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‘Pequeña Sabana’ arma mejengas en Alajuelita

Actualizado el 11 de noviembre de 2013 a las 12:00 am

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‘Pequeña Sabana’ arma mejengas en Alajuelita

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Entre polvaredas y cuatro marcos de madera, los sábados son día de mejengas y almuerzos familiares en San Felipe de Alajuelita.

En un terreno 50.000 metros cuadrados, conocido como ‘la pequeña Sabana’ de Alajuelita, Jorge Astúa y su esposa, Nora Bermúdez, cambiaron un botadero y refugio para indigentes por un espacio libre de drogas para el disfrute de las familias del cantón.

“Este terreno no es mío, pero mi esposa y yo tuvimos la iniciativa de cortar todo el matorral, darle mantenimiento y convertirlo en un lugar para el sano disfrute de niños y familias enteras que vienen los fines de semana”, contó con un dejo de orgullo Astúa.

Él colocó una cerca con alambre de púas en el perímetro de la finca, inversión de unos ¢150.000 que salió de su propio bolsillo.

“Es el único lugar en Alajuelita que es verde, seguro y gratis. Todas las mañanas me levanto a las 4 a. m. y vengo a limpiar el terreno. Dedico unas dos horas diarias para evitar que la indigencia, la basura y cualquier droga se apoderen de este espacio”, dijo Astúa, quien es pensionado.

La motivación de la pareja para crear este “pulmón urbano” en ese cantón es que ambos convivieron con familiares adictos a la droga.

“No queríamos que la experiencia se repitiera en el hogar y además queremos contribuir con la comunidad a través de espacios para el disfrute de los niños”, relató Nora Bermúdez.

Los 60 niños que llegan los sábados saben que van a jugar dos horas de “futbol potrero”, donde el partido es mixto. Aquí se juega dos horas sin parar y son prohibidas las malas palabras.

“De la cerca para adentro es un lugar sagrado donde prevalece el respeto. De niño me daban miedo las drogas. Ahora me llené de valentía y decidí que ante los oídos sordos de la Policía, yo tenía que actuar con hechos que beneficiaran a la comunidad”, añadió Astúa.

Desde hace 27 años, esta pareja es vecina de San Felipe de Alajuelita y cuatro años han sido suficientes para declarar la finca terreno prohibido para el hampa.

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