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‘El país pacífico’ enganchó a una familia de misioneros

Actualizado el 03 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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‘El país pacífico’ enganchó a una familia de misioneros

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                         La familia Perkins llegó al país en diciembre pasado. En la foto faltó el menor, Trey, pues andaba  de gira. | JORGE ARCE
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La familia Perkins llegó al país en diciembre pasado. En la foto faltó el menor, Trey, pues andaba de gira. | JORGE ARCE

El día a día en Costa Rica, “el país pacífico”, fue gancho para madre, padre y sus cinco hijos estadounidenses; los impulsó a quedarse a vivir aquí como misioneros.

“Los buses públicos han sido un reto, un verdadero desorden, pero ya estamos acostumbrándonos”, admite Jennifer Perkins, la madre, cinco meses después de su llegada, el 30 de diciembre.

Desde entonces viven frente al parque Los Sauces, en San Francisco de Dos Ríos, muy cerca del Instituto de Lengua Española.

Esa zona es reconocida por albergar a gran número de familias como esta. De acuerdo con el Censo 2011, el 41% de los estadounidenses radicados en el país son hogares conyugales con hijos.

Mientras Ken y Jennifer Perkins aprenden español en ese instituto, sus hijos Mackenzie, Micah, Sienna, Sydney y Trey asisten a clases ordinarias en el edificio contiguo, el de la asociación Centro Educativo Bilingue.

La familia Perkins forma parte de una organización misionera estadounidense que se dedica a enviar grupos de voluntarios a países como este, y los financia. Una vez aquí, mientras “esparcen” su religión, ayudan a las comunidades e iglesias locales, enseñan deportes o impulsan programas de alimentación en zonas urbano-marginales.

De hecho, estas acciones caritativas motivan a muchos otros extranjeros a venir. Solo en el Instituto (exclusivo para misioneros) estudian hoy 110 personas, y otras 19 están por iniciar lecciones.

Aunque la mayoría de estos grupos “salta” de país en país, los Perkins no tienen intención de irse.

“Aquí la vida es más lenta y tranquila, no existe tanta presión ni estrés como en Estados Unidos, donde el ritmo es mucho más intenso”, explicó la madre, ilusionada.

Además de esa vida tranquila y amable que, dicen, emanan los ticos, a este clan proveniente de West Virginia les atrae el valor que le dan a la familia. “Queremos que nuestros hijos crezcan bajo ese concepto”, admiten ambos padres, casi al unísono.

Reto. No se refieren a que en Costa Rica no hay retos. De hecho, además del bus público, Jennifer resalta lo bochornoso de hacer compras: debe ir de tienda en tienda (no hay una sola que lo tenga todo) e invierte todo el día en mandados básicos.

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Para Mackenzie, su hija mayor, de 12 años, a pesar de lo complejo que fue adaptarse, hacer amigos y entender el idioma, “una vez que nos acostumbramos, es bien fácil”.

Esta numerosa familia, que por ahora concentra sus esfuerzos en aprender español, vivió un cambio dramático: en su país natal, Ken, de 44 años, fue entrenador de futbol y Jennifer, de 39, de voleibol. Sus niños se criaron deportistas y eso está bien, pues las piernas son aquí su único “medio de transporte”.

Mientras cuatro de sus cinco hijos (el menor está en gira) corren y saltan alrededor de las zonas verdes del Instituto, los padres declaran que la visita de Barack Obama los toma por sorpresa.

No están seguros de aprobarla; alegan desconocer qué es exactamente lo que lo mueve. En todo caso, esperan que sea algo bueno.

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