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Cientos de feligreses asistieron a la ‘maratón’ del sacramento

Confesiones llegan cargadas de líos de familia y desempleo

Actualizado el 28 de marzo de 2015 a las 12:00 am

Sacerdotes afirman que los fieles necesitan ser escuchados

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Confesiones llegan cargadas de líos de familia y desempleo

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Sacerdotes reciben fieles en maratón de confesiones en catedral de San José (Albert Marín)

Los problemas familiares y las congojas financieras, así como el desempleo, atribulan a los fieles católicos, quienes llegan a las confesiones urgidos de ser escuchados.

Ayer se realizó, en la catedral metropolitana, la liturgia penitencial o “maratón” del sacramento de la Reconciliación , antes de iniciar la Semana Santa.

El sacerdote Guido Villalta, vicario general de la arquidiócesis de San José, estuvo en la jornada, la cual contó con una nutrida participación, sobre todo de adultos mayores.

“En la mayoría de los casos, las personas quieren ser escuchadas por problemas familiares, matrimoniales o con los hijos. Un porcentaje alto gira alrededor de ese tipo de problemas. También en torno a la falta trabajo, no tienen cómo sustentar a la familia. Sienten la necesidad de decirlo, aunque uno no les pueda ayudar”, dijo Villalta. El cura expresó que también las personas conversan sobre sus enfermedades.

El padre de Hatillo, Oldemar Ruiz Figueroa, fue otro de los que atendió a los fieles católicos.

“Hay dificultades económicas que llevan a los fieles a hacer y pensar cosas. Vienen mucho por asuntos familiares y demás pecaditos normales”, manifestó el sacerdote Ruiz.

Limpiar el alma. Decenas de fieles hacían fila ayer, antes de las 9 a. m., cuando las puertas de la catedral se abrieron para esta “maratón” de confesiones.

Uno de ellos era Ramón Cascante, vecino de Heredia, quien esperó más de media hora para confesarse. “Vengo a limpiar mi alma. Creo que el sacerdote representa a Cristo Redentor y, por medio de él, se obtiene la absolución. Yo vengo a confesarme unas cinco o seis veces al año, o cuando la necesidad me lo indica”, manifestó Cascante.

Durante las confesiones, 20 sacerdotes atendían a los católicos en confesionarios o en cualquier esquina del concurrido templo josefino.

“Vengo a vaciar el saco, porque es un tiempo de reflexión para la Semana Santa. Tengo como tres años de no confesarme, pero ya es mucho. Quiero ponerme al día con Dios”, sostuvo Mireya Meza Barrantes, vecina de San Gabriel de Aserrí.

Pocos jóvenes. La presencia de jóvenes durante estas confesiones fue escasa. Uno de ellos fue Hugo Blanco, de 23 años y vecino de Vázquez de Coronado.

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Blanco considera que las modas y la tecnología han alejado a los jóvenes de Dios.

“La confesión es un sacramento de la fe cristiana. Nos permite librarnos de nuestras pecados, para empezar la Semana Mayor con el pie derecho. Uno se siente libre, se quita un peso de encima”, expresó.

Los curas han hecho jornadas de confesiones en la mayoría de las parroquias, así como en ciertos colegios y grupos de pastoral juvenil. Hasta el Miércoles Santo se mantendrán las confesiones.

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Daniela Cerdas E.

daniela.cerdas@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección de Sociedad y Servicios. Bachiller en Periodismo de la Universidad Latina. Escribre sobre vivienda, trabajo, municipalidades, Iglesia, niñez y diversidad sexual.

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