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Luis Guillermo Solís tuvo su día entre lágrimas, visitas y ‘ selfies’

Actualizado el 07 de abril de 2014 a las 12:00 am

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Luis Guillermo Solís tuvo su día entre lágrimas, visitas y ‘ selfies’

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Luis Guillermo Solís se enjuga las lágrimas en la banca de primera fila en la catedral metropolitana. A su lado, su pareja Mercedes Peñas. | MAYELA LÓPEZ.

El candidato de Acción Ciudadana (PAC), Luis Guillermo Solís, tuvo ayer un día más que completo, que empezó con ‘pinto’, pejibayes, optimismo y prudencia, más una merienda en misa que le dio una mañana de risa y llanto.

Y en ningún momento de su andar dejó de pedir el voto que le hacía falta, “el suyo”, repetía.

A las 6:06 a. m. había abierto a la prensa las puertas de su casa en el condominio Villa Fontana, en barrio Escalante, donde arrancó la marcha junto a su pareja Mercedes, su hija Mónica y el rector de la Universidad Internacional de Florida, Mark Rosenberg, quien lo acompañó toda la jornada.

En medio desayuno recibió dos llamadas del extranjero: sus hijos Ignacio y Cristina. Ese fue el único momento en que, al menos en público, se le quebró la voz. Las lágrimas vendrían más tarde.

Salió para un recorrido maratónico, nada raro en una campaña plagada de rarezas.

Su primera actividad fue en la catedral metropolitana, donde escuchó al obispo José Rafael Quirós dar un sermón basado en el pasaje bíblico sobre Lázaro y llamando al próximo gobierno a permitir la gobernabilidad, reducir la pobreza, fortalecer la libertad religiosa y la unidad nacional.

Solís lo escuchaba sereno, pero por un instante se le escaparon las lágrimas. Dos bancas atrás estaba Jorge Pattoni, candidato a la Vicepresidencia de Liberación Nacional (PLN). Un día antes, el aspirante verdiblanco Johnny Araya confirmó que no iría a la ceremonia.

A la salida de misa, en las gradas de la catedral, Solís tomó el impulso que marcó el ritmo del resto del día: besos, abrazos, empujones y fotos, muchas fotos.

En pocas horas, acompañó a su papá Freddy Solís a votar en Paracito de Santo Domingo; visitó la tumba de su madre Vivienne Rivera, en el cementerio de San Pedro, y votó, a las 11:11 a. m., en el Liceo de Curridabat, en medio de un tumulto que amenazaba con lesionarlo.

“No me maten de amor”, suplicaba, pidiendo calma.

Por la tarde se dedicó a visitar emisoras, televisoras y barrios, expedición que se veía interrumpida por paradas improvisadas para saludar simpatizantes que le pedían a gritos una foto estilo selfie.

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Luego, una pausa para recobrar energías para la noche. El candidato que inició la campaña en el margen de error de los sondeos, insistió en pedir a la gente ir a votar. Afirmaba que quería llegar al millón de votos y, al final del día, lo logró.

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