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Todos somos unas víctimas potenciales

Actualizado el 25 de marzo de 2013 a las 12:00 am

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Usted va manejando su carro. La última imagen que graba su memoria es la de la vía perdiéndose en el horizonte.

De repente, abre los ojos, la única parte de su cuerpo que puede mover. No puede hablar porque una manguera le atraviesa la garganta. ¿Qué pasó?

Susceptibles. El fisiatra del Centro Nacional de Rehabilitación (Cenare) Roberto Aguilar Tassara se ha topado con muchos pacientes que han vivido una experiencia similar a la descripción anterior.

Por eso, una de las primeras cosas que comenta durante la entrevista es: “La mayor parte de la gente piensa que esto no le puede pasar. Hasta que un día abren los ojos y se sienten paralizados, o despiertan cuatro meses después y no pueden hablar. Todos somos susceptibles a sufrir uno de estos accidentes”.

Y agrega: “La rehabilitación lo que intenta es optimizar las habilidades que quedaron después del accidente. No es para poner a caminar a un paciente. Es para entrenarlo para que vuelva a comer, a hablar, a usar sus manos.

”¡Qué difícil es ver esto cuando se trata de un niño! Al menos, un adulto ha logrado vivir algunos años de manera normal, ¿Pero un niño? Cuando le pasa algo así a un chiquito, a uno, como médico, lo que más le duele es ver que le tocarán muchos, pero muchos años con una vida llena de limitaciones”.

Debido a la gran cantidad de víctimas de accidentes (es la segunda causa de atención en el Cenare), este hospital ha tenido que abrir dos unidades especializadas.

La primera es la unidad de trauma de cráneo. La segunda, la de lesionados medulares. Ambas lesiones son las más frecuentes en víctimas de percances viales.

Las personas con traumas graves de cráneo quedan con dificultades para moverse, comer y hasta con problemas para controlar las emociones. Su integración a la “vida normal” es más lenta y difícil.

El terapeuta físico Esteban Fatjó atiende a los lesionados de médula. “En estos casos, la rehabilitación antes de volver a casa se lleva de seis meses a un año. Solo el primer mes es para desinflamar la médula. A partir de ahí, se inicia la terapia”.

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A la gran mayoría de estos pacientes, Fatjó los enseña a dar vuelta de un lado y a tener movilidad en la cama, como sentarse.

“Buscamos entrenarlos para que tengan más independencia. En el fondo, la persona que quiere salir adelante lo logra”, recalca el terapeuta físico.

Lo que más cuesta, dice Fatjó, es ver cómo una persona logra cierto nivel de independencia, pero cuando llega a su comunidad o casa, se topa con barreras físicas que le frenan ese proceso.

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Ángela Ávalos R.

aavalos@nacion.com

Periodista

Periodista de Salud. Máster en Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, España. Especializada en temas de salud. 

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