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Repara líos familiares y entre vecinos desde Boca de San Carlos

Un juez de pueblo salva matrimonios sancarleños

Actualizado el 20 de octubre de 2013 a las 12:00 am

Lechero dedica varias horas diarias a ser ‘consejero gratis’ de parejas en la zona

Luego de que lo juramentaron en el Congreso, sufrió su primer asalto armado

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Un juez de pueblo salva matrimonios sancarleños

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Juan Luis Quirós es reconocido en la zona de Boca de San Carlos, Pital, por procurar el arreglo de los conflictos entre vecinos y de parejas. En junio fue nombrado juez de pueblo de su comunidad. | IRELA FORNAGUERA.

Pital, San Carlos. Toda la vida se ha dedicado a salvar matrimonios sancarleños en conflicto, pero desde el pasado 14 de junio, lo hace respaldado por la insignia “juez de pueblo”. Desde ese día, los vecinos lo buscan aún más y le confían sus historias.

Le basta con cargar en la bolsa de la camisa un lapicero, anteojos y una libreta de apuntes. Juan Luis Quirós Cascante, de 61 años, invierte varias horas al día en reuniones con las parejas para hacerlas “entrar en razón”. Lo logra, confiesa, en casi todos los casos.

Vive en Boca de San Carlos con su esposa e hija en una casa retirada, pequeña y repleta de polvo, con piso frágil y paredes blancas de madera. No recuerda haber tenido más de lo que tiene ahora: una lechería y pocas vacas.

En junio se convirtió en el primer juez de pueblo de Costa Rica, representante del poblado Boca de San Carlos, Pital. Ganó el puesto –por encima de otros tres candidatos– con el reto de impartir justicia en su comunidad.

“Casi todo lo que resuelvo son divorcios. Es triste, quieren hacerlo porque aquí no hay fuentes de trabajo y el esposo no trae suficiente a la casa. Si él se va, queda una familia sin sustento”, contó.

No recibe dinero y mucho menos se gana la vida por llevar la insignia de juez ni tampoco de consejero de parejas. Al contrario, eso casi le cuesta su propio matrimonio.

Marisol Rodríguez, su esposa, nunca quiso que lo nombraran y aún no está muy convencida.

“La cosa es que yo he estado en todos los comités de pueblo. ¿Y otro más? ¡Nunca va a estar en la casa, solo reuniones!”, remeda Quirós lanzando una mirada a su esposa.

Pero eso no le impidió aceptar el cargo. Todo lo que hace debe quedar registrado en actas y luego, una vez al mes, viaja a Ciudad Quesada para dárselas a un juez.

Los vecinos olvidan que eso es obligación del lechero. “Me dicen que mejor no apunte su caso porque dizque fue poca cosa. No quieren que quede en actas, sino que los ayude como un viejo”, declara.

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Después de él, el proyecto ha juramentado a 28 jueces más.

Mal estreno. Derrama lágrimas cuando habla de su juramentación como facilitador judicial el pasado 14 de junio en el Salón de Expresidentes del Congreso.

Recuerda, sobre todo, que la noche siguiente, cuando iba de vuelta para su pueblo, asaltaron el bus de Pital –Boca de San Carlos en el que viajaba.

“Se montaron dos muchachos con un revólver, me agarraron en el asiento y me golpearon para que me agachara. Eran de la comunidad, yo sé, y tenían miedo de que los reconociera. ¡Manos arriba y quédese quedito ahí!, me dijeron. Yo tenía un dinerillo en la bolsa de la camisa y cuando me incliné, eso me sirvió para tirar el billete al suelo y ponerle un zapato encima. Diay, yo dije, ¡por lo menos algo salvo!” relata. Lo salvó todo; solo le robaron al chofer.

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