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Pobreza complica las aulas rurales

Actualizado el 16 de mayo de 2015 a las 12:00 am

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Pobreza complica las aulas rurales

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Ana Leydi Arias, quien tiene a su cargo 15 niños del kínder de la Escuela de San Jorge de Cutris, en San Carlos. | CARLOS HERNÁNDEZ.

SAN CARLOS. Pobreza y deficiencias en infraestructura educativa hacen más difícil la labor de la maestra Ana Leydi Arias, quien tiene a cargo 15 niños del kínder de la Escuela de San Jorge de Cutris, en San Carlos.

La pequeña aula en la que labora Arias carece de servicio sanitario y lavamanos, tal y como lo establece la ley. Tampoco tiene el mobiliario adecuado. Las sillas y mesas son de plástico y fueron los padres de familia quienes hicieron la donación.

Los niños no tienen un mueble para guardar materiales, y el aula modelo, con espacios para el aprendizaje, es una ilusión.

A ese centro educativo tampoco ha llegado capacitación de los nuevos programas de estudio de Preescolar del Ministerio de Educación Pública (MEP).

“La falta de información sobre cómo ejecutar los programas de estudio impide desarrollar los nuevos contenidos, con el perjuicio de que los niños empezarán la primaria con un desfase respecto a alumnos de otros centros de enseñanza donde sí se aplican”, afirmó Ana Victoria Solís, directora del centro.

Carencias. La directora agregó que la falta de materiales que tienen las docentes para trabajar, también complica la labor de las maestras.

“Aquí la tecnología es un sueño. Uno desearía mejores oportunidades para los niños, pero la única computadora a la que tienen acceso es la de la maestra que la lleva al aula como parte de su equipo de trabajo”, dijo.

La otra gran limitación que tiene el kínder es que no se le asignó presupuesto este año para alimentación. Ante esa situación, los padres de familia se organizaron para hacer rifas en la comunidad y comprar merienda para el grupo de niños.

“Las familias organizan eventos recreativos para reunir el dinero necesario para financiar la compra de comida. Puedo decir que hay buena comunicación con los hogares. La necesidad nos une, pero nos limita en el proceso de aprendizaje”, expresó Solís.

El aula ideal propone que los niños cuelguen en las paredes sus propios dibujos. Sin embargo, ¿cómo generar este tipo de espacio, cuando las crayolas o los lápices de color son un lujo?

Entre el campo y la ciudad, la realidad traza crudas diferencias entre el proceso de formación que reciben unos y otros.

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