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Comparten vecindad desde hace 13 años

La Carpio y botadero coexisten entre obras, promesas y olores

Actualizado el 15 de abril de 2013 a las 12:00 am

Empresa aporta a comunidad ¢110 por tonelada métrica de basura que ingresa

Vecinos invierten dinero en obras, pero reclaman deudas y promesas sin cumplir

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La Carpio y botadero coexisten entre obras, promesas y olores

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Con 13 años de compartir vecindario, los pobladores de La Carpio de La Uruca, San José, pintan con palabras lo bueno, lo malo y lo feo de un botadero que llegó a la comunidad sin tocar la puerta e impuesto por el gobierno de Miguel Ángel Rodríguez Echeverría.

En esa relación entre vecinos y la empresa EBI, que administra el botadero desde el 2000, hay ventajas que se traducen en obras comunales, como pavimento de calles, construcción de aceras, alcantarillas y el salón comunal.

Esos logros son fruto de un fideicomiso que se aprobó desde el 2004, en el que EBI acordó pagar ¢110 al Consejo Comunal de Desarrollo de La Carpio (Codeca) por tonelada métrica de basura recibida.

Mediante ese acuerdo, la comunidad recibe alrededor de ¢3,5 millones por mes.

“La plata la hemos puesto a trabajar en proyectos que son de beneficio para la comunidad, y la empresa EBI lo verificó mediante una auditoría”, explicó el presidente de Codeca, Claudio Quesada.

A pesar de las buenas obras, en el 2011 se aprobó un convenio de aumento por tonelada métrica de basura de ¢110 a ¢130, pero los ¢20 de más siguen sin llegar a La Carpio, acumulando un retroactivo aproximado de ¢10 millones.

“Ese convenio no se ha cumplido porque esperamos a que ellos (Codeca) nos confirmen por escrito el aumento del 2012; una vez que ellos nos den esa carta, les depositaremos el retroactivo ('). Además, eso es una contribución voluntaria hacia la comunidad; la ley no nos obliga a pagarles eso”, expresó Guillermo López, vocero de EBI.

Lo feo. Caminar por las calles de La Carpio al mediodía, confirma una mezcla de olor a pinchos de carne y el hedor a basura.

En la comunidad, las opiniones varían entre quienes se acostumbraron al olor y los que confiesan que en temporada lluviosa, o cuando hace calor, el hedor empeora.

“Esto es una hediondez, uno se pone Zepol en la nariz, o se tapa con la cobija hasta arriba en las noches, para soportar el olor”, contó Silvia Ramírez, vecina de 72 años.

A pesar del reclamo, la empresa EBI señala que ha invertido en procesos para reducir los malos olores, y que estos últimos provienen de una propiedad privada que se ha convertido en un botadero a cielo abierto.

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“Mientras invertimos en dar un adecuado tratamiento para evitar el mal olor, los vecinos nos achacan los problemas a nosotros y esa propiedad no es nuestra”, indicó el vocero López.

Al difícil paisaje de la comunidad, se suman bolsas de basura y escombros que producen los vecinos y que obstruyen el paso en varias aceras, hasta convertir las calles en “lagunas”.

“Es una responsabilidad compartida entre la empresa, que solo le importa del portón para adentro, y los vecinos que botan la basura sin tomar en cuenta el lugar”, reconoció el líder Claudio Quesada.

Entre las promesas de EBI que siguen en el aire, los vecinos reclaman una plaza de futbol, ya que los niños y jóvenes solo tienen una cancha de cemento, las calles o mínimos espacios para jugar.

Y mientras EBI dice invertir $1 millón (¢500 millones) para mejorar el control de desechos, los vecinos exigen mejoras ya.

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