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Un sistema político muy propio, legado de De Gaulle

Actualizado el 22 de abril de 2012 a las 12:00 am

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Un sistema político muy propio, legado de De Gaulle

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“Los franceses no han olvidado que son los padres de la democracia y lo que su historia significa para el mundo”, dice Carlos Murillo Zamora, especialista en Relaciones Internacionales.

Su modelo semipresidencialista, sin parangón en el resto de Europa, permitió darle al país la estabilidad política anhelada.

Es hijo de la Quinta República, fundada en 1958 , cuando Francia se dotó de la Constitución Política vigente.

Antes, concluida la Segunda Guerra Mundial, vio la luz la Cuarta República, incapaz de plasmar la gobernabilidad esperada tras la traumática ocupación nazi (1940-1944).

El modelo parlamentario implantado daba a los partidos políticos un poder que redundó en un Estado inestable, donde los gobiernos se sucedían tras una efímera existencia.

Francia acudió a su héroe de la Segunda Guerra Mundial, el general Charles de Gaulle , quien se encargó de sentar las bases de la Quinta República con una nueva Constitución.

Se establece una presidencia fuerte, cuyo titular está al mando de la diplomacia y la defensa, y define las grandes líneas de la política interior.

Así, dentro del espectro político, el presidente funge como una especie de árbitro.

Un primer ministro, designado por el jefe de Estado pero que necesita del apoyo constante del Parlamento, es responsable del manejo del gobierno.

A diferencia de lo que sucede en otros países de Europa, en Francia el presidente, como jefe del Estado, tiene tareas específicas y no se limita a una función meramente protocoloria.

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