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Caserío de siete familias de Santa Cruz de Guanacaste soporta grandes carencias

Una Alemania llena de pobreza

Actualizado el 30 de marzo de 2014 a las 12:00 am

Este año perdieron cosechas; la pulpería más cercana está a una hora a caballo

Algunos vecinos afirman que apenas les ingresa ¢30.000 por quincena

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En su casa, Miguel Ángel Rodríguez Rodríguez (arriba) aguarda mejores días. Otros vecinos, como Uwaldo Contreras Carvajal (izq.), sufrieron la pérdida de cosechas. Olinda Gutiérrez Matarrita prefiere el fogón a la cocina eléctrica porque la luz le sale muy cara, y Carmen Carvajal (der.) sueña con irse a vivir a un lugar con mejores oportunidades. | FABIÁN HERNÁNDEZ

Santa Cruz. A 50 kilómetros de Santa Cruz de Guanacaste, siete familias muy pobres viven en un pueblo olvidado: Alemania.

Nadie sabe porqué se le bautizó con ese nombre. Ni los más viejos del caserío.

Ahí viven sin agua potable, aunque cada familia tiene una naciente a su disposición. Los servicios de salud y la electricidad son una comodidad que recién conocen.

Alemania está rodeada de montañas. Para poder comprar el diario, sus habitantes deben viajar a caballo más de una hora hasta llegar a la pulpería más cercana, en Marbella.

Esta Alemania está en la zona más alta de Santa Cruz. Se podría decir que esta es su única ventaja, pues le permite a los pobladores escalar el monte para pescar la señal de celular... los que tienen.

Es una comarca salida de otros tiempos en pleno siglo XXI, ubicada muy cerca de polos de desarrollo, en donde el jet set internacional se mezcla con las yuntas de bueyes, las fiestas de toros y las frutas para la exportación.

Mapa de ubicación de la comunidad de Alemania.
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Mapa de ubicación de la comunidad de Alemania. (William Sánchez)
Es una Alemania muy diferente a la europea. Aquí, el desarrollo no existe, la tierra se cansó de producir y sus escasos pobladores anhelan con plantar sus raíces en otro lado.

Eduardo Villarreal, maestro de la escuela local, contó que todos los terrenos del pueblo eran propiedad de un terrateniente. Un día de tantos, hace muchos años ya, un grupo de personas que no tenían dónde vivir, se adueñó de una parcela y se asentaron en este lugar. Ahí comenzó la historia.

Es un sitio en donde lo que hay en abundancia es agua: cada familia tiene su propia naciente, y esto es para ellos lo más preciado.

Pero el agua que brota de la tierra parece no ser la misma que cae del cielo. El año pasado, para acabar de complicar las cosas, no llovió como se esperaba y las siembras de arroz, maíz y frijoles murieron.

Clamor. “Este ha sido el más duro en mis 30 años de sembrar, no sé si es que ya la tierra se cansó de tanto cosechar. Ahora no sabemos qué vamos a hacer con esta situación tan dura. Ya aquí no se puede sembrar; hay que buscar mejor vida”, dijo Miguel Ángel Rodríguez.

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Este lugareño es el encargado de llevar el sustento a su esposa y dos hijas, una de las cuales quiere sacar el bachillerato por madurez, pero le será difícil lograrlo pues la cobija no alcanza ni para comer bien.

“La cosa está muy dura. Aquí no hay trabajo, uno pulseándola bonito se gana unos ¢30.000 quincenales, pero hay momentos en que ni eso se gana.

”Hay que rasguñarla. Por dicha, no falta la gallinita o el chancho para, por lo menos, comer carne, porque ni camarones ni pescado hay en los ríos”, dijo Miguel Ángel.

Carmen Carvajal tiene 25 años de vivir en Alemania. Ella sueña con vender su casa e irse a un sitio con oportunidades de desarrollo.

“Aquí es lindo por la tranquilidad, pero no hay nada de trabajo. Mi hijo tiene más de dos meses en que no gana ni un colón, vivimos con mi pensión que tampoco alcanza ni para comer”, contó.

Hace seis años, la luz eléctrica llegó por primera vez. Fue un gran acontecimiento que hoy no se vive con la alegría de entonces, porque en la actualidad les cuesta pagar el recibo de electricidad.

Lorenzo Gómez es el único de todo el pueblo que tiene hijos pequeños. Dos. Gómez se la juega todos los días para alimentar a sus muchachos y pagar recibo de la luz, la única cuenta mensual que le llega.

“Está feo. Hay días en que no hay qué comer en la casa, y sin trabajo. Como dicen: ‘el que no quiere caldo, dos tazas’.

”La tierra no está produciendo la misma cantidad de maíz, arroz y frijoles que hace unos cinco años atrás. Este año no agarré pero ni para el gasto”, finalizó Gómez.

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