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Las promesas políticas de cada campaña electoral hunden en

Óscar Almengor, líder indígena: ‘Son 20 años de burla y maltrato para los territorios indígenas’

Actualizado el 04 de junio de 2013 a las 12:00 am

Las promesas políticas de cada campaña electoral hunden en enojo y desperanza a los pueblos indígenas, que llevan dos décadas de enviar consultas y ver en la corriente legislativa un proyecto de ley sin avance. Ellos buscan autonomía para gobernar sus pueblos y lamentan la ignorancia de un país que mantiene invisible su agenda, sus necesidades y las costumbres de sus territorios. De San José no envidian nada; en Talamanca viven de una economía solidaria

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Óscar Almengor, líder indígena: ‘Son 20 años de burla y maltrato para los territorios indígenas’

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                 | ALBERT MARÍN
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Durante las ocho horas de viaje en bus desde su natal Talamanca hasta la Asamblea Legislativa, en San José, Óscar Almengor sueña con la llegada del día en que los diputados saquen de la gaveta y voten la ley que faculte la autonomía de los pueblos indígenas en Costa Rica.

La ruta de la montaña a la capital representa para este líder indígena, conocido como Tigre, una lucha contra la hipocresía, el alto costo de la vida, la contaminación y la burla de políticos que prometen en campaña y luego dejan sus promesas en el aire.

¿Qué representan las dos décadas de espera por un proyecto de ley que sigue estancado en la Asamblea Legislativa?

Han sido 20 años de burla y maltrato para los territorios indígenas. Siempre nos prometen y prometen, y al final el proyecto de ley sigue estancado en el Legislativo.

Con miras a la próxima campaña, ¿se acercan los políticos a llevar promesas que se traducen en lo que usted llama burlas?

Sí, como en todo lado. Cuando están en campaña, prometen de todo y no se llega a nada. Nosotros seguimos en la misma pobreza, con la misma miseria y nos siguen violentando nuestro derechos.

¿Qué políticos recuerda usted que llegaron con este tipo de promesas y que siguen sin cumplir?

Bueno, aquí todos, cuando ocupan votos, caminan por la montaña, pero cuando llegan al poder se olvidan de nosotros. Hablo de actuales diputados y hasta de políticos que han llegado a ser presidentes de la República; todos.

¿Cómo ha sido el trato de los diputados en este proceso de negociación del proyecto de ley?

El año pasado nos dijeron que la Asamblea Legislativa era nuestra casa y nos echaron con policías. Eso es el reflejo de lo que representa el indígena para este país: una minoría étnica a la que día a día se le violentan sus derechos y la gente no se quiere dar cuenta.

¿Se mantiene la idea de que el indígena es una persona callada, que no defiende sus derechos?

Sí, muchos han cuestionado el porqué luchamos por un proyecto de autonomía de los pueblos. Creen que los indígenas andamos en taparrabo y en la montaña, pero en Costa Rica hay 104.000 indígenas que se están formando. Hay un cambio que se desconoce.

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¿Qué implica venir a la Gran Área Metropolitana a estudiar una carrera universitaria?

Implica muchísimo. Se deja la familia, las costumbres, se asume un nuevo rol y otra visión de mundo. Es un sacrificio que hay que hacer, pero quien no hace sacrificios en esta vida, no logra nada.

En ese cambio de visión de mundo, ¿cuál es el principal choque cultural que vive un indígena cuando llega a la capital?

El hecho de que todo es comercio. En Talamanca usted puede cortar plátanos, naranjas, aguacates. Allá tenemos todavía el sistema de producción para el consumo; aquí todo es comprado.

¿Alguna anécdota que recuerde de su vivencia en la capital?

Cuando llegué a la Universidad Nacional (UNA), en Heredia, tenía compañeros que no creían que yo era de Talamanca porque no andaba en taparrabo. Eso resume todo.

¿Qué tienen los pueblos indígenas que no tenga San José?

Solidaridad. En los pueblos indígenas hay solidaridad, hay intercambio de productos y tenemos aire puro. Allá hay ríos limpios y hay solidaridad. Aunque en nuestros pueblos hay pobreza, siempre damos de lo que tenemos a los demás.

¿Qué implica el autogobierno?

Es lo que estamos peleando ahorita con el proyecto de ley: que se respete nuestra forma de organización porque existen otras formas de escoger a los jefes y caciques.

¿Es funcional la figura de un alcalde para ustedes?

No. Tiene más función y más peso la asociación de desarrollo, pero la alcaldía no. Ellos están en otras cosas; casi no toman en cuenta el parecer de los pueblos.

¿Termina el municipio siendo un órgano politiquero más?

Se convierte en parte de la maquinaria que está carcomiendo al Estado. Si usted apoyó en campaña, lo apoyan; si no lo hizo, no.

¿Cómo los afecta el tema de adicciones en sus comunidades?

El problema de las drogas está en Alto Telire, Talamanca. Ahí los indígenas son utilizados como mano de obra barata por narcotraficantes y el Gobierno no hace nada; no da opciones de empleo, de educación ni de nada. Ahí la gente está a la deriva. No hay presencia policial, no hay salud, no hay educación. Ese pueblo está abandonado.

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Durante la campaña electoral, la presidenta Laura Chinchilla hablaba de proteger las comunidades indígenas ¿Lo ha hecho?

Todavía tiene oportunidad. Hasta la fecha no ha cumplido eso, pero todavía tiene la oportunidad histórica con Costa Rica de impulsar la aprobación del proyecto de ley que promueve la autonomía de los territorios indígenas. La agenda de los indígenas sigue invisibilizada.

¿Hablan los indígenas de la presidenta Chinchilla?

Hablan sobre todo por los escándalos, no por sus proyectos.

¿Cómo desmitificar el hecho de que los indígenas no son pueblos separados de Costa Rica?

El hecho de que estamos en la montaña no quiere decir que tenemos que estar lejos de las informaciones. Ahora hay más acceso, hay gente más educada, hay más oportunidades. Aún falta mucho, pero hay más opciones de informarse.

¿Qué esfuerzo representa para un líder indígena venir a San José a negociar un proyecto de ley?

Es un costo altísimo. Hay que pagar hospedaje, transporte y alimentación. Es el sacrificio de salir ocho horas en bus, dejar la familia y soportar la burla política.

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