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Joven no entró a especialidad pese a tener segunda mejor nota

Actualizado el 09 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Joven no entró a especialidad pese a tener segunda mejor nota

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                         A mediados del 2010, los médicos residentes  lograron mediante una huelga  que se bajara de nueve a tres los años que debían laborar en la Caja a cambio de la formación recibida. | ALONSO TENORIO /ARCHIVO
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A mediados del 2010, los médicos residentes lograron mediante una huelga que se bajara de nueve a tres los años que debían laborar en la Caja a cambio de la formación recibida. | ALONSO TENORIO /ARCHIVO

Unos años atrás, cuando Mercedes –nombre ficticio– vio que obtuvo un 84 en la nota de su examen teórico para ingresar al posgrado de Odontología General Avanzada, en la UCR, creyó que su sueño comenzaba a hacerse realidad.

No era para menos. Sabía que esa calificación era la segunda mejor para ingresar al posgrado que quería, impartido por la Universidad de Costa Rica (UCR).

Si bien sus horas de estudio durante meses le habían dado resultado y aquel 84 era una buena nota, aún le faltaban dos pruebas más para ingresar a la especialidad: la primera, superar un examen práctico; la segunda, una entrevista con los coordinadores.

Lo que Mercedes no imaginó –así lo relata– es que esas dos siguientes etapas marcarían un antes y un después en su futuro.

Antes de ellas, se veía como una odontóloga en un hospital público, al servicio de la población. No fue así. Hoy es la gerente general de una empresa privada en el sector de los servicios médicos.

Sí. Está a gusto, pero todavía piensa en el “si hubiera...”.

Advertencias. Con aquel 84 bajo el brazo, Mercedes hizo el examen práctico, el cual consistía en dar un diagnóstico, en presencia de un grupo evaluador del posgrado, sobre un paciente de un hospital.

Para ella, quien ya tenía tres años de trabajar para la Caja Costarricense de Seguro Social (CCSS) en su campo profesional, aquella prueba no fue difícil.

“Cuando recibo la nota, veo que me habían puesto un 68”. Apeló y ese 68 debió ser un 98, pero de inmediato le advirtieron que mejor se quedara “callada”, porque había “gente” que estaba antes de ella para entrar a Odontología.

“Me dijeron, muy sutilmente, que no hiciera alboroto porque tenían todo para aplastarme y más si quería seguir trabajando en la Caja”, contó la joven.

Mercedes no volvió a saber del posgrado ni de la Caja. Buscó trabajo y hoy es la gerente general de una firma afín al sector salud, con 300 personas a su cargo.

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