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Iglesia católica apuesta a cercanía de sacerdotes con feligreses

Curas se bajan del púlpito para amarrar lazos con su comunidad

Actualizado el 26 de mayo de 2013 a las 12:00 am

Padres recurren a caminatas, títeres, videos y cimarronas para llevar mensaje

530 religiosos tienen la misión de que más jóvenes se unan a la Iglesia

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Curas se bajan del púlpito para amarrar lazos con su comunidad

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Con una bendición termina la misa, no su jornada. Una vez que se bajan del altar y fuera de las horas de oración, hay sacerdotes que se arrollan las mangas para ir a palpar la realidad de quienes viven alrededor de su templo.

En la travesía por las calles de su comunidad y lejos de las imágenes de santos y rosarios, se dan cuenta de que hay personas que padecen de hambre, desempleo, adicciones, desintegración familiar, falta de fe y la necesidad de ser escuchadas.

Conscientes de que no son ángeles milagrosos, orientan su vocación en mantener los oídos atentos y aplicar estrategias para generar más cercanía con el pueblo mediante música, caminatas, títeres, patinetas, videos y redes sociales que lleven mensajes positivos, en especial a los jóvenes.

“No es necesario que el padre juegue de muchachillo para caerle bien a los jóvenes. Muchos solo necesitan ser escuchados. Somos figuras para orientar, no para regañar. Todos los muchachos son buenos, solo que a algunos nadie se los ha dicho”, explicó el padre Carlos Humberto Rojas, cura párroco de La Soledad, en San José.

En medio de una ciudad que es anónima, en donde la gente camina cruzando miradas, pero no palabras, el padre Carlos sale con su sotana a recorrer el bulevar de la avenida 4 de la capital.

Lo acompaña el olor a pan recién horneado, el grito del chancero, el vendedor ambulante de películas piratas y el esmog de los buses mientras espera a que el semáforo peatonal le dé paso. Como uno más, sale a la farmacia y al supermercado a comprar lo que necesita para vivir.

En el camino, recibe saludos de los feligreses y uno que otro lo detiene para pedirle un consejo o para que lo confiese en media acera. En la ruta también hay sonrisas tímidas, malas caras y hasta ofensas al ver a este hombre vestido de negro impecable.

Nuevo rostro. Lejos de vivir encerrados en una burbuja, hay curas que reconocen que el reto actual es salir a las calles a evangelizar con el ejemplo y fortalecer la fe.

La tarea del día a día empieza faltando un cuarto para las cinco de la mañana y a las 11 p. m. todavía están frente al escritorio leyendo o preparando las palabras de la homilía del día siguiente.

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En Costa Rica, la Conferencia Episcopal asegura que hay unos 530 sacerdotes y religiosos quienes cargan el reto de proyectar una cara fresca y alegre de la Iglesia. Así quieren motivar a más jóvenes a sentirse parte de esta institución.

Para cubrir sus necesidades básicas, cuentan con un subsidio mensual que les da el obispo y que, según el padre Carlos Humberto Rojas, es de unos ¢240.000.

“Es necesario conocer la realidad y tener incidencia social. Generar amistad; que no vean al sacerdote como una persona lejana. Nuestra idea es hacer comunidad viva”, expresó el padre Óscar Eduardo Brenes, sacerdote en Tirrases, Curridabat, quien ha caminado sobre las alamedas pobres de los precarios.

Su vocación exige obediencia, por lo que de la noche a la mañana el obispo puede cambiarlos de una parroquia a otro, sin más remedio que empezar desde cero a amarrar los lazos de fe con su comunidad.

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