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A un mes de cerrar su capítulo como presidenta

La nostalgia acompañó a Laura Chinchilla a las urnas

Actualizado el 07 de abril de 2014 a las 12:00 am

Aplausos, porras y hasta rosas recibieron a la mandataria en Desamparados

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La nostalgia acompañó a Laura Chinchilla a las urnas

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Acompañada por abrazos, algarabía y mucha nostalgia, Laura Chinchilla Miranda acudió ayer a la Escuela Joaquín García Monge, en Desamparados, a votar por última vez con la investidura de presidenta de la República.

Después de completar el ritual de marcar una “X” en la papeleta presidencial, Chinchilla comenzó en forma oficial la cuenta regresiva que la llevará a entregar el poder, dentro de 32 días, a su sucesor.

Chinchilla reside en Pozos de Santa Ana, pero mantiene su domicilio electoral en Desamparados, el cantón que la vio crecer.  | MARIANDREA GARCÍA
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Chinchilla reside en Pozos de Santa Ana, pero mantiene su domicilio electoral en Desamparados, el cantón que la vio crecer. | MARIANDREA GARCÍA

La junta receptora número 500 fue testigo del sufragio presidencial, mientras decenas de desamparadeños aplaudían en los pasillos del centro educativo al ritmo de un “chiquitibum a la bim, bom, ba” o de un “¡viva Laura!”.

“Todos los que dejamos atrás una etapa de nuestras vidas siempre sentimos un poquito de nostalgia”, admitió Chinchilla en las afueras del recinto electoral.

Aseguró que invirtió lo mejor de su energía durante el ejercicio del cargo y que, en el último mes de gestión, su compromiso será entregar al próximo presidente “un terreno lo más chapeadito posible, lo mejor abonado posible en el marco de las circunstancias”.

Bien recibida. Un ramo con rosas blancas envueltas en papel celofán verde pasaron de mano en mano entre los miembros de la Juventud Liberacionista, quienes esperaban el arribo de Chinchilla en la Escuela Joaquín García Monge.

La presidenta avisó que llegaría a votar a las 9:30 a. m. Por ello, desde tempranas horas las calles circundantes al centro educativo se encontraban cerradas por asuntos de seguridad.

Tantas medidas provocaron el enojo de Felipe Pardo, un transportista del Partido Acción Ciudadana (PAC), quien a toda voz reclamó el derecho al libre tránsito a los delegados del Tribunal Supremo de Elecciones (TSE) e incluso intercambió empujones con simpatizantes verdiblancos.

Sin saber sobre ese incidente, a las 10: 30 a. m., la presidenta arribó y, en medio de la multitud que le pedía fotos y abrazos, avanzó hasta el toldo del PAC para saludar también a sus voluntarios.

Ahí, un apretón de manos y una sonrisa pareció calmar la ira del propio Pardo.

Acompañada por la diputada saliente Annie Saborío, siguió su ya tradicional rutina de alzar niños y saludar de beso a los adultos mayores –en su mayoría mujeres– que la esperan en los pasillos de los sitios que visita.

Su tía, Marta Chinchilla, de 80 años, observaba la reacción de la gente desde las gradas. A ella no le sorprenden las muestras de afecto, pues afirma que desde joven la presidenta se caracterizó por ser muy cariñosa.

En cuestión de minutos, el patio central de la escuela se tiñó de camisetas verdes y sombreros blancos, mientras que la mandataria, enfundada en una blusa de seda azul, caminaba con lentitud entre la multitud.

Una cadena humana de delegados del Tribunal, por cuyas frentes bajaba el sudor a cántaros, la resguardó hasta la salida.

En cuanto se percató, la sonrisa y el buen semblante que traía Chinchilla se difuminaron y les ordenó que abrieran el paso: “Por favor, no hagan eso. Así la gente no se puede acercar. ¡Si yo ya les he perdido el miedo!”.

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Gloriana Corrales

gloriana.corrales@nacion.com

Periodista de Revista Dominical

Periodista en la Revista Dominical de La Nación. Es graduada de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo de la UCR. 

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