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Carencias abundan en Pocosol y sueños se tejen en el Caribe

Actualizado el 30 de mayo de 2013 a las 12:00 am

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Carencias abundan en Pocosol y sueños se tejen en el Caribe

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Pocosol y Limón. Los cuatro niños que reciben clases en la eEcuela Unidocente de Rancho Quemado de Pocosol forman parte del mismo sistema de educación pública en el que también estudian Jam Axel Angulo y Jeinny Grant, alumnos, ambos de 16 años, del Colegio Científico de Limón.

Pero, aun así, la diferencia es grande. Los escolares reciben lecciones bajo la copa de un almendro porque su escuelita no tiene ni un cielorraso que los proteja del calor y la humedad de la zona. El comedor no funciona porque algo tan básico como el agua no llega.

Jam Axel y Jeinny, por el contrario, reciben clases en la sede de la UNED en Limón, con laboratorios de cómputo, y lecciones que los mantienen estudiando, pasado el atardecer.

Las carencias para los alumnos de Rancho Quemado empiezan en la planta física, en un pueblito ubicado a 63 kilómetros de Ciudad Quesada. El edificio está en estado calamitoso.

La escuelita tiene solo cuatro alumnos. De las dos aulas disponibles, una se destina a comedor, pero no se usa por falta de sillas, equipo de cocina y agua.

El edificio se construyó en 1984 y desde entonces no le han hecho reparaciones. En los días de sol, el calor es insoportable.

“A las 9 a. m., los niños están bañados en sudor y, entonces, las opciones son continuar las lecciones en el corredor o debajo de un árbol de almendro”, comentó la directora, María Angélica Vargas, quien, como suele suceder en estos centros, también es la maestra. Vargas agregó que, bajo el árbol, los niños no tienen paz, pues los asedian los mosquitos.

La principal necesidad de la escuela es el agua.

“Teníamos un pozo perforado que se secó hace varios años y los otros que se intentaron abrir no sirvieron”, explicó la docente, quien ahora gestiona que alguien done ¢150.000 para conectar una manguera a un pozo que un vecino les permitió usar.

En la larga lista de necesidades, figuran el mobiliario y el material didáctico. Las computadoras solo han sido vistas por los niños en fotografías.

Los escolares usan pupitres viejos y los asientos les producen dolores de espalda. Para sentarse, la directora se trajo de la casa una silla, pues, de lo contrario, tendría que trabajar de pie.

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En el 2011, la escuela tenía 36 alumnos. Este año, la matrícula cayó a cuatro, de los cuales tres son hermanos. Ellos son Johana, Jaylin y Jason Ángulo López. El cuarto alumno es Roberth Salas Ruiz.

“El cierre de una empresa que producía y exportaba piña provocó que muchos padres de familia se quedaran sin empleo y optaran por migrar a otros pueblos”, explicó Vargas.

Mientras eso pasa en Pocosol, en Limón Jam Axel Angulo prepara su participación en un campamento de ciencia, en los Estados Unidos. Él quiere ser ingeniero eléctrico.

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Diego Bosque G.

diego.bosque@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección Sociedad y Servicios de La Nación. Graduado de Periodismo en la Universidad Latina. Escribe sobre infraestructura y transportes.

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