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Un viernes Santo en un clima de inquietud para el papa Benedicto XVI

Actualizado el 06 de abril de 2012 a las 12:00 am

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Un viernes Santo en un clima de inquietud para el papa Benedicto XVI

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Ciudad del Vaticano (AFP). El papa Benedicto XVI, que este mes cumple 85 años, conmemoró el Viernes Santo en un clima de incertidumbre para la Iglesia católica, confrontada al cuestionamiento de sus dogmas en materia moral y preocupada por la crisis económica que afecta a la humanidad.

"En nuestro tiempo, la situación de muchas familias se ve agravada por la precariedad del trabajo y por otros efectos negativos de la crisis económica", dijo el Papa al término del tradicional Vía Crucis nocturno en el Coliseo de Roma, que recuerda el calvario de Cristo.

El rito fue presidido por el Papa desde la terraza del Monte Palatino, frente al imponente anfiteatro y contó con la participación de miles de peregrinos que llevaban antorchas y velitas alrededor del célebre monumento romano que rememora el martirio de los primeros cristianos.

"La experiencia del sufrimiento y de la cruz marca la humanidad, marca incluso la familia; cuántas veces el camino se hace fatigoso y difícil. Incomprensiones, divisiones, preocupaciones por el futuro de los hijos, enfermedades, dificultades de diverso tipo", agregó.

El sugestivo rito nocturno, que fue transmitido en directa a numerosos países del mundo, fue abierto por el cardenal vicario de Roma, Agostino Vallini, quien cargó la cruz en la primera estación, seguido luego por familias de Italia, Irlanda, Burkino Faso y Perú.

"En la aflicción y la dificultad, no estamos solos; la familia no está sola: Jesús está presente con su amor", afirmó el Papa, quien vestía paramentos rojos y parecía estar en buen estado físico.

Después del regreso de su importante viaje a México y Cuba, el Papa inició el jueves la maratón de celebraciones de la Semana Santa, la fecha más importante del calendario católico, que se concluirá con la misa del Domingo de Resurrección en la plaza de San Pedro y la bendición "urbi et orbi" (a la ciudad y al mundo).

Este año las ceremonias estuvieron precedidas por las duras palabras de condena del pontífice al movimiento de curas "desobedientes", los cuales reclaman reformas dentro de la Iglesia, entre ellas la ordenación de mujeres, la comunión para los divorciados que se vuelven a casar y una mayor participación de los laicos en la gestión de la Iglesia.

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La situación de la Iglesia "es con frecuencia dramática", reconoció el pontífice durante la misa crismal del Jueves Santo, confirmando la preocupación de la jerarquía de la Iglesia católica por las luchas internas a favor y en contra de la modernización de la institución.

"Sobre la ordenación de mujeres, el beato Juan Pablo II ha declarado de manera irrevocable que la Iglesia no ha recibido del Señor ninguna autoridad para hacerlo", tranzó claramente el Papa.

La defensa de la familia católica fue en efecto el tema central de las meditaciones que fueron leídas en las 14 estaciones del Vía Crucis.

El texto, que había sido divulgado con anticipación por el Vaticano, fue escrito por una pareja italiana, Danilo y Anna Maria Zanzucchi, casados desde hace 60 años, y entre los fundadores del movimiento católico de los Focolares u Obra de María, que promueve la unidad y la fraternidad universal.

En esas reflexiones la anciana pareja abordó sobre todo los problemas de la familia en el mundo moderno, afectada por el divorcio, el aborto y una sexualidad más permisiva.

Se trata de un tema clave del pontificado de Benedicto XVI, quien defiende a capa y espada la familia tradicional, lo que reiteró durante su reciente viaje a América Latina, preocupado por la tendencia de la sociedad moderna a legalizar el matrimonio homosexual y el divorcio.

"íCuántas caídas en nuestras familias! íCuántas separaciones!, íCuántas traiciones! Y luego los divorcios, los abortos, los abandonos", escribió la pareja en uno de los pasajes.

Al contrario de otros años, las meditaciones no abordaron temas candentes como la guerra y la pobreza y se centraron más en las repercusiones que tiene sobre la sociedad el derrumbe de la familia tradicional y la necesidad de ser más solidarios y menos ciegos ante los problemas del mundo moderno.

Todos los años el Papa encarga a personalidades de la Iglesia y no, entre ellos intelectuales, la escritura de las meditaciones del Vía Crucis.

Las celebraciones de la Semana Santa culminan el domingo con una misa solemne en la plaza San Pedro y la tradicional bendición papal Urbi et Orbi, durante la cual el Papa deberá anunciar su viaje en septiembre a Líbano para abogar por los católicos de Medio Oriente.

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