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Manos al barro porque sin horno nadie come

Actualizado el 05 de octubre de 2012 a las 12:00 am

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Manos al barro porque sin horno nadie come

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Florida, Nicoya. Un compuesto de barro, agua y estiércol seco de caballo, son su materia prima.

Sin asco ni contemplaciones German Mora, su hija Káterin y el nieto Starlin Villafuerte, de cuatro años, meten mano en la mezcla, amasan el barro y cuidadosamente adhieren pequeños trozos de teja alrededor de la formaleta.

Así, esta familia ha unido esfuerzos para construir su horno de barro, el cual quedó reducido a escombros con el terremoto.

Para el pequeño Starlin, aquello de amasar barro es un divertido juego. Para sus abuelos, en cambio, es una tarea urgente, pues sin horno nadie come.

En aquella pequeña cueva de barro, se horneaba pan dos veces a la semana y luego se distribuía a los clientes en casas y negocios.

La venta les generaba unos ¢150.000 por quincena.

“Con el terremoto fue lo primero que se nos cayó. Es una situación muy dura porque tenemos casi un mes de no vender nada, hemos acumulado varias deudas y, además, hay que pagar agua, luz y teléfono”, lamentó Lorena Marchena, esposa de German.

Tras el temblor, dijo, los visitaron de la comisión local de emergencias y les pidieron no mover los escombros para mandar a hacer fotos y buscar una ayuda.

Pasaron 22 días y como nadie llegó, decidieron actuar por su cuenta. “Gracias a Dios, mi esposo sabe hacer esto porque si tuviera que pagarlo, serían como ¢100.000”, comentó Marchena, quien espera volver a asar pan en una semana.

Solo el polvazal. Los Mora Marchena no son los únicos afectados en esta comunidad. La economía familiar de Sidana Castillo y Soleida Leal entró en crisis, pues ambas se quedaron sin horno. Castillo lo utilizaba para hornear tanelas, rosquillas y cerámica.

“El día del terremoto, nosotros estábamos en la sala y cuando vimos fue el polvazal que pasaba por la ventana. Yo dije: ‘¡Ay Santísima! ¿Qué pasó?’ Nos asomamos atrás y vimos el horno en el suelo”, narró Adriela Chavarría, hija de Sidana. La joven de 22 años es asistente dental, pero no tiene trabajo fijo.

Según dijo, ya reportaron el caso al Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) y esperan alguna ayuda, pues no tienen recursos para volver a reconstruir el horno.

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A un kilómetro de esta casa está la de Soleida Leal. “El horno era el machete nuestro. Mi esposo es jornalero, pero ahora no hay trabajo”, comenta mientras contempla el escombro de barro y teja. Esta madre de tres hijos ni siquiera reportó la pérdida, pues no sabía dónde acudir.

Adriana Rodríguez,vicealcaldesa de Nicoya, dijo que esos casos se están enviando al IMAS, pues estas familias dependen de sus hornos.

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Mercedes Agüero R.

maguero@nacion.com

Periodista

Periodista con más de 15 años de experiencia en prensa escrita. Desde junio del 2014 forma parte de la Unidad de Inteligencia de Datos de Grupo Nación donde genera contenidos periodísticos a partir del análisis de datos e investigación. Es graduada de la ...

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