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La ausencia o lejanía de los padres no los detuvieron

Actualizado el 04 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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La ausencia o lejanía de los padres no los detuvieron

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Carlos E. Vargas

Liberia, Guanacaste- A diferencia de sus compañeros, Blanca y Luis Alberto no dedican sus días libres a visitar a sus padres. Blanca, porque dejó a los suyos en Honduras, y Luis Alberto porque decidió independizarse de los suyos.

Son jóvenes con historias casos atípicos.

Ellos dos son estudiantes del Colegio Científico de Liberia, y llevan una vida muy diferente a la de los otros compañeros de clase.

Hace 8 años Blanca Espinoza dejó su natal Honduras. Primero vivió con unos tíos en Playa Hermosa. Terminó la primaria en una escuela en Playas del Coco. Volvió a su país, pero al cursar el sétimo año consideró que era mejor intentarlo acá nuevamente.

Regresó y esta vez fue apadrinada por una pareja de estadounidenses vecinos en Playa Hermosa. Ellos le pagan todos los gastos. Entre semana la joven vive en casa de una compañera en Liberia y los fines de semana va a visitar a su tutores en Playa Hermosa.

“Estoy aprovechando esta oportunidad, aunque uno a veces siente que le hace falta la familia, creo que la decisión que tomé es la correcta para mi vida”, dijo esta joven que sueña con estudiar Ingeniería Civil.

Luis Alberto Juárez , por su parte, la ha tenido más complicada.

Deportista distinguido en atletismo y además muy bueno en matemáticas, este joven de 18 años se paga con su beca un apartamento en el barrio El Capulín de Liberia. Solo para eso le alcanza la beca. Todo lo demás se lo procura gracias a la ayuda de algunos profesores y también de los tutores de Blanca. Además, da centros de matemáticas para ganar dinero extra. “Aprovecho que soy buenillo en Matemáticas y entonces doy centros y cobro por eso, así me ayudo con los gastos”, dijo este estudiante.

Es hijo de una inmigrante nicaragüense que se vino hace casi dos décadas a coger café. Él nació acá.

Durante los primeros años de colegio en el Liceo Laboratorio de Liberia, salía corriendo para ir a trabajar como cajero en un puesto de venta de lotería y ayudar en la economía familiar.

Un profesor lo motivó a aplicar para el Colegio Científico, pero al ser aceptado tuvo la oposición de su madre y su padrastro. “No les pareció eso, porque si yo me venía para el Científico no podía trabajar más, y ya era plata que dejaba de entrar a la casa”, agregó.

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Ya le tiene el ojo puesto a estudiar mecánica de aeronaves, pero como no la ofrecen en Costa Rica, espera cursar primero en la Universidad de Costa Rica Matemáticas Actuariales.

Estos dos jóvenes saben que su paso por este colegio no ha sido igual al de muchos otros: deben madurar más rápido porque al vivir fuera de sus hogares, no se pueden desviar de su meta final.

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