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Un domingo en el parque metropolitano La Sabana

Tomarse un respiro en el ‘pulmón’ de San José

Actualizado el 10 de marzo de 2013 a las 12:00 am

Deportistas, familias y parejas llenan canchas y áreas de descanso

Las 64 hectáreas para esparcimiento tienen al año unos 2 millones de usuarios

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Tomarse un respiro en el ‘pulmón’ de San José

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En cualquier domingo, aún los atípicos de este marzo, nada impide a muchas familias tomarse un respiro de aire fresco en el Parque Metropolitano La Sabana, “el pulmón de San José”.

Eso, aunque haya que abrigarse un poco para evitar el repentino “chiflón”, como en estos días.

Llegan a pie o en bus. Algunos en un carro pequeño colmado de chunches, que dejan bajo el (des)cuido del “guachi” de turno.

Y como en un acto de magia, del estrujado carro se baja la mamá, el papá, los guilas, la tía, los primos y el zaguate. Encuentran un lugar planito, y extienden en el suelo las sábanas y colchas de la casa.

Por el parque desfila de todo. Desde el atleta casi sin ropa, que no pierde el chance de presumir por los músculos que sacó en el gimnasio; hasta la señora con leggings fucsia y chancletas, más preocupada por la atención de sus hijos.

Según datos del Instituto Costarricense del Deporte, La Sabana, de 64 hectáreas, tiene dos millones de usuarios al año, entre familias, deportistas, participantes de eventos, estudiantes, turistas y hasta comerciantes informales.

Domingo de mejengas. La Sabana es un estadio de mil canchas de futbol, donde un balón y dos personas, bastan para armar la mejenga.

Si los de la FIFA supieran que aquí el futbol se juega y vive sin estadios ni canchas demarcadas, tal vez entiendan y devuelvan la organización del Mundial Femenino.

El hombre tico no tiene complejos: no hace falta un abdomen como el de Cristiano Ronaldo para atreverse a jugar sin “chema”. Y nadie domina el balón como Messi, pero el partido se pone más intenso que los de la Primera.

Un grupo de señores lleva más de 30 años de venir a “tocar bola”, pues celebrar los goles se vuelve una terapia.

Sin embargo, basta una jugada violenta para que se les salga un buen madrazo, o se ponga en duda la hombría del adversario.

Para cuando llegue el hambre, salen de las bolsas plásticas los recipientes de arroz con pollo o atún, vigorón, y huevos duros con tortilla y sal.

Sándwiches de frijol o de jalea que se llevan en la misma bolsa del pan y botellones de gaseosa, pero con fresco de paquete. Una familia incluso traslada la bebida en una botella de cloro.

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Cuando quema el sol, o se asome el antojo, una pipa fría o un granizado con bastante leche en polvo calmarán la sed y el capricho.

Hay más que futbol. Más de 100 personas aprovechan una enérgica clase masiva de aeróbicos cerca de la pista atlética.

A pocos metros, los fiebres de la patineta intentan 40 veces un truco aunque fallen 39. Y si camina por los trillos, esté atento: es la pista de los jóvenes en bici.

Algunas familias se aventuran a pedalear en bote por el lago. Incluso la mamá, renuente, se coloca el salvavidas para evitar desgracias.

Es el pequeño Central Park ¿Qué hay más costarricense que querer jugar en las grandes ligas, aunque uno sea chiquitico?

Tal vez por eso en La Sabana sea tan usual ver a niños que entrenan, desde ya, soñando que algún día serán futbolistas de renombre.Y mientras juegan, espera a recibirlos, de fondo, el Estadio Nacional.

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