Caballistas las visitaron en la entrada de sus casas

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Para estar en el tope, les bastó con abrir la puerta que da a la calle. Nunca tuvieron que decir: “Ya vamos de camino”, ni tampoco: “Ya llegamos”, pues, más bien, el recorrido de caballos y caballistas llegó a ellas, sin que tuvieran que hacer mayor esfuerzo.

Un grupo de vecinas de San José celebró la remozada ruta de la actividad de ayer, y aprovechó que el tope pasó, literalmente, a dos metros de la entrada principal de sus casas.

A las 9 a. m., Wendy Esquivel Gorgona colocó unas diez sillas plásticas en la acera, frente a su casa, para así reservarles campos a familiares y amigos que se le unirían más tarde. Poco después ya la acompañaban María Marta Roda y Maricela Granados y sus hijas, quienes, tiempo atrás, vivieron también sobre esa misma calle 11, entre avenidas 10 y 12.

La antigua casa de madera, de color celeste, vio pasar muchos topes en dirección norte-sur. Tiempo después, el recorrido cambió y las vecinas debían trasladarse unos 200 metros para ver de cerca el paso de los equinos, prácticamente a pocos metros de que terminara la actividad.

Este año el recorrido volvió a la calle donde estas josefinas crecieron, pero ahora más cerca del inicio que del final del tope.

“Es mucho mejor así. En otros años nos tocaba meternos rápido a la casa porque, al final, siempre hay pleitos entre caballistas. Ahora, en cambio, cuando pasan por acá todavía no hay ningún borracho”, comentó una de ellas.

Roda asegura que ya son tantos años de ver de cerca el desfile de cuadrúpedos, que ya se conoce muchos bolados para disfrutar el tope sin sufrir algunos efectos secundarios que puede producir.

“Esta vez nos compramos anteojos para protegernos del polvo que levanta la boñiga; ya tenemos años de experiencia en esto”, dijo.

Por su parte, Esquivel aseguró que la Municipalidad de San José es eficiente en la limpieza de las calles por donde cabalgan los jinetes, y que en la misma noche comienzan a remover todos los rastros de boñiga, latas de cerveza y cualquier otra sorpresa que el tope pudiera dejar en su camino.

La casa de Esquivel no es la única ubicada en el nuevo recorrido de caballos y caballistas que participaron ayer en la actividad. Antes de que la ruta alcanzara la avenida segunda, muchos vecinos se asomaban por las puertas de sus casas para ver de cerca la fiesta.

Algunos locales aprovecharon los balcones del segundo y tercer piso de edificios residenciales para observar, con vista privilegiada, todos los detalles.

Otros comerciantes hoteleros sacaron los muebles de los cuartos para asegurarse un buen campo en la acera y ofrecércelos también a sus huéspedes. La comodidad era evidente, al contar con sillones y otros asientos acolchados.

No faltaron los oportunistas, que hicieron su agosto alquilando el baño de sus casas con tarifas de entre ¢300 y ¢500. Además, ofrecían pinchos, taquitos y frituras recién salidas de la sartén.

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