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Negocios a orillas de la carretera viven época de ‘vacas flacas’

Actualizado el 09 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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Negocios a orillas de la carretera viven época de ‘vacas flacas’

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Imagen sin titulo - GN

Carlos Vargas M.

Bagaces. Cada día se sientan en sus sillas a la espera de clientes. Suman gastos y hacen cálculos para salir avante con las obligaciones. Ese es el drama que viven muchos comerciantes que tienen sus negocios a la vera de la carretera Interamericana Norte, entre Cañas y Liberia.

Y es que los viajeros o tienen dificultades para ingresar a los locales o al ver las obras prefieren seguir su camino hasta algún centro de población, como Cañas, Bagaces o Liberia.

Manuel Leal es dueño del lubricentro El Arbolito, ubicado unos cuatro kilómetros al sur de Bagaces. Frente a su negocio se colocó una parte de la losa de concreto de la nueva carretera, pero los vehículos no pueden ingresar al local de forma directa.

Deben rodar unos 50 metros para toparse con una rampa improvisada. “Ahora los camioneros pasan directo. Vienen cargados (de mercancías) y no van doblar para entrar acá”, lamentó Leal.

Dos trabajadores sin mayores ocupaciones lo escuchaban atentos. Leal dice que hay meses en los que apenas tiene lo suficiente para pagar el alquiler del local y cubrir los gastos. Ganancias no quedan.

“Si no se apuran a terminar, vamos a seguir mal”, dijo el comerciante con preocupación.

Unos kilómetros más adelante, no lejos del poblado de Bagaces, Gery Maatje, un holandés que se afincó hace 10 años en esta zona, enfrenta dificultades en el bar restaurante El Recreo.

 Mientras tienen lugar las obras, comerciantes como Manuel Leal (derecha), dueño del lubricentro El Arbolito (cuatro  kilómetros al sur de Bagaces), aguardan con paciencia a que los clientes regresen. |  CARLOS VARGAS
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Mientras tienen lugar las obras, comerciantes como Manuel Leal (derecha), dueño del lubricentro El Arbolito (cuatro kilómetros al sur de Bagaces), aguardan con paciencia a que los clientes regresen. | CARLOS VARGAS

Los clientes ya no llegan como antes de que comenzara la obra.

“Me ha afectado; no puedo estimar en cuánto, pero sí es menos la clientela. Algunos clientes me dicen que la entrada está muy fea”, relató el extranjero.

Para Maatje, la finalización de las obras no se ve cercana, pues ha sido testigo de que las obras avanzan con lentitud.

“Nada, o casi nada, se termina aquí en el plazo (previsto). Solo los chinos lo hacen”, indicó con un tono jocoso. Un enorme perro rottweiller cuidaba el negocio, aunque en el momento de la entrevista no había ningún cliente.

Cerca de ahí, en el restaurante Las Cazuelas del Miravalles, también ha llegado la hora del almuerzo y no hay nadie.

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Su nuevo administrador, Manuel Picado, dice que la afluencia de conductores y visitantes ha mejorado un poquito en los últimos meses, pues al colocar la parte de la calzada frente a su negocios, rellenaron los topes a manera de rampas para que los clientes puedan ingresar.

“Estuvo bien malo, especialmente cuando lo tenía mi papá, pero ahora ya ha mejorado algo. No obstante, también estamos en temporada baja y no se puede pretender que llegue mucha gente”, señaló Picado.

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