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Escuela del Hospital Nacional de Niños ofrece desde maternal hasta colegio

Entre batas y jeringas alumnos hospitalizados entraron a clases

Actualizado el 17 de febrero de 2013 a las 12:00 am

Centro permite a pacientes no dejar el estudio durante el internamiento 28 docentes trabajan en coordinación con el equipo médico

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Entre batas y jeringas alumnos hospitalizados entraron a clases

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Con un lápiz en forma de jeringa, Jarvin Espinoza, de 12 años, llena un folleto de Español.

Si estuviera con sus compañeros de sexto grado, en Puerto Viejo de Sarapiquí, de seguro aquel implemento sería una curiosidad.

Sin embargo, desde su cama en la sección de Neumología del Hospital Nacional de Niños (HNN) parece ser una extensión de los cilindros, batas y agujas que lo rodean desde hace 15 días.

Muy cerca de él, Lady Leitón, de 6 años, sujeta un lápiz de color verde con su mano izquierda y hace su mejor esfuerzo por respetar las líneas del dibujo de una oruguita y una mariposa.

La tarea sería más fácil de no tener entablillado su brazo derecho, con el que normalmente hace trazos y colorea.

Por razones de salud, ninguno de ellos recibió el nuevo curso lectivo el 6 de febrero, en su escuela y junto a sus compañeros.

Eso no impidió, que una semana después, entraran a clases pero en la escuela del hospital que atienden desde niños de maternal hasta colegiales.

El centro lo conforman 28 docentes que convierten los cuartos en aulas y las camas en pupitres.

“Hay niños que están aquí desde una semana, hasta meses e incluso años. Ellos requieren atención especial; por eso todos somos profesionales en educación especial”, explicó Paola Vindas, coordinadora de la sección de cirugías.

Camufladas con coloridas gabachas, las maestras recorren los pasillos tal y como lo hace todo el personal de salud. Incluso están estructuradas de acuerdo con las especialidades médicas.

Y si bien insisten en que no son ni doctoras ni enfermeras, su trabajo depende de una comunicación fluida con esos profesionales, lo cual constituye uno de los grandes retos para los docentes, según la directora, Damaris Barquero.

“Deben comunicarse con los médicos, quienes les informan sobre la condición de salud y qué se puede y qué no hacer con los estudiantes, pero además, tienen que coordinar con la familia sobre las necesidades pedagógicas, con las escuelas de donde provienen y hasta con la comunidad”, explicó.

Además, estas docentes deben usar su ingenio para adaptarse a una matrícula que cambia constantemente y puede abarcar hasta 800 niños en un mes, según relató la maestra de la sección de preescolar, Ana Cristina Campos.

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“Una tiene que ser ágil y proactiva. Por ejemplo, hoy tenía cuatro bebés de 6 meses. Se hizo el planteamiento, pero mañana me encuentro con un bebé de año y medio. ¿Cómo resuelvo con el material que tengo?”, ejemplificó la maestra.

Sin embargo, aclaró que el trabajo también implica entender las necesidades reales de cada niño, ya que muchas veces no están siquiera en condiciones de estudiar.

“ Creo que a todas nos ha tocado trabajar con niños en condición crítica, pero a veces el bajar, ir al salón de cuidados intensivos y decirles ‘soy la maestra, aquí estoy con mamita’, también es parte de nuestra labor. Una ve la diferencia”.

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