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Choferes aprovechan para trabajar, entretenerse, comer, maquillarse...

Presas sin remedio hacen de cada carro un mundo aparte

El celular e Internet se convierten en el compañero más común en atascos

Conductores aprovechan que ley solo sanciona uso del celular; y no siempre

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Problemas de flujo vial se dan de manera generalizada
Problemas de flujo vial se dan de manera generalizada (Infografía GN) ampliar

Una app , la radio o el Twitter

Una de las respuestas más comunes sobre uso del celular aludió al programa llamado Waze, una aplicación que muestra datos sobre tráfico basada en los reportes de otros conductores, los cuales se visualizan en tiempo real, lo que permite a cada chofer escoger la ruta mejor (o la menos mala). También hay emisoras que priorizan la información sobre tránsito, como IQ, que se nutre desde los reportes que hacen los mismos conductores. Además, hay perfiles en Twitter... Todo desde celulares.

En el asiento del pasajero va una laptop, en la mano izquierda un Samsung Galaxy y entre los labios ella lleva, prensado, un lapicero negro. La temperatura interna es de 25 grados Celsius.

No llueve dentro del Honda Civic atascado a las 5:58 de la tarde, la hora de los retornos. Afuera, la llovizna moja la masa de carros que se trenza en la salida del antiguo higuerón, en San Pedro de Montes de Oca, una de las vías más difíciles.

Está casi oscuro y este periodista camina entre los carros como un vendedor de cocadas, intentando ver a través de los vidrios cómo los conductores tuercen el tiempo de los atascos hasta sacarle el jugo.

La muchacha escucha que alguien toca el vidrio de su puerta y lo baja sin ver siquiera. Abre la ventana a su oficina, mira, deja que unas gotas de lluvia le mojen los anteojos y pregunta: “¿qué quiere?”, sin soltar de su boca el lapicero.

Es este un intento de reportaje sobre cómo usamos el tiempo en los atascos, esos que hacen que el tico promedio gaste 84 minutos de cada día en el simple ejercicio de ir de un lugar a otro, según evidenció una encuesta de Unimer, este año.

La muchacha escucha el tema del reportaje viendo su celular, el camión de adelante y la compu . El celular, el camión y la compu . Y de nuevo. La masa de carros está detenida. Hasta las motos están quietas. Dos bicicletas pasan en medio de los motores.

“Uy, muchacho, perdone, pero es que estoy demasiado ocupada”, dijo. Cerró el vidrio eléctrico y volvió a encerrarse en su carro, iluminado por la luz de su laptop , la de su celular y del indicador de la temperatura y de la velocidad. Ya avanzaba a 14 kph.

Avanzaría 15 metros y volvería a detenerse. Es esta una de las vías paradigmáticas de las presas en el área metropolitana. A su lado, otros fuman, mensajean, cantan, oran, comen, leen...


Hasta que avanzan levemente y vuelven a aplicar el freno de mano. Y así, cada día, convirtiendo las vías metropolitanas en una especie de caminos de insectos que van en fila en su caparazón, carcomiéndose en impaciencia o entreteniéndose con lo que puedan.

La mayoría va encerrada en su carro hecho un mundo. Las manos llevan celulares, lápices, libros, sándwiches o termos con café. Llevan rosarios, cigarros o el control del radio para improvisar un karaoke y hasta ver tele o películas.

"Entendemos que no podremos eliminar las presas. Lo que se debe hacer es administrarlas”, dijo el director de Ingeniería de Tránsito del MOPT, Junior Araya".

Irremediable. Las presas dan tiempo para mucho y lo seguirán dando, porque nada en el panorama nacional hace prever una reducción. “Entendemos que no podremos eliminar las presas. Lo que se debe hacer es administrarlas”, dice Junior Araya, director de Ingeniería de Tránsito, tras culpar a la infraestructura vial rezagada y al uso creciente de autos particulares.

En el país hay casi un millón de carros, casi uno por cada cuatro habitantes. Eso explica, según Araya, por qué el promedio de ocupación de los carros es de 1,2: por cada cinco vehículos, solo un pasajero.

Hicimos el ejercicio un jueves en la mañana en la pista General Cañas y el resultado fue de solo cinco pasajeros por cada 50 carros que, en promedio, pasaban cada minuto en la intersección del Colegio Castella. Los conductores van casi solos.

Casi, pero no del todo, porque el celular acompaña. “No, oficial, le juro que yo no venía hablando”, le dijo un joven a un policía que lo paró en esa intersección.

Su argumento era delatador: “No lo venía usando; sí lo traigo en la mano, pero es por pura costumbre”, dijo el joven sobre el aparato que el director de la Policía de Tránsito, German Marín, considera “una epidemia”.

En los celulares va todo. Además de hablar, las posibilidades de leer, ver, oír y escribir son infinitas desde que el uso de Internet se hizo masivo, en el 2011.

Observación y consultas de La Nación en las calles y en redes sociales revelaron que, por encima de los maquillajes y las meriendas, de los estudios y las rasuradoras, el celular es el viajero más frecuente.

Miles de conductores llevan entonces un compañero ilegal, porque la multa ronda los ¢100.000. Basta llevarlo en la mano para ganarse la boleta, si los oficiales de tránsito logran ver a través de los vidrios polarizados (cada vez más comunes) o si deciden interrumpir la tarea de regulación de tránsito.

“Muchos choferes pasan frente a uno descaradamente porque saben que uno está en otras, que no puede descuidar el flujo vial en la hora pico. Son muy mañosos”, dijo un oficial de apellido Canales.

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Presas a horas pico (Juan Pablo Gamboa)

Pocas sanciones. Con la nueva ley, en ocho meses, se han hecho solo 2.550 partes por usar celular en todo el país (80 por semana). Solo por ello se puede sancionar. Usted puede ir conduciendo a 40 kph, pelando maní y sacándose las cejas frente al retrovisor, pero la ley no sanciona.

Nadie multará a Daniel Quesada por ir pelando un mango en la radial de Calle Blancos en la presa antes de que la Sele jugara contra México el martes 12. Tampoco castigarán a Ana, que suele viajar con su termo de café en su Mazda gris durante los 80 minutos que tarda entre Heredia y San Pedro.

Con el celular revisa correos, ve la aplicación Waze (información del tráfico), envía y recibe mensajes y hace pagos bancarios desde carretera. Y nunca, nunca, ha chocado ni le han hecho partes. “Soy muy cuidadosa”.

Su carro se puede ver representado en las pantallas de simulación de tráfico en la Dirección de Control de Semáforos del MOPT. Todo es ficción, porque las autoridades no monitorean en tiempo real.

Cuando le preguntamos al funcionario Mario Grant por datos reales para elaborar un mapa de congestión vial, su respuesta se va al realismo: “mejor pregúntele eso a un taxista”, dijo en su oficina, a pocos metros de donde decenas de personas hacían fila para tener licencia y lanzarse a la calle.

Su pantalla proyecta un hormiguero de carros y múltiples burbujas para señalar los atascos en San José. Y, aun así, ve el vaso medio lleno: “aún podemos hablar de horas pico. Eso es bueno”.


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