Escuela de Pérez Zeledón acercó educación a niños

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      Ligia Román atiende a sus siete estudiantes de la Escuela de Quebradas. Entre ellos hay dos de tercer grado, tres de quinto y uno de sexto. Román es maestra ahí desde que el centro se fundó en el 2003. | ALEJANDRO MÉNDEZ.
Ligia Román atiende a sus siete estudiantes de la Escuela de Quebradas. Entre ellos hay dos de tercer grado, tres de quinto y uno de sexto. Román es maestra ahí desde que el centro se fundó en el 2003. | ALEJANDRO MÉNDEZ. ampliar

Quebradas, Pérez Zeledón. Los seis estudiantes lucen sus zapatos limpios, sus uniformes son impecables y el único niño que cursa sexto grado muestra un buen nudo en su corbata azul, exclusiva del centro educativo.

Ellos caminan juntos a diario durante unos 15 o 20 minutos para llegar a su escuela; en el camino algunos recogen a sus compañeros, otros son acompañados por sus padres, pero ya a las 7 a. m. están sentados en sus escritorios en una especie de mesa redonda ubicada en la única aula de la Escuela de Quebradas Arriba.

Este plantel unidocente está en el pueblo de Quebradas, a unos 12 kilómetros de San Isidro de El General, Pérez Zeledón. Se fundó en el 2003 y, desde entonces, lo dirige Ligia Román .

Además de maestra, es directora y conserje. Ella es todo el personal de este centro educativo.

Antes de que la escuela existiera los niños debían caminar una hora para llegar a la más cercana. Por ello, en el 2002 algunos padres de la comunidad se enrollaron las mangas y levantaron una pequeña aula, de 56 metros cuadrados, de zócalo y madera.

En enero del 2003 la estructura estaba en pie y 10 niños recibían sus primeras clases.

Contrariamente a lo que podría parecer, la maestra de esta escuela asegura que el trabajo de enseñanza se le facilita pues los niños controlan su aprendizaje y desarrollan el sentido de independencia.

“Los estudiantes siempre han sido muy independientes; son niños que aprenden a hacer su trabajo casi que por ellos mismos, llevan el control de su aprendizaje. Uno lo que hace es como la función de tutora; incluso, entre ellos mismos se ayudan y aprenden de los otros”, explicó Román.

No obstante, la docente reconoció que existen limitaciones. El presupuesto anual de la escuela, por ejemplo, es de apenas ¢200.000.

“A mí me gustaría tener libros más actualizados y estamos esperando una computadora porque el ICE nos instaló una antena para la Internet, pero yo tuve que traerme mi computadora y uno de ellos también trae una portátil. Con eso uno les enseña un poco sobre computación”.

Cada uno de los estudiantes de este centro educativo tiene una beca y ayuda del Instituto Mixto de Ayuda Social (IMAS) para la compra de los útiles escolares.

Impulso. Desde ahora, la maestra está organizando la graduación del único alumno de sexto grado, quien sería el decimotercer egresado de ese centro.

Hace unos cuantos años, esa celebración le tocó a Steven Jiménez, hoy de 16 años, egresado de la Escuela de Quebradas Arriba.

Jiménez recién terminó sus exámenes de bachillerato en el Liceo Unesco, en San Isidro.

“Creo que en la escuela aprendía mucho más por la atención personalizada y uno aprende mucho mediante lo que escribe”, declaró Jiménez.

Este joven ya ganó el examen para entrar a Ingeniería en Construcción en el Instituto Tecnológico de Costa Rica (ITCR) y espera los resultados de su prueba de admisión a la Universidad de Costa Rica (UCR).

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