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Folclor tico rompió protocolo de seguridad

La curiosidad de los ticos pudo más que el Servicio Secreto

Actualizado el 04 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Miles de curiosos invadieron pista para tomar fotos a Barack Obama en limusina

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La curiosidad de los ticos pudo más que el Servicio Secreto

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Si se comparara una imagen de la llegada a Costa Rica del presidente estadounidense John F. Kennedy, en 1963, con el arribo de Barack Obama, ayer, usted notará que la idiosincrasia del costarricense sigue siendo muy parecida.

Al igual que hace 50 años, miles de costarricenses se lanzaron a las calles para darle la bienvenida al dignatario visitante, a pesar del riguroso operativo de seguridad exigido esta vez por el Servicio Secreto estadounidense.

Con ingenio y picardía, y equipados con teléfonos inteligentes para cazar recuerdos, una multitud saludó a Obama en su recorrido en limusina entre el aeropuerto Juan Santamaría, el Hotel Real Intercontinental y la Cancillería.

Cualquier peñón, muro de concreto y hasta los carriles de la autopista General Cañas sirvieron de espacio para que familias completas rompieran el cerco establecido por autoridades locales y foráneas.

Aunque se suponía que los ciudadanos no iban a poder acercarse a 200 metros, muchos vieron pasar a La Bestia (así le llaman al carro blindado del presidente de EE. UU.) a menos de tres metros.

Por más que los oficiales intentaban que la gente se mantuviera a la orilla de la vía, era como barrer hojas contra el viento.

Algunos se instalaron con sillas plegables y hieleras. Otros, dejaron sus carros y motos en lotes baldíos y caminaron varios kilómetros para buscar un buen punto.

“Hoy es ver a Obama o ver a Obama. Por favor estamos en Costa Rica, nos dirán polos pero esto es historia y hay que ver”, dijo Rosa Cascante, quien llegó desde Belén.

Entre tanto, frente al hotel Real Intercontinental, donde se hospeda Obama, decenas de personas aceptaron estar varios minutos con las manos arriba, para que los francotiradores estadounidenses vieran sus manos, con tal de poder verlo pasar de cerca.

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