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‘Un maestro con mala formación es dañino’

Actualizado el 25 de agosto de 2014 a las 12:00 am

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ALBERTO BARRANTES C..

Costa Rica graduó a 11.026 profesionales en Educación durante el 2013, según datos del Consejo Nacional de Rectores (Conare).

Pese a que la cifra de nuevos docentes creció 15%, respecto al 2009, el país continúa sin una política que evalúe y mejore la calidad del educador que llega a las aulas.

Eleonora Villegas-Reimers, docente del Wheelock College, en Estados Unidos y miembro de la red internacional de investigadores ProLeer, estuvo en la Universidad Nacional (UNA), la semana pasada, y conversó con La Nación sobre la importancia de controlar la calidad de quienes educan.

¿En qué se traduce la mala formación de un docente?

Un docente mal preparado y que no reciba formación después de graduarse no es efectivo. Y más allá de que no enseñe, el problema es que desmotiva a los niños.

”Un maestro con mala preparación es dañino y puede hacer un daño en el estudiante a largo plazo, haciéndole creer que la escuela es un sitio aburrido, donde va a sufrir, a ser calificado y regañado”.

¿Qué papel juegan las universidades? ¿Hay una desconexión entre los planes de estudio y lo que se le exige al profesor en el aula?

En muchos países, está el problema de la separación entre lo que se pide del docente y lo que se imparte en las universidades. Las autoridades de Educación cambian los planes de estudio, pero el docente es el último en aprenderlos.

”Para solucionar esto, me parece que las universidades cumplen un papel fundamental.

”Estoy a favor de que sean instituciones autónomas, pero el hecho de que sean autónomas no tiene que significar que vayan por un lado, mientras el Estado va por otro.

”Hay que construir en conjunto el sistema educativo. En la mayoría de países no se dan cuenta lo grave que es esa desconexión”.

Ante un aumento en la cantidad de graduados en Educación, ¿qué tan importante es el proceso de selección que se haga?

Es importantísimo. Creo que hay que seleccionar varias cosas: Primero, el país tiene que ser muy selectivo con los programas que se usan para preparar maestros. No puede ser que cualquier institución pueda abrir un programa de formación de docentes.

”La gente ve a la Educación como una carrera fácil. Hay que hacer una selección de los futuros docentes y también de las universidades que los están formando, para que a las aulas de primaria y secundaria lleguen los mejores”.

¿Qué tan importante es realizar el proceso de inducción del docente al aula?

Es una de las principales fallas a nivel mundial. No hay un programa de inducción al docente y en esa transición hay golpes muy fuertes para el educador, debido a que en un lapso muy corto pasó de ser estudiante universitario a tener a un grupo de niños o jóvenes a su cargo. Conversar con otros adultos sobre las experiencias que se viven en el aula, ha demostrado que funciona fabuloso.

¿Cuál es el choque en esa transición tan abrupta?

La parte de enseñanza es la más fácil; lo difícil es el manejo de grupos y del comportamiento de los niños, eso es lo que más cuesta. Es la capacidad de poderse salir del guión rígido, sin quedarse mudo ante la pregunta de un niño.

¿Como fortalecer el tema de la selección de profesionales?

Mediante pruebas graduales que midan la calidad de los docentes. Que se compruebe que quien llega a Educación es un persona capacitada y con vocación y no aquellos que no tuvieron el puntaje para entrar a otras carrera.

”Hay que ser más riguroso en el proceso de selección. Solo el detalle de dejar a alguna gente fuera, hace que el estatus suba. La educación es un sistema, y como tal, si una parte falla , todo va a fallar. No podemos mejorar la educación, si tenemos mala formación de maestros”.

¿Cree que la carrera ha perdido respeto?

Sí, para pocas familias es una alegría cuando sus hijos dicen que quieren ser docentes. La carrera de Educación ha perdido el respeto y eso se traduce en las aulas y con los estudiantes. Hay un estigma por ser educador.

¿La falta de tiempo es excusa para no prepararse?

No es una excusa, pero sí es una razón de peso para actuar. La falta de tiempo es real, pero ante ella hay que hacer cambios. Si tenemos unas vacaciones de ocho semanas, tomemos tres de esas para desarrollo profesional. Decir que un curso bien planificado es una pérdida de tiempo, nos genera pérdidas mayores en el aula.

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