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Pescadores zozobran en aguas agotadas del golfo de Nicoya

Actualizado el 20 de septiembre de 2015 a las 12:00 am

Medidas para regenerar especies dificultan acceso a permisos de pesca

Mayoría de familias porteñas carece de otra fuente de posibles ingresos

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Pescadores zozobran en aguas agotadas del golfo de Nicoya

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Marcial Parra lamenta que, a causa de un fallo de la Sala IV, solo le quede un barco pesquero con licencia para operar. No puede disponer de otras dos embarcaciones . | RAFAEL MURILLO

Tras más de 40 años de dedicarse a la extracción de camarón, Marcial Parra, vecino de Puntarenas, logró tener tres barcos camaroneros que le generaban unos ¢15 millones mensuales.

Sin embargo, hoy dos de esas embarcaciones están varadas en un muelle, debido a que un fallo de la Sala IV prohibió a Incopesca renovar y dar más la licencias de arrastre, por considerar que es una técnica que causa un grave daño ambiental.

La única embarcación que todavía tiene permiso de trabajar le produce, a lo sumo, ¢4 millones mensuales, que es poco para pagar la deuda bancaria de las embarcaciones y darles el debido mantenimiento.

De esta actividad dependen sus cuatro hijos y 16 nietos, y la situación se agrava para Marcial y su familia porque cada vez hay menos camarones en el mar. Según la Fundación Marviva, hoy se pesca un 50% menos que hace 25 años, en todas las especies.

La realidad de este camaronero se repite en los pescadores del golfo de Nicoya, la mayoría puntarenenses, que tienen que lidiar con las medidas que el Gobierno aplica para procurar la reproducción de las especies y paliar la falta de recurso marino.

Solo en el cantón de Puntarenas, un 50% de los pobladores depende directamente de la pesca en esta bahía, que, según los especialistas, está sobreexplotada.

“He tenido que pedir prestamos para pagar al banco las mensualidades de los barcos; ahorita debo más de ¢20 millones de esa deuda. Cuando se vencieron las licencias, me quería volver loco. He tenido que recurrir a prestamistas. Imagine que solo por alquilar el muelle para guardar los barcos, pago medio millón al mes”, contó Fallas.

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En Puntarenas, había 42 barcos camaroneros con licencia. En el 2013 expiraron los primeros cinco permisos, luego de la sentencia emitida por la Sala IV ese año. La mayoría de los que quedan vigentes vencerá en el 2017.

Incertidumbre. La preocupación por el futuro y las dificultades para trabajar se extienden a las otras categorías de pesca, como los molusqueros, los pescadores artesanales y los palangreros.

En el primer caso, la inexistencia de permisos para extracción de moluscos expone a los trabajadores al decomiso de su panga y sus productos.

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Los pescadores artesanales (que usan redes pequeñas) son el grupo más numeroso. Se calcula que existen 15.000 personas dedicadas a esta actividad en el país.

Mauro Sevilla, de la Asociación de Pescadores Artesanales de Playa Sámara, en Guanacaste, afirmó que la pesca ha bajado en un 80%. Las causas las atribuye al fenómeno El Niño y a la técnica de los camaroneros, que al utilizar el arte del arrastre, “arrasan con todo y matan desde el pescado más pequeño hasta el más grande”.

“Vamos a pescar y venimos sin nada, no hay pesca. Perdemos la carnada, el hielo y el combustible”, dijo Sevilla.

Los pescadores que usan el palangre (lanzamiento de líneas de pesca con numerosos anzuelos), además de lidiar con menos producto que pescar, también se enfrentan al cambio climático que hace que las aguas se calienten y que las especies migren en busca de aguas más frías.

Marco Zamora, palangrero de Puntarenas, contó que también están preocupados por el proyecto de ley 17.042 sobre la Modificación a la Ley de Pesca y Agricultura, que se encuentra en la Comisión de Ambiente. Este plan pretende prohibir la pesca con palangre en el golfo de Nicoya.

La preocupación con el arte del palangre es que, al no ser selectivo, captura “especies no objetivo”, como delfines y tortugas. Sin embargo, el Gobierno se comprometió con los pescadores, este 2 de setiembre, a no apoyarlo.

Esperanza. Marcial Parra centra sus esperanzas para recuperar las licencias en la Política Nacional de Aprovechamiento Sostenible del Camarón, que actualmente estudia el Ejecutivo.

La propuesta procura regular el aprovechamiento del camarón, con el objetivo de hacer de esta una actividad sostenible.

Gustavo Meneses, presidente ejecutivo del Instituto Costarricense de Pesca y Acuicultura (Incopesca), dijo que mientras se define qué pasará con el proyecto, se puede pensar en reconvertir las flotas camaroneras.

“En aquellos barcos que vayan perdiendo licencias de camarón, se puede orientar la flota para otro tipo de pesca. Hay que buscar mecanismos de financiamiento”, dijo Meneses.

Para el funcionario, el problema es que en Costa Rica la investigación de mar es muy limitada; ni siquiera se tiene censada la población pesquera del país.

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Mucha de esta población opera de manera ilegal y, con sus artes de pesca, contribuye a la extinción de las especies.

Meneses dijo que Incopesca ha hecho investigaciones que revelan que hay altos niveles de sobreexplotación en el golfo de Nicoya. Es por eso que, con medidas como vedas y regulación en el tamaño de las especies que se pueden pescar, se pretende disminuir esta situación.

No obstante, Meneses reconoció que las regulaciones se hacen sobre aspectos muy generales, debido a la falta de estudios. “Debemos consolidar las pequeñas áreas de pesca sostenible que hay en el golfo de Nicoya. La idea es que, en un futuro, el Golfo se convierta en una gran área marina de pesca sostenible”, dijo.

Otras alternativas. En criterio de Jorge Jiménez, director general de Marviva, el Gobierno debería pensar en buscar otras alternativas de empleo en Puntarenas, ya que, por más tecnología que se emplee, no hay más peces que capturar.

“Hay que llevar industrias a las costas; el mar no puede dar para tanto. El Gobierno no debe prometer más pesca cuando no hay pescado. Se siguen usando artes de pesca ilegales. La pesca de arrastre, que el Gobierno quiere restaurar a pesar del voto de la Sala, es el acto más destructivo que hay; más del 80% de lo que se pesca no es camarón. Es urgente ordenar el sector”, sostuvo Jiménez.

Para Rosa Soto, bióloga pesquera de la Universidad Nacional (UNA), la situación del Golfo “es preocupante”.

“Hay una pesca excesiva de especies que no se consideran importantes comercialmente. Además, la actividad pesquera no les da tiempo a las especies de reproducirse. Si no hay reproducción, no hay individuos que capturar”, declaró Soto.

Mientras todo esto se discute, Marcial Parra lo que quiere solamente es seguir trabajando.

“De un momento a otro, me quitaron el trabajo que han hecho todas mis generaciones. Le debo a todo el mundo. Debo ¢10 millones de insumos pesqueros. Para mí, sería casi morirme decirles que no les puedo pagar. No sé qué hacer”, admitió Fallas.

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Daniela Cerdas E.

daniela.cerdas@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección de Sociedad y Servicios. Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina. Escribre sobre vivienda, trabajo, municipalidades, Iglesia, niñez y diversidad sexual.

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