ser elegido presidente de la Asamblea Legislativa gracias a los votos del oficialismo, a Víctor Emilio Granados –abogado de 47 años– solo le faltó que le dijeran de lo que iba a morir. Y a pesar de todo ganó y hoy saca su labor en silencio, con un perfil conciliador.

Para ello se basa, dice, en la buena fe de sus compañeros, aunque le imprime un grado de sorna: “Cajita blanca”, señala.

En medio de una oficina amplia pero vetusta, sin un solo cuadro en la pared, muy iluminada y con el Padre Pío en su escritorio, el miércoles se tomó cuatro tazas de café negro mientras repasó con La Nación las facetas de su desempeño.

“Soy un llorón”, reconoció. Y durante la conversación reflexionó, sonrió y sí, también lloró. Aquí un extracto de sus respuestas.

Don Víctor, ¿fue usted quien negoció el pacto con el PLN, o fue don Óscar López (presidente del PASE), que desde enero lo anunció?

Fui yo, y el interlocutor sigue siendo el mismo, sigue siendo Fabio Molina, que desde entonces ya venía asomándose como jefe de fracción. Y tengo que decir que, la verdad, Fabio me ha sorprendido. Yo muchas veces guardé dudas por confrontativo, pero él, en virtud del cargo, ha tenido una actitud extremadamente inteligente.

¿Cambió don Fabio Molina?

Sí, sí, facilitó en su momento el acuerdo y ha facilitado también que logremos avances significativos en materia de legislación, que era lo que nos importaba a todos.

¿Desempeñó algún papel don Óscar López en su elección?

Probablemente...

¿Coordinó con usted?

No, no hubo una estrategia amalgamada del partido.

¿Fue sufrido para usted, a pesar de la alegría del triunfo? Al menos usted lo mostró.

Sí, soy muy llorón. La verdad que es una felicidad amarga. Hay cosas que uno esperaba razonablemente, porque estamos en política, pero fue, yo creo que en el caso de muchos compañeros, muy exacerbada su reacción frente a eso. Tenía más razones para votar por mí el 1.° de mayo José María Villalta que Víctor Hugo Víquez.

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Bueno y ¿cómo le ha salido esta nueva alianza con Liberación?

Positivísima. Por lo menos de nuestra parte hemos cumplido con todo lo que está en el documento que firmamos. Hemos logrado que las agendas de todos avancen y hemos sido un puente de encuentro entre los tantos desencuentros legislativos que hay.

¿Dejó usted de ser diputado de oposición?

No. Evidentemente ahora tengo que ser más comedido por el cargo que represento, pero sigo sintiéndome un diputado de oposición.

Nada le impide bajar a su curul a hacer control político...

Y lo he hecho dos o tres veces. Y lo hice en materia de control político, cuando hablé de la trocha pidiendo transparencia, rendición de cuentas, que nos informen realmente qué pasó en la trocha.

¿Cómo ve el presidente del Poder Legislativo el trabajo de la presidenta del Ejecutivo?

Yo siento que doña Laura (Chinchilla) está haciendo grandes esfuerzos que hemos coadyuvado a materializar desde la Asamblea. Sí creo que la señora presidenta y probablemente quienes la asesoran visualizan, a veces, las relaciones con el Congreso o los sectores sociales de una forma totalmente equívoca. Probablemente, el ejercicio del poder en otros tiempos implicaba cosas como decir: esta es mi idea, esta es mi posición y punto, se impone y busquen las mayorías y pásenle por encima a quien sea.

¿Y eso pasa?

Creo que con el tema del agro iban por ese camino y ahora siento que se está dando un poco con el tema de investigaciones biomédicas Es una aplicación muy vertical del ejercicio del poder.

¿La presidenta, sus ministros?

Básicamente el ministro de la Presidencia, creo yo, y a través de su fracción legislativa.

¿Cómo califica al Gobierno?

Yo creo que, ehh, pasa, pasa, saca la nota para pasar, pero que podría todavía mejorar. Pasa raspando.

¿Y si hubiera que calificar su labor se autodefiniría conciliador?

Esa es mi vida, mi vida siempre ha sido eso.

¿Es una característica personal, o es una cuestión de equipo?

Desde luego, yo no quiero parecer inmodesto y decir que los éxitos son porque soy yo muy conciliador, no, son porque se logró generar ese ambiente de confianza. Cajita blanca... yo parto de la buena fe de los 57 diputados y cuando uno logra que se sienten en una mesa, sin micrófonos, sin actas, con otros sectores y hablamos, los acuerdos logran fluir.

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¿Cuál será su legado?

Yo esperaría que puedan fluir más acuerdos. Pero, por otro lado, está la connotación humana, y ahí lo ideal sería que me recuerden como una persona que se pudo reivindicar a sí misma, que pudo llegar hasta este sitio en el cual me siento lleno de honor, sin que se me vaya a la cabeza.

Usted pasó del piso al techo.

Así es.

¿En cuál lugar se aprende más?

En los dos. En ambos se aprende muchísimo, en los dos hay valores y antivalores, hay grandes enseñanzas y enseñanzas dolorosas.

¿Cuáles rejas duelen más, las de la política o las de una cárcel?

¡Qué pregunta...! En la política, no siento que haya rejas.

Pero a usted lo pusieron entre rejas antes de ser electo...

Sí, tiene toda la razón. Por lo menos en mi caso puedo decir que he experimentado esas dos... las políticas duelen más.

¿La condena política es fuerte?

Es ingratísima.

¿Habrá edificio legislativo antes de que deje el cargo?

Por fin, yo creo que sí, no creo que yo llegue a verlo como diputado, pero hicimos lo más fácil que hay que hacer y es darle continuidad a lo que había.

$5 millones para planos...

Sí. Yo pregunté lo mismo, no crea que no. Pero me dicen que más bien es muy poco.

Vamos a su partido. ¿Usted es leal a Óscar López, por ejemplo?

Hay lealtades con las ideas, yo no lo veo así como que si Óscar dice que misa, uno va a misa.

¿Usted fue su asesor principal?

Sí, cómo no, y él sabe que hubo muchos desencuentros.

Y aún así él lo promovió a usted para ser presidente del Congreso.

Y yo me siento muy agradecido.

¿Hace cuánto no habla con él?

Tenemos un distanciamiento muy grande... este año nos saludamos el 1.° de mayo.

¿El PASE está partido?

Lo que pasa es que ahora el partido está creciendo, porque hay expectativa de gente de afuera que quiere participar. Hace cuatro años nadie daba un colón por nosotros y después del milagro de los cuatro diputados ahora hay gente que se imagina, no cuatro sino ocho.

¿Cuánto del éxito del PASE en el 2010 se le debe a López?

Mucho, mucho. Él tiene una imagen, un liderazgo, no solo en el partido sino en el país, que yo creo que nadie desconoce.

¿Ni don Hugo Navas? ( secretario general, distanciado ).

Probablemente no, yo esperaría que tampoco se desconozca, porque una cosa es que tengamos diferencias de cómo debe el partido organizarse y otra es que desconozcamos la realidad, Óscar tiene un liderazgo.

¿El PASE está en crisis?

Sí, está en crisis, se lo tengo que decir y a mí no me gusta nada de lo que está pasando. Evidentemente es este conflicto Hugo-Óscar, pero ellos fueron grandes amigos, se conocen muy bien, por eso yo esperaría que estos desencuentros que han tenido se puedan corregir.

¿Aspirará el PASE a la presidencia de la República en el 2014?

No, yo creo que debemos ir solo con candidatos a diputadas y diputados.

¿Entonces usted no será candidato a la Presidencia?

No señor.

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