| Entrevista. Guido Sáenz Exministro de Cultura Edad: 78 años Profesión: Empresario Estado Civil: Casado

‘Pregúntenle a Kirsten (Figueres)’

Guido Sáenz debió traspasar tres fincas al Estado, pero pidió a un juez entregarlas a una asociación presidida por una hija de José Figueres

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Sobre las fincas de la Asociación Pro Orquesta Sinfónica…

¿Vienen hasta aquí para hablar de las fincas? Me importa un pito, me irrito, debí haberme tomado algo. Me da mucha cólera.

¿Qué le da cólera?

Que me estén hablando de esas babosadas.

¿Cómo benefició al país la compra de las fincas?

¿Cómo? No benefició nada en absoluto.

¿En nada?

No, en nada, porque se perdió eso.

¿Cómo se perdió?

No sé, mi hijita, yo no tengo la menor idea de qué pasó con las fincas. ¿Hay alguien que esté en alguna asociación?

La asociación de que usted era parte tenía en su estatuto la obligación de entregar las fincas al Estado y no lo hizo.

A mí que me registren.

¿Por qué al expirar la Asociación no dio las fincas al Estado?

No sé, no sé. Qué estéril la visita de ustedes, porque les voy a decir no me acuerdo, como decía José María Figueres hijo una vez cuando el juicio… Pregúntenle, ¿a quién le pueden preguntar? A la hija de don Pepe.

Tal vez no recuerde fechas, pero quizá alguna razón…

Es una majadería, es una majadería seguir hablando de eso.

Hay una cláusula que dice…

Ay, yo no sé de cláusulas.

¿Quién administró los bienes de la Asociación?

Evidentemente La Lucha y Figueres, evidentemente.

Cuando fue ministro de Cultura, ¿no pensó que las fincas le serían útiles a la Sinfónica?

No. Voy a confesar mi mea culpa … No hice una gestión más determinada sobre la finca (…) porque estaba perdida la memoria de la tierra.

La finca, con madera o no, podría generar recursos para la Orquesta Sinfónica.

Desde luego. Ojalá se pudiera arreglar eso, el que tiene el poder legal para eso.

¿Quién es el responsable de que esa donación no haya llegado al Estado?

Parte yo, sin duda, puedo decir que sí, no voy a zafarle el bulto al otro. Claro que yo dejé hacer a don Pepe en ese sentido. No le estoy poniendo a él responsabilidad, pero estoy seguro que si entrara por la puerta me diría: ‘Sí, eso fue torta mía –lo diría el viejo, sospecho– me enfermé y entonces me morí y se acabó el cuento’. Estamos los que seguimos dentro del mundo. Kirsten (Figueres) ¿qué sabe de eso? Yo no puedo culpar a Kirsten.

El estatuto de las dos asociaciones de las que usted fue miembro…

Pregúntenle a Kirsten, pregúntenle a Kirsten, pregúntenle a Kirsten.

¿Ella estuvo vinculada a la Orquesta en algún momento?

No, estaba ocupada criando.

¿Doña Karen?

Menos.

Hubo dos oportunidades en que no se cumplieron los estatutos. La primera vez usted recibió las fincas y la segunda las entregó.

Pero es una asociación privada.

Pero había un fin.

Había un destino, en eso sí estoy de acuerdo, ¿cómo no voy a estar?

La segunda vez usted actuó en calidad de vicepresidente de la Asociación…

Es probable que haya sido muy complaciente.

¿Con quién?

Complaciente con Kirsten, diciendo: ‘Una cosa que fue (par)a mi papá, ¿por qué se va a dar al Estado?’ Me da la impresión de que algo de eso se me va colando, no lo puedo asegurar, por eso insisto en que hablen con ella.

Pero usted tuvo que tomarse la molestia de hacer los trámites ante un juez.

No, no fui a nada.

Si usted no recuerda haber firmado nada, ¿se falsificó su firma?

No, no, no.

¿Firmó un poder para que alguien hiciera los trámites a su nombre?

Debe haber sido. Si está firmado, está firmado.

¿Por qué cree que fue complaciente con Kirsten Figueres?

Pregúntenle a ella y díganle que yo les pedí a ustedes, porque creo recordar… El argumento que ella me usó fue: ‘¿Cómo, si don Pepe fue el que hizo todo eso, se le va a dar ahora al Estado?’ Bueno, mi hijita –yo debo haberle dicho–, lo que vos digás. Sí, me siento en capacidad de haberle dicho algo así, pero quiero que sea ella la que diga eso, no yo.

¿Hoy usted considera válido ese argumento?

No sé ahora, porque no sé las condiciones de nada, me imagino que hice mal…

La asociación presidida por Kirsten…

Pregúntenle a Kirsten. No estoy echándole la culpa a ella, si hay que apechugar con alguna responsabilidad, diay, yo digo lo que les acabo de decir. Con irritación volver a hablar de eso.

“Ahora sí me doy cuenta de que es más grueso el cuento de la cuenta. Es la participación de Kirsten como presidenta, pero no la puedo culpar a esta criatura con una vida muy delicada…

Con todo respeto, don Guido, ella recibe, pero usted entrega.

¿Qué argumentos me puede haber dado (Kirsten)? No me acuerdo… No medí las consecuencias legales… Diay, sí, asumo la responsabilidad que corresponda obviamente. Sí, sí, ¿para dónde cojo? ¿Para qué quitarme de algo que, además, no me puedo quitar?

La decisión de entregar las fincas, ¿la consultó con otros miembros de la Asociación?

Debo haberla tomado solo yo, un poco en eso sí soy hasta arbitrario, si se quiere, cuando creo que estoy haciendo bien. Hice mal porque había un estatuto.

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