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Instituto plantea incorporar más servicios

ICE explora cómo salvar los teléfonos públicos

Actualizado el 06 de junio de 2013 a las 12:00 am

Propuestas irían desde ofrecer wifi hasta facilitar el pago de servicios públicos

Por cada teléfono público existen en la calle más de 300 líneas de celular

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ICE explora cómo salvar los teléfonos públicos

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Esta sección del periódico rara vez habla sobre especies en peligro de extinción, pero esta vez hay un buen motivo: el teléfono público, tal como lo conoció el siglo XX, al parecer vive sus últimas horas.

El Instituto Costarricense de Electricidad (ICE) señaló que el sistema nacional de telefonía pública a duras penas cubre los costos de operación y por este motivo explora posibilidades para replantear su utilidad futura.

Dos opciones a mediano plazo están en la mira: la reubicación de las unidades y la inclusión de nuevos servicios en la terminal, que en la actualidad alberga solamente al viejo teléfono.

Un recorrido por San José revela el contraste entre tecnologías. Mientras las terminales públicas esperan ociosas una llamada (y solo eso), cientos de transeúntes llaman, mensajean, juegan, escuchan música y navegan en Internet desde sus celulares.

El director de Gestión Relación con el Cliente del ICE, Francisco Calvo, explicó que la búsqueda de alternativas todavía se encuentra en una etapa exploratoria, pero es un objetivo remozar el sistema.

“Queremos hacer un uso de las terminales con elementos de mayor inteligencia, como suplir tecnología wifi , pero para esto debemos hacer estudios de factibilidad”, señaló el funcionario.

Otros servicios contemplados por el ICE, considerados como valor agregado al usuario, incluyen la recarga de teléfonos móviles y el pago de servicios públicos. Esto depende del presupuesto con el que cuente el proyecto, pues implicaría una fuerte inversión.

Calvo también valora la posibilidad de trasladar las terminales a lugares donde sean más utilizadas de acuerdo con un análisis de costo/beneficio.

Estas áreas serían zonas turísticas o industriales, pues allí servirían de gancho para fomentar el uso. Eso sí, el servicio se mantendrá en comunidades donde no haya acceso a otras alternativas .

“El ICE no puede quitar de ciertas localidades las terminales públicas porque ahí es el único medio, aun cuando tengamos números rojos en esas unidades”, apuntó.

Móviles. Johnny Sancho tiene dos celulares en el bolsillo derecho de su pantalón, pero ahora se inclina sobre un teléfono público en las inmediaciones de La Gloria, en San José. Marca a casa, en Alajuelita, para anunciar que todo está bien.

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“Sale más barato llamar por el 1110 y que me cobren en la casa que usar el celular”, dice Sancho.

El suyo es un caso atípico, pues el uso de teléfonos públicos viene en picada. El año pasado, La Nación informó que entre 2009 y 2011 disminuyeron los minutos de uso de teléfonos públicos en un 30%.

En los últimos años, el auge de los celulares arrasó con el dominio de tenía la telefonía pública. El país pasó de buscar una moneda en el pantalón para pagar la tarifa –a finales del siglo pasado– a sacar el celular del bolsillo.

“Ha sido un proceso paulatino Se ha venido dando conforme se incrementa el servicio móvil prepago y postpago, que ha marcado la tendencia”, explicó Calvo.

Tanto es así que cifras del ICE y la Superintendencia de Telecomunicaciones señalan que, en la actualidad, por cada teléfono público en las calles existen más de 300 líneas móviles.

La cantidad de terminales públicas ha sufrido un bajón importante: de contar con 23.661 unidades en 2009, la cifra bajó a 15.464 teléfonos públicos activos en mayo de este año. Mientras tanto, la Sutel reportó que el país rompió la barrera de los 6 millones de líneas móviles a principios de 2013.

Aún así, no todos tienen acceso a una línea móvil. Daniel Ramírez, un chiquillo rubio de 12 años, es uno de ellos. Bajo la lluvia, descuelga el auricular de un teléfono público en el parque central de San José. “Mi mamá tiene línea prepago, entonces no puedo llamarla por cobrar”, explica, pero la terminal sigue sin aceptar su moneda. Rebota una y otra vez hasta que se mueve a otro teléfono. Ahora sí.

En los negocios alrededor del parque, en los buses que cruzan la avenida segunda, cientos de celulares brillan con teclazos. Acá, empapado y apoyado contra el teléfono azul, Daniel espera. Llueve.

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