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Nueva ‘fiebre del oro’ desata ingresos clandestinos en el parque

250 invasores destrozan Corcovado para buscar oro

Actualizado el 14 de julio de 2013 a las 12:00 am

Oreros dañaron 10 km2 al remover el equivalente a unas 2.000 vagonetas

Extractores sacan ganancias de hasta ¢1 millón diarios; sanción es casi nula

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250 invasores destrozan Corcovado para buscar oro

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Península de Osa. En la oscuridad de un pequeño túnel, en el espeso bosque primario del Parque Nacional Corcovado, dos jóvenes graban en el celular el resultado de una sola noche dedicados a la extracción ilegal de oro.

La pequeña romana electrónica que sale en el video registra 114 gramos de peso del metal amarillo que, para ese momento, no es tan brillante como se le suele conocer, pero sí muy valioso.

Una multiplicación rápida les revela sus ganancias: 114 por los ¢18.000 que para ese entonces se pagaba en el mercado por cada gramo de oro, les dio como resultado un pozo de ¢2.052.000. Ambos celebraron ese momento.

No menos de 250 personas orean a la orilla de ríos al igual que estos dos jóvenes.

Cavan túneles de hasta 40 metros de longitud o destrozan laderas de montañas (le llaman ‘terraceo’) en la zona sur país, destruyendo de esta forma uno de los lugares más ricos en flora y fauna en todo el mundo: Corcovado alberga el 3% de la biodiversidad del planeta y el 50% de las especies del país.

Para las autoridades ambientales lo que sucede allí es un nuevo episodio de la “fiebre del oro” que comienza a tomar el matiz de la que se vivió en los años 80.

La creciente actividad orera que, de acuerdo con el Ministerio de Ambiente y Energía (Minae), viene en alzada desde finales del 2012, se ve incentivada no solo por la relativa facilidad para obtener oro en Corcovado, sino también por la falta de recursos humanos y financieros por parte del Estado, para detener la destrucción del parque.

Las consecuencias son evidentes en distintos puntos de la extensa área protegida de 45.700 hectáreas, según constató un equipo de La Nación tras una semana en ese lugar con guardaparques y oficiales de la Fuerza Pública.

Túneles, ‘descuelgue’ de ríos (remoción de rocas para ‘lavar’ el fondo) y gran cantidad de basura son solo una parte de los destrozos causados por los oreros.

A lo anterior, se suma la proliferación de ‘champas’ –especie de tienda de campaña de plástico–, envenenamiento de cauces y remoción de vegetación virgen.

Esa escena se repite, especialmente, a la orilla de los ríos Sirena, Claro, Rincón, Tigre, Madrigal, Termo y Piedras Blancas, todos dentro del parque nacional.

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Iván Leiva, guardarparque de Corcovado, descubrió un nuevo túnel para extracción de oro, el 22 de mayo. Dos días antes, el joven pasó por la zona y no había rastros de orería. |  ALONSO TENORIO
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Iván Leiva, guardarparque de Corcovado, descubrió un nuevo túnel para extracción de oro, el 22 de mayo. Dos días antes, el joven pasó por la zona y no había rastros de orería. | ALONSO TENORIO

¿Sanciones? Lo que pasa en Corcovado va más allá de la falta de recursos para frenar la destrucción. Hasta hace poco, la orería no se castigaba con todo el peso de la ley.

Tres semanas atrás, la Corte autorizó a la Fiscalía de Corredores a considerar la orería como un delito de flagrancia, lo cual, en principio, facilitará la captura y sanción penal de los oreros.

Cuando se realizó el operativo Oro Verde, en abril pasado –el mayor hasta la fecha–, las sanciones no existían. Los 16 oreros capturados en Corcovado salieron libres al día siguiente.

Para su liberación, los jueces no tomaron en cuenta la inversión en labores de inteligencia y en recursos para alejar del parque a un importante grupo de invasores.

Oro Verde implicó la participación de 52 funcionarios del Área de Conservación de Osa (Acosa) y la Unidad de Intervención Policial (UIP), del Ministerio de Seguridad, apoyados por un helicóptero y vehículos. La inversión superó los ¢16 millones.

Los arrestados pudieron haber sido más, pero muchos escaparon entre la espesa vegetación; incluso, dejaron tirados a dos menores de edad que hacían de “guardianes”.

Carlos Madriz, del Programa de Prevención y Control de Acosa, criticó que hay jueces que le impiden al orero acercarse al parque como única sanción, y hasta han solicitado a los guardaparques que lleven de vuelta a los oreros de Golfito a Puerto Jiménez, “como si esto fuera un vacilón”.

Fiebre del oro amenaza Corcovado (Juan Pablo Gamboa)

Impacto. Se calcula que las 16 personas capturadas en Oro Verde –más otras que lograron escapar de las autoridades– removieron 15.600 metros cúbicos de material, el equivalente a 1.954 vagonetas, según ingenieros forestales del Minae. El área afectada por ese grupo de oreros es de 9.656 metros cuadrados.

La magnitud del problema se palpa en los 34 nuevos descuelgues de río que se hallaron y que se suman a otros 29 identificados en el 2012. Para acabar de complicarlo todo, solo hay 32 guardaparques: unos asignados al parque, quienes deben repartirse entre los puestos para turistas y los patrullajes.

La vigilancia del parque la hacen ahora con la Fuerza Pública, pues han tenido que enfrentar a oreros armados y amenazas.

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Esa presencia policial hizo que los oreros variaran su manera de operar y decidieran trabajar de noche en la espesura del sitio al que National Geographic calificó como “el lugar más intenso del mundo, biológicamente hablando”.

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