Familia vive incertidumbre para enviar hijos a clases

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      Ruris Ceciliano (centro) vive con sus hijos Guillermo (camiseta azul), Antonio (pantaloneta verde) y María en Lomas de Cocorí. | ALEJANDRO MÉNDEZ.
Ruris Ceciliano (centro) vive con sus hijos Guillermo (camiseta azul), Antonio (pantaloneta verde) y María en Lomas de Cocorí. | ALEJANDRO MÉNDEZ. ampliar

Pérez Zeledón Los cuatro hijos de Ruris Ceciliano y Guillermo Chaves volverán a la escuela en febrero con los estómagos vacíos, los zapatos usados y el uniforme desteñido que les hará compañía durante todo el curso lectivo.

No hay dinero para que todos puedan desayunar antes de ir a clases y, mucho menos, para comprar sus útiles escolares.

A pesar de las limitaciones, Ruris asegura que sus hijos (de 5 a 17 años) deben asistir a la escuela y lograr lo que ellos no pudieron, aunque dependan de la buena voluntad de vecinos y amigos para adquirir los útiles.

“Es muy difícil, nosotros no podemos comprarles nada. Si entran a clases apenas van con cuatro cuadernos, y diay , tenemos que ver cómo se hace porque la verdad ni para uniformes tenemos, solo los del año pasado. Este año ellos no van a estrenar”, afirmó Ceciliano.

Con un salario que no supera los ¢200.000, esta familia de seis, y vecina de Lomas de Cocorí, en Pérez Zeledón, apenas subsiste en medio de préstamos para pagar el terreno donde viven y los trámites para obtener un bono de vivienda que les permita sustituir su rancho por una vivienda más digna.

“En la mañana si hay algo uno les da, sino solo se van con el café y así tienen que esperar hasta el almuerzo en la escuela. Ahorita, la mayor necesidad que nosotros tenemos es la casita y ver cómo hacemos para mandarlos a la escuela. Uno ni duerme pensando en ver qué va a hacer. Mi esposo, por más que trabaje no puede” , aseguró.

El rancho con piso de tierra en el que viven apenas tiene dos camas. En ellas tienen que ver cómo se acomodan para dormir.

Desde noviembre, están tramitando un bono de vivienda en Grupo Mutual, y esperan que antes de medio año ya su rancho no exista y sea sustituido por paredes de concreto, que frenen las fuertes lluvias de invierno.

La electricidad se las “presta” una vecina por medio de un cable. Solo tienen una conexión de agua y el servicio sanitario que, al igual que el lugar donde se bañan, quedan fuera de la vivienda.

Diana, la mayor de sus hijos, tiene previsto terminar el bachillerato este año, lo cual los llena de orgullo. La joven es hija biológica de Ruris, pero su esposo la adoptó como si fuera propia.

“Ella es un orgullo para nosotros, uno que no tuvo estudio trata de que ellos sí lo hagan. Ella por su parte quiere seguir adelante, todavía no decide qué quiere estudiar en la universidad, pero la meta ahorita es que ella termine el bachillerato” , comentó su madre.

Ellos esperan tener listo lo básico para que sus hijos puedan asistir a la escuela sin necesidades.

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