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Amistades de cinco minutos se forjan en la penumbra

Actualizado el 26 de julio de 2017 a las 12:00 am

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Amistades de cinco minutos se forjan en la penumbra

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Manuel Jiménez (izquierda) y Juan Mora compartieron meriendas y tiempo de escucha el viernes por la noche. | JEFFREY ZAMORA.

“Usted no sabe todo lo que yo he pasado” es una frase que se escucha varias veces durante la misma noche.

Es cierto: sobrevivir en las calles de una ciudad no se parece a nada que alguien con alimento, ropa y techo asegurado pueda imaginar.

La soledad y no tener qué comer son solo algunas de los muchas congojas que enfrentan los habitantes de la calle, pero también son las únicas que puede resolver una persona con ganas de ayudar, al menos por unos minutos.

Los voluntarios se transportan en dos microbuses, las cuales se detienen al divisar una o varias personas en la calle. (Jeffrey Zamora)

Esa es la consigna con la que sale cada viernes a las calles josefinas el proyecto Meriendas de Amor, de la Asociación Amor en Práctica.

Se inició en 2012 y, al igual que en tantas otras iniciativas para llevar alimento a las personas en condición de indigencia, con cada salida, los voluntarios adquieren conocimientos para dar atención.

Algunas de las paradas se hacen para entregarle un bocadillo y una bebida caliente o fresco a una sola persona. (Jeffrey Zamora)

Se debe andar siempre acompañado y con plena disposición para escuchar, como quien conversa con un amigo de toda la vida, aunque sea solo por cinco minutos.

Fue así como el 21 de julio, pasadas las 9 p. m., dos muchachos llegaron hasta la acera en la que estaba sentado Gilberto, de 33 años.

Algunas personas piden una oración, otras prefieren solamente una conversación breve. (Jeffrey Zamora)

Ellos quisieron saber si ya había buscado a Dios para mejorar su situación.

“No voy a buscar a alguien para después quedarme con otra; prefiero quedarme con una y que el de arriba opine cuando me tenga que llamar”, les respondió.

Dentro de las busetas, los voluntarios se organizan para pasar la comida o buscar ropa de las tallas que les soliciten los habitantes de calle que se acercan. (Jeffrey Zamora)

Posiblemente se refería a la ‘piedra’, la cual consume desde muy joven. Dejarla, de momento, no es una opción.

“Ya usted sabe que va para su casa, a comer, a dormir o a otra cosa. Si le da ansiedad puede jugar play (PlayStation) , comer o hablar con el novio, no es lo mismo que andar con la droga, como yo”, explicó Gilberto, mientras se terminaba su merienda.

Tras seis minutos de conversación agradeció la comida, se despidió y se marchó, a pasar el resto de la noche en otro lugar.

La donación de zapatos que realizara alguna persona benefició a una persona que, hasta ese momento, no tenía calzado en buen estado. (Jeffrey Zamora)

En algunas paradas el café y el pan se le entrega a una sola persona, en otras llegan muchas más. Al ver llegar las dos busetas blancas, hombres y mujeres se acercan a pedir comida y a ver si les queda alguna de las prendas para donar que llevan los voluntarios.

Hay quienes, como Laura Chaves, vicealcaldesa de Alajuela, consideran que iniciativas del estilo de Meriendas de Amor satisfacen una necesidad básica, pero en el largo plazo contribuyen a reproducir el fenómeno de la indigencia.

La mayoría de las personas que se atienden son hombres, pero también se acercan mujeres a comer y a buscar ropa limpia. (Jeffrey Zamora)

Floricelle Chaves, miembro de la Asociación Amor en Práctica, conoce bien el debate, pero para ella pesa más el hecho de que varias decenas de personas menos tengan hambre en esa noche. Ella asegura, además, que quienes se involucran en ese tipo de iniciativas se sensibilizan con el dolor humano y buscan contribuir con mecanismos más complejos para atender a las personas en indigencia.

En las calles, todo se agradece. Es el caso de Cartago, como se hace llamar un adulto mayor que dormía junto a unas 20 personas más en la última visita de la jornada, en barrio México.

En el sitio de la última parada, el viernes 21 de julio, cerca de una veintena de personas se encontraban acostadas entre cobijas y cartones. (Jeffrey Zamora)

Él, además del sándwich consiguió un par de medias gruesas que le ayudaron a calmar el frío, pues andaba descalzo. Se las puso Manuel Jiménez, a quien se alegró de volver a ver.

Minutos antes de la medianoche se acabó la comida y la ropa y las busetas blancas se fueron. Las despidieron quienes quedaron en la acera, a la espera de los amigos de unos minutos.

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Sofía Chinchilla

sofia.chinchilla@nacion.com

Periodista

Periodista en la sección de Sociedad y Servicios. Egresada de la carrera de Ciencias de la Comunicación Colectiva con énfasis en Periodismo, en la Universidad de Costa Rica. Escribe sobre temas relacionados con trabajo, vivienda y el sector social.

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