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Estudiante Wendell Rivera: ‘El país se olvidó de formar gente feliz’

Actualizado el 08 de marzo de 2015 a las 12:00 am

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Estudiante Wendell Rivera: ‘El país se olvidó de formar gente feliz’

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Irreverente desde niño, Wendell Rivera concluyó sexto grado de escuela y no volvió a las aulas del colegio hasta sus 26 años.

Memorizar contenidos para un examen terminó por desmotivarlo y así optó por el aprendizaje de la calle durante 14 años, hasta descubrir una meta que lo convenciera.

“Mi papá una vez me dijo que yo estaba soñando mucho y que esperaba que cuando despertara, no me encontrara con la muerte. Así que me dí cuenta de que no podía vagar sin ninguna meta en la vida y regresé a las aulas para convertirme en maestro y enseñar en los territorios indígenas. Eso es lo que a mí haría feliz. Trabajar para servir”, señaló Rivera.

Este joven cursa décimo año en el Centro Integrado de Educación para Jóvenes y Adultos (Cindea) Alberto Brenes, ubicado en barrio México de San José y afirma que la única forma de no desistir de las clases en la noche es su deseo de conseguir el título de bachiller.

“El país se olvidó de formar gente feliz. Si en lugar de imponer contenidos dejaran que cada quien desarrolle sus habilidades, el país estaría mejor. La sociedad está confundida con el término de éxito. Los muchachos estudian para tener un trabajo en el que no son felices y se conforman con dinero”, agregó.

Limitaciones. Como él, la mayoría de las personas que cursan sus estudios en un colegio nocturno se salieron del sistema diurno o nunca habían entrado a un aula.

Para permanecer en el sistema, sus compañeros coinciden en que es necesario luchar contra las dificultades económicas y evitar ausentarse a las lecciones.

“Vendo productos de catálogo para mantener el hogar, me levanto desde las 4 a. m. y tomo vitaminas para llegar ‘en todas’ a la clase. Si uno quiere una meta, tiene que dar todo por ella, lo que pasa es que el cansancio y las limitaciones a veces son muy fuertes para muchos de los compañeros”, añadió Rosibel Molinares, vecina de Hatillo.

Profesores y directores coinciden en que el tiempo efectivo que tienen los estudiantes de colegios nocturnos para prepararse para las pruebas es insuficiente.

“Un factor que afecta a los nocturnos es que los exámenes son estandarizados, sabiendo que en la noche pasan menos horas en el aula. En el día, reciben dos horas más. La situación económica y las jornadas laborales también influyen mucho en el rendimiento, según sea la condición de cada estudiante”, dijo Numan Alvarado, director del Colegio Nocturno Calasanz, en Montes de Oca.

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