Escuela unidocente en turrubares entregó un solo título de sexto grado

Pueblo de Fila Negra celebró a Briguitte, la única graduada

Ni la falta de luz ni de agua potable impidieron agasajar a hija de jornalero

Niña recorrerá 25 kilómetros diarios para ir al colegio el próximo año

Últimas noticias


        
        
      Ayer desde temprano, Briguitte Rodríguez se preparó para su graduación de sexto grado, a cargo de su maestro, Gilberto Jiménez (foto superior). Antes del acto oficial, Jocelyn Cascante, prima de Briguitte, le puso sombras azules en los ojos y brillo en los labios (foto inferior). | JULIANA BARQUERO
Ayer desde temprano, Briguitte Rodríguez se preparó para su graduación de sexto grado, a cargo de su maestro, Gilberto Jiménez (foto superior). Antes del acto oficial, Jocelyn Cascante, prima de Briguitte, le puso sombras azules en los ojos y brillo en los labios (foto inferior). | JULIANA BARQUERO ampliar

Fila Negra, Turrubares. Todavía a las 11 a. m., Briguitte Rodríguez Godínez tenía los dedos untados de goma y escarcha dorada, mientras trabajaba en las letras azules que adornarían la pizarra en su graduación de sexto grado.

La niña de 12 años es la única alumna que ayer recibió su título en la Escuela Unidocente de Fila Negra, enclavada entre los potreros de Turrubares, cantón de San José. Una hora antes, Briguitte y su maestro, Gilberto Jiménez, practicaron el corto, pero emotivo desfile que repetirían en la tarde frente a los 25 miembros de esta comunidad, casi todos parientes entre sí.

En Fila Negra hay apenas unos 10 hogares, dispersos entre fincas. De ahí, cada día salen cinco alumnos a la escuela a cargo del docente de 50 años, quien viaja en cuadraciclo desde San Antonio de Turrubares, conocido como Tulín. Este es su segundo año aquí.

“He venido a caballo, a pie y hasta he dormido aquí cuando no puedo salir por las malas condiciones del camino. Algún vecino me da lugar para dormir y comer”, confesó Jiménez.

“Esto ha sido fuerte para mí, porque estaba acostumbrado a trabajar en escuelas grandes donde manejaba un grado o dos, nada más. Sin embargo, ha sido una gran experiencia como profesional y muy enriquecedor”, añadió.

En esta comunidad le ha tocado servir de director, conserje e incluso dar servicios de “ambulancia”, cuando su cuadraciclo fue el medio más rápido para llegar a un centro médico durante una emergencia.

La escuela tiene unos 25 años de existir e igual que cuando se levantó, aún no tiene luz eléctrica ni agua potable, aunque un pozo excavado por los lugareños da agua.

En estas circunstancias, de poco sirven la computadora y el proyector con el cual el Ministerio de Educación Pública dotó al maestro.

A pesar de las carencias, voluntad es lo que sobra. Desde las 10 a. m. tres mujeres, dos de ellas madres de estudiantes, preparaban en un fogón el arroz con pollo, ensalada de repollo, papas tostadas y fresco Tang para celebrar la graduación de Briguitte.

Para ellos el acto es muy significativo. De hecho, es uno de los eventos más importantes de la comunidad, por lo que asisten hasta quienes no tienen hijos en la escuela.

“Ellos siempre colaboran y los padres están contentos de que sus hijos se puedan proyectar”, expresó Jiménez.

Ileana Godínez, de 29 años, habló con orgullo del logro de su primogénita. Ella llegó hasta sexto grado en la misma escuela.

“Si Dios quiere, va a ir al colegio de Tulín. Sueño con verla tener una carrera exitosa”, declaró la madre.

Celebración El acto oficial comenzó a las 2:45 p. m., tres cuartos de hora después de lo acordado. La celebración se retrasó para darle tiempo de llegar al padre de la homenajeada, Gílberth Rodríguez, quien iba de trabajar en el campo.

En un breve pero emocionante desfile, Briguitte y sus progenitores marcharon por el aula, entre pupitres de los cuales guindaban varios niños inquietos que jugaban de hacerse cosquillas.

La música de la marcha triunfal, y luego del Himno Nacional, se reprodujo en los parlantes de la computadora portátil del maestro, enchufada a un pequeño generador prestado para la ocasión.

Tras una breve oración y agradecimiento, el profesor entregó pequeños certificados verdes que él imprimió en su casa para reconocer el esfuerzo de sus alumnos.

Posteriormente, juramentó a Briguitte y le entregó el diploma. “Este certificado tiene esfuerzo e historias. Esperamos que lo disfrute y honre continuando con su superación”, concluyó Jiménez.

Ese, justamente, es el plan de la niña, amante de las ciencias y el español, pero no muy amiga de las matemáticas.

“A veces me da miedillo entrar al cole, pero lo normal. Mis papás están muy contentos”, aseguró Briguitte, casi adolescente.

La baja escolaridad de los adultos de la comunidad no impide que comprendan la importancia de la educación. Por ello, apoyan a las nuevas generaciones con el propósito de que puedan ingresar al colegio.

“Me siento muy orgulloso de tener a mi hija en esta categoría y saber que lo hizo con mucho esfuerzo propio y de nosotros también. Ahora hay que seguir adelante a ver si triunfa en muchas otras cosas”, expresó el papá de la graduada.

Asistir al colegio no será tarea fácil. Además del reto que le implicará en lo académico, Briguitte deberá ingeniársela para desplazarse unos 25 kilómetros, al colegio más cercano.

En cuanto al pequeño pupitre de madera que dejará desocupado, ya tiene nuevo dueño: nada menos que su hermano menor, Jonathan Esteban, que en febrero entrará a primer grado a seguir sus pasos.

Rellene los campos para enviar el contenido por coreo electrónico.

Enviar:

Noticia La Nación: Pueblo de Fila Negra celebró a Briguitte, la única graduada