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Asilo en Desamparados retuvo documentos

Ancianos esperaron su cédula 4 horas para votar

Actualizado el 03 de febrero de 2014 a las 12:00 am

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Ancianos esperaron su cédula 4 horas para votar

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Los 64 adultos mayores inscritos para votar en el hogar de ancianos Ofelia Carvajal de Naranjo, en Desamparados, esperaron más de cuatro horas para emitir el sufragio, desde que se abrió la mesa, a las 6 de la mañana.

Según dijeron las miembros de la junta, la directora del centro tenía guardabas y, bajo llave, las cédulas de identidad de todos ellos.

Un equipo de La Nación esperó a que llegara la directora del recinto, Clara Sojo, para consultarle sobre el atraso. Cerca de las 9:45 a. m. dijo lo siguiente: “Antes de las 10 de la mañana aquí nadie vota porque debemos bañarlos, vestirlos y ellos deben desayunar”.

Luego aseguró que comenzarían a asistir a los adultos mayores en el voto, mientras algunos fiscales de otros partidos exteriorizaron su molestia por la tardanza.

En ese asilo había 71 personas inscritas. Cuatro fallecieron desde octubre del año pasado. Otras tres llegaron a votar antes de las 9:30 a. m., desde fuera del hogar.

Según el Tribunal Supremo de Elecciones, en todo el país se abrieron 38 juntas para recibir 2.112 votantes de hogares de ancianos.

Alajuela fue la provincia que registró más electores con 663, seguida por San José (606), Puntarenas (286), Cartago (184), Guanacaste (165), Heredia (122) y Limón (86).

El hogar de ancianos Santiago Crespo Calvo, de Alajuela, tuvo el grueso de votantes, con 190, así como el Carlos María Ulloa, ubicado en Goicoechea, con 173 electores.

Precisamente, en la entrada de la biblioteca donde se instaló la junta receptora de votos del hogar de ancianos Carlos María Ulloa en Goicoechea, Vilma Quesada y Florita Montoya se reencontraron con un abrazo. Son las 11 a. m. del domingo. El día está soleado como las tantas veces que ellas han votado a lo largo de sus vidas. Ambas se saludan efusivas. No se han visto desde hace cinco meses cuando Florita se fue del asilo para una residencia geriátrica.Vilma, de 76 años, yace en su silla de ruedas, con los lentes bien puestos y la cartera a un lado de la silla de ruedas en la que se moviliza porque le amputaron una pierna desde hace dos años. Mientras tanto, Florita, vestida con el hábito blanco, hace fila a su lado para ejercer el voto.Es el turno de Vilma, pero cuando los miembros de la mesa le piden la cédula no la encuentra. Una de las miembros de la junta Sonia Valerín, quien es la administradora del asilo, le dice a la adulta mayor que no puede votar sin ese documento, entonces manda a que le busquen la cédula y procede a sacar a doña Vilma de la biblioteca para que pasen otros votantes.Al rato, doña Vilma se acuerda de que su cartera negra está con ella en la silla, la revisa, saca la cédula con su mano y eleva el brazo lo más que puede, pero ahora debió hacer fila otra vez. Su criterio para escoger presiente, vicepresidentes y diputados fue la tradición. Desde joven recuerda que participó en la política repartiendo almuerzos en Zapote, de donde es vecina. Hasta contó que dos nietos suyos, unos gemelos de 13 años, están haciendo lo mismo, según le contó su hijo esta mañana cuando la llamó a las 5:30 a. m. para recordarle que debía votar.“Antes había mucho entusiasmo en las elecciones. Ahora todo es muy apagado, son muchos candidatos”, dijo doña Vilma. En total, en el padrón electoral del hogar Carlos María Ulloa había inscritas 173 personas: 162 ancianos albergados, tres de fuera y ocho que fallecieron en los últimos meses. Hasta las 11:40 a. m. ya habían votado 75 adultos mayores.En esa misma fila, en otra silla de ruedas, estaba Virginia Barrantes, de 90 años. La acompañaba su sobrina-nieta Gabriela Sancho, quien la asistiría en la votación. Doña Virgina cuenta que jamás ha dejado de votar, incluso, señaló que fue la recepcionista del entonces presidente (1978-1982) Rodrigo Carazo (q. d. D. g). Esta sería la cuarta vez que vota en el hogar de ancianos Carlos María Ulloa, donde lleva 12 años de vivir.Nunca tuvo hijos y, tras la administración de Carazo, se fue a vivir a Venezuela, donde se casó con un español. “Yo la cuido, vengo por lo menos una vez por semana a estar con ella. Ella es como mi abuela desde que mi abuela materna murió. Venir aquí significa un crecimiento personal. Yo de pequeña trabajaba con ella en el mercado central, en el tramo Los Andes, que mi familia todavía lo tiene”, expresó la sobrina-nieta.

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